Cuando era muy pequeño aprendí a disfrutar rompiendo mis juguetes. En realidad lo más entretenido no era romperlos sino abrirlos, desmantelarlos, diseccionarlos.

¿Para qué? Para ver cómo estaban hechos por dentro. Para descubrir la espuma del peluche o cómo estaban pegados los ojos, para averiguar cómo se movían los neumáticos de un micro-cochecito o de dónde provenía el sonido de un camión de los bomberos.

Las primeras veces que lo hacía recuerdo que lloraba (la primera vez fue con un peluche amarillo Barbapapà, aún lo recuerdo), porque percibía que el juguete estaba roto, sabía que ya no había vuelta atrás. Pero después algo más fuerte secaba mis lágrimas. Era el deseo de conocer, de ir más allá de la forma y del orden preestablecido.

Con el paso de los años he aprendido a hacer del romperme y del descubrirme un arte, una constante sin la que mi vida carecería de sentido. Si continuas tu lectura quizás entiendas mejor porque:

Javi es un hombre de 51 años. Trabaja en la estación de Sants. Vive con su madre de 76 años. Su padre ha muerto hace diez años. Su madre tiene demencia senil. Javi vive una vida apagada, sin emociones. Vive como un zombie. Sale por la mañana sin sonrisa y vuelve sin sonrisa. En casa limpia y cocina. Además, para no pelearse con su madre se tira al sofá donde puede quedarse horas mirando aquel sinfín de programas sin sentido. Un día Javi acude a mi consulta pidiéndome que le ayude a vivir una vida real.-

El “me doblo pero no me rompo” ya no vale. Porque al menos una vez hay que romperse. Para averiguar al menos dónde se encuentra el punto de ruptura, ese punto hasta el que podemos doblarnos sin rompernos. Para descubrir qué pasa cuando nos rompemos. Cómo reaccionamos. Que es lo que sentimos, lo que pensamos.

Es así que a menudo una crisis, una enfermedad o un evento fatal e inesperado abren una pieza del juego. Lo primero que somos capaces de sentir es miedo, horror y rechazo. Pero luego, a continuación, puede darse la magia. Y esta magia consiste en el hecho de que nos atrevemos a mirar la herida, a mirar dentro de la herida, a tocarla. Es en ese momento cuando descubrimos el nuevo mundo que habitamos cada día, en el cotidiano, en silencio. La magia aparece justo en el momento en el cual se produce el cambio, el cambio profundo, el cambio interior.

Se habla a menudo de la importancia de ser uno mismo, pero ¿qué significa realmente? Casi siempre esta frase-invitación incita a no cortarse a la hora de decir lo que se opina y a tomar decisiones coherentes con nuestros valores. ¿Es eso?

-Le pregunto a Javi que entiende por vida real, porque real es todo y a la vez puede que nada sea real. Me contesta que no sabe quién es. Hace una vida entera en la miente a todo el mundo. Y por supuesto, a sí mismo. Vive una vida que no es realmente suya. Hace de buen trabajador, hace de buen hijo, hace de buen soltero. A la vez que odia su trabajo y su jefe que le hace mobbing. A la vez que no aguanta lo de vivir con su madre y preferiría vivir solo e ir a verla con ganas de verdad, disfrutando de los momentos que pasa con ella. A la vez que le gustan los hombres aunque no se lo ha contado nunca a nadie. Nadie.-

Una de las máximas más famosas de la antigüedad está escrita en el pronaos del templo a Apolo en Delfos, Grecia, es:

“Conócete a ti mismo” (ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ)

De los 147 preceptos délficos escritos en el templo, este es sin duda alguna uno de los más densos, profundos y completos. Platón la utilizó varias veces en sus diálogos para exhortar a buscar el conocimiento. Sócrates invita a ocuparse del conocimiento de sí mismo antes de penetrar en los misterios de la mitología y de los dioses. Los antiguos lo sabían muy bien, es de primaria importancia conocernos.

Saber quién eres para luego poder decidir ser el verdadero TÚ. La pregunta es: ¿Cómo?

No quedándote en la superficie, es obvio.

¿Cómo puedes conocerte a fondo si no te exploras, si no te tocas en la profundidad, si no saboreas tus sabores antiguos?

-Javi está aprendiendo a dar voz al Javi interior. El próximo mes irá a vivir solo. Tiene miedo pero está entusiasmado. El tema de su madre lo ha arreglado haciendo que sus dos hermanos se impliquen más en su atención y cuidado. Además, pagarán entre los tres una colaboradora familiar que ayude a la madre en el día a día de las cosas de casa. El cambio interior siempre conlleva un cambio en la realidad que nos rodea. Un compañero de trabajo, divorciado y con hijos, le ha invitado a tomar una cerveza después del trabajo. Algo inesperado. Que le hace ilusión. Javi ha aceptado la invitación. ¿Un nuevo amigo? ¿Algo más? Son los primeros pasos hacía una vida con más sentido. El de Javi.-

Si queremos ser nosotros mismos y no vivir nuestras vidas saltando de una serie tv a un “Me Gusta! Si queremos ser quienes somos sin miedo a que de no gustar a alguien, si lo queremos de verdad tenemos que aceptar conocer quién está detrás del escenario. Allí está quien dirige los actores y los técnicos que hacen que un espectáculo teatral parezca realidad.

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones

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