¿Recuerdas que hace unas semanas os animaba a aventuraros por el difícil trayecto que va de la Insatisfacción al Bienestar? Pues bien, hoy te acompaño de nuevo en este viaje con el objetivo de seguir inspirándote para que alcances la plenitud.

Me considero fiel defensora de que el cambio de perspectiva y la actitud nace de uno mismo, de lo esencial de descubrir nuestro potencial interno para así empoderarnos y ser conscientes de que merecemos sentirnos mejor y somos los reales creadores de nuestro día a día. No vemos las cosas como son, sino como somos.

Como seres sociales, satisfacemos nuestra necesidad de interacción con el grupo, nos nutrimos del contacto con el otro, pero a veces, de ese contacto pueden derivarse situaciones desagradables que nos alejan del bienestar. Y en este sentido, y con el objetivo que nos ocupa, nos preguntamos:

¿Qué hacemos con los demás?

Las frustraciones con otras personas pueden arruinarnos el día, o parte de él: desde enfadarnos con otros conductores que se cruzan, frustrarnos con nuestros hijos, parejas, o estar irritado con los compañeros de trabajo, hasta ofendernos por un desconocido, un camarero o una azafata de vuelo que no nos trata como esperamos.

Todos estamos aprendiendoes un eslogan que me gusta recordar cuando tengo que gestionar la frustración o el enfado y necesito poner las cosas en perspectiva, tanto conmigo mismo como con los demás. Piensa que todos estamos en diferentes etapas con diferentes habilidades y nadie ha aprendido todo.

Otro aspecto clave es pensar que “el otro no es el problema”. ¿Qué significa esto? Si alguien se comporta groseramente contigo y te enfadas con él, el problema no son las acciones de la otra persona, sino tu reacción. O más concretamente, no es siquiera tu reacción, sino las acciones derivadas de esa respuesta emocional. Por lo tanto, la otra persona no es la causa de tu malestar, sino el haberte tomado las cosas personalmente. Quizás esta habilidad pueda parecer de nivel ninja, y requiere su tiempo, pero os prometo que crea una diferencia brutal.

Estas dos claves no solo nos aportaran valor personal, sino también a mejorar nuestras relaciones. Si entendemos las acciones del otro como algo ajeno a nosotros mismos y buscamos ayudarlos, es más probable que ellos nos lo agradezcan a que se enfaden o sientan dolor. Y fin del ciclo tóxico.

Practica el Mindfulness o Conciencia Plena

A través de la conciencia de nuestros pensamientos, sentimientos, dolor, auto-evaluación, juicio, etc., incluyendo estímulos externos.

Cierra los ojos un minuto y en lugar de intentar expulsar tus pensamientos o concentrarte en la respiración, explora lo que pasa mientras observas, lo que viene, lo que se va. Como quien, sentado en una estación, ve venir y marchar los trenes. Consiste en darse cuenta de lo que es, que todo está bien tal y como se expresa en tu cuerpo y tu mente.

Un secreto: puedes hacerlo en cualquier momento y lugar, solo necesitas querer dedicarte un minuto a ti, a escucharte. No hacen falta posturas de meditación ni ropa cómoda, únicamente te necesitas a ti mismo.

Muchos estudios e investigaciones destacan el poder del Mindfulness para aportarnos beneficios como aumentar nuestra capacidad de concentración, mejorar la seguridad en nosotros mismos, reducir el estrés, sentir más energía, etc. Y nos aporta una idea esencial: descubrir que no es la mente la que manda sobre nosotros, sino todo lo contrario.

Sesiones de gratitud

Piensa sobre lo que te sientes afortunado, no importa si es al despertarte por la mañana o antes de dormir, pero agradece. Si fracasaste en algo, ¿qué aprendiste de ello? Si no eres perfecto, ¿que hay en tu imperfección sobre lo que puedas estar agradecido? Siéntete libre para escribir sobre estas cosas cada día o con la frecuencia que necesites.

Habla con alguien

Es de mis técnicas favoritas. Estamos tan dentro de nuestras cabezas que es difícil separar nuestros pensamientos y emociones para ver las cosas con claridad. Atreverte a hablar de lo que te pasa con otra persona no solo favorecerá el orden en tus ideas para elaborar el discurso, sino que también puede contribuir a comprenderte mejor a ti mismo.

Además, cada persona trae una historia de vida diferente a sus espaldas y, con suerte, una cultura diferente a la tuya que podrá enriquecer tu perspectiva ayudándote a explorar nuevas opciones.

Recomiendo combinar este paso con cualquiera de los anteriores.

Alcanza la plenitud conociéndote

La insatisfacción, bien gestionada, nos inspira a la mejora continua alimentando la curiosidad y nos lleva a sentir que estamos vivos. Encontrar la satisfacción ha promovido cualquier éxito que he encontrado: me ayudó a atreverme, cambiar mis hábitos, mi ciudad y sin duda, me ha hecho mejor mujer, amiga y profesional. Desde el malestar que provoca, he conectado con la necesidad de creer fielmente que otra forma de hacer es posible, fomentando mi creatividad.

Recuerda el famoso “stay hungry, stay foolish” de Steve Jobs, invitándonos a la aventura de no conformarnos e ir a por más sin importar lo que otros piensen de ti, siendo auténticos, únicos.

Date cuenta de que ya tienes todo lo que necesitas para sentirte pleno, solo necesitas prescindir de las inseguridades y ser consciente de lo sorprendente que ya eres. No necesitas mejorar, necesitas ver que lo asombroso ya está en ti.

Beli Méndez – Psicóloga especializada en el desarrollo del potencial de las personas

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