Seguro que os ha pasado más de una vez, cuando te tiras en la arena de la playa en modo relax y alguien se pone cerca y escuchas todas sus historias aunque no quieras, ¿reconocéis este momento?

Pues muchas veces hasta es divertido, ver cómo habla la gente, qué se dice, y cómo somos adictos al drama. O nos gusta ser protagonistas o dar pena, o ve a saber qué, pero escuchar en modo observador tiene sus ventajas, y cuando sale la palabra “es que te falta inteligencia emocional, a ti o al otro” yo me pregunto, ¿quién la ha inventado?, ¿existía antes del fuego?, ¿es otra moda más?.

Sé que Daniel Goleman la popularizó hace 23 años, pero entiendan que todo esto es muy reciente, y a día de hoy parece que si no tienes inteligencia emocional  o la pones en práctica estás fuera de onda o en el pasado de las relaciones sociales más arcaico, pero el hecho es que nadie parece ser capaz de definirla claramente.

Lancemos una posible definición:

La inteligencia emocional es la capacidad de percibir las propias emociones y las de los demás, comprender las señales que las emociones envían sobre las relaciones y la capacidad para gestionar de manera eficiente las propias emociones y ayudar en lo posible a los demás con las suyas.

En castellano: qué siento y sienten las personas de mi entorno cercano, cómo puedo gestionar mis emociones para una vida más eficiente y armoniosa.

En mi consulta veo a diario muchas personas que tienen trastornos musculoesqueléticos, y un gran porcentaje son de malas posturas, movimientos repetitivos, sobreesfuerzos…

Pero después también escucho cómo viven situaciones que les causan estrés, ahí observo cómo la tensión que traen se debe más a la consecuencia de no saber gestionar lo que les trae la vida, que a un problema muscular en sí, aunque lo manifiesten así, porque el cuerpo nos muestra lo que nosotros nos negamos a ver.

Es en estos casos que recomiendo varias ideas de qué podríamos practicar, desarrollar para ser más inteligentes emocionalmente, y evitar que nuestro cuerpo acabe todo tensionado:

 1. Autoconciencia:

 Empecemos por tener conciencia de mis emociones, no ocultarlas es básico, reconocerlas. Después debo saber cuáles son mis fortalezas, debilidades, necesidades e impulsos de manera realista, lo que implica no desbordarse en fantasías ni hundirse por los errores; podríamos hablar de “ser honesto con uno mismo y con la realidad que no rodea”.

Me encanta la gente que dice:  “soy muy emocional, lloro a la mínima…es que a mí todo me afecta durante días…es que soy muy empático.. “siento decirte, tener este nivel de sensibilidad a flor de piel no te hace experto en inteligencia emocional,  sólo te convierte en el rey o reina del drama.

Os invito a revisar si estamos entrando en modo drama, no pasa nada, no es cuestión de fustigarse cuando nos demos cuenta que sí estoy exagerando un poco, respira, la parte buena es que puedes dejar de ser víctima para ser responsable de tu vida.

2. Relativizar:

La idea es ser lo más objetivo posible con lo que sentimos, para no terminar desbordados; uno de los modos más prácticos es observar nuestro lenguaje y utilizar una comunicación más serena, objetiva.

“…esto esto terrible…insoportable…”

“…es lo peor que me has hecho jamás…”

Con frases como estas, magnificamos la situación y sus consecuencias.

  • Pregúntate lo siguiente ante una situación: realmente, objetivamente, ¿es grave?
  • ¿Es insoportable, qué otras situaciones parecidas he superado, etc.
  • Qué de positivo puedo sacar de esta situación

3. Autoregulación:

La capacidad de regular las emociones es una gran parte de lo que se podría llamar inteligencia emocional y se puede desarrollar y mejorar con la práctica.

Las personas con una gran capacidad de regulación no suelen responder impulsivamente a las situaciones, reposan sus estados emocionales, meditan antes de “soltar” cualquier cosa.

La autorregulación es el componente  que nos libera de ser prisioneros de nuestros sentimientos y estados emocionales, y nos permite adoptar otra óptica de la situación.

Entonces,  así es cómo aprendo a autoregularme emocionalmente:

  • Respeto y reconozco mis sentimientos y los de los demás
  • Intento objetivar lo que siento: es grave, ¿realmente es insoportable lo que siento?
  • Acepto las emociones negativas
  • Reconozco los estados emocionales como lo que son: estados pasajeros
  • Regulo mi lenguaje para que exprese de la manera más objetiva mis emociones
  • Evitar los estados dramáticos

Te invito a que practiques dos semanas, y me cuentas si el resultado de estos tres pasos te han ayudado a descargar la tensión que llevabas.

 

Marco A. Romero. Osteópata experto en Terapia Miofascial y Dolor Cráneofacial.

 

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