Cuando hablamos de motivación, y más en el trabajo, pensamos que es la empresa la que debe motivarnos, algo similar  sucede en las relaciones, es frecuente pensar que si yo estoy mal es mi pareja la que debe motivarme. Esta forma de pensar, y en consecuencia de actuar hace que los acontecimientos no dependan de mí,  y por consiguiente mi “felicidad” mi “motor” (motivus)  va a depender de elementos externos que yo no puedo controlar, y por lo tanto la impotencia y frustración serán factores con los que conviva constantemente, y que no ayudarán a que mi estado de ánimo y motivación mejoren.

No reparamos que la motivación es algo intrínseco, su definición es el impulso que inicia, guía y mantiene el comportamiento, hasta alcanzar la meta u objetivo deseado. Este hecho hace que estar motivado sea una cuestión de actitud!

Uno mismo es el responsable de su motivación, cada uno de nosotros tendrá motivaciones distintas, y la habilidad de la empresa será dar con ellas para crear esas situaciones motivadoras en el trabajo. A unos les motivará el reconocimiento, a otros el dinero, habrá personas que simplemente vayan a trabajar porque es ahí donde pueden relacionarse y son respetadas, otros puede ser el poder, habrá quién le motive realizarse profesionalmente y personalmente en el lugar de trabajo, las vacaciones retribuidas serán otra posible motivación para ir a trabajar…en definitiva, cada persona tendrá su propia motivación para ir a trabajar, pero pretender dar soluciones o píldoras mágicas para todos será poco efectivo en el largo plazo.

Es cierto que la empresa debe mantener unas condiciones o factores higiénicos como apuntaba Herzberg,  buen salario, buen clima laboral, flexibilidad horaria, posibilidad de conciliación…todos estos factores si los tenemos en nuestra empresa no van a motivarnos más pero si nos desmotivarán si desaparecen. Muchas veces nos acomodamos, y acabamos no dando valor a esas condiciones…un ejemplo parecido sucede con el matrimonio, al principio parece maravilloso…es como querer entrar en la empresa de tus sueños, pero después la rutina y la monotonía hacen su aparición, y llegamos a aburrirnos, como nos sucede con el trabajo, incluso aparecen los conflictos.

Son pocas las veces nos hacemos las preguntas de qué es lo que me ha llevado allí?, porqué quería yo este trabajo?, qué es lo que más valoraba?, dónde ha quedado la pasión del primer día? Y no nos engañemos, las relaciones, personales y laborales, se trabajan! Construir un clima de confianza lleva tiempo, y debe trabajarse por ambas partes.

¿Qué puedo hacer yo para motivarme por mi trabajo?

Recuerda cuáles son tus metas, qué me ha llevado hasta aquí. Es bueno mantener presente cuáles son los objetivos que queremos conseguir porque, si las perdemos de vista, la motivación puede menguar.

  • Deja de quejarte. La mejor manera de ganarle la batalla a la frustración es dejar de pensar constantemente en lo que te gustaría tener y no tienes.
  • Valórate y premia la consecución de objetivos. Si haces las cosas correctamente también debes reconocértelo y recompensar tu trabajo.
  • Mejora el clima de trabajo. El clima laboral también depende de tu actitud.  Procura dedicar algo de tiempo a conocer a la gente con la que trabajas. No sólo puedes encontrar personas con valores y formas de ver la vida similares a los tuyos sino también, mejorarás en entorno laboral y la dinámica de equipo.
  • Saber disfrutar del trabajo. Desde la tarea más dura hasta el compañero con quien la convivencia resulta imposible pueden transformarse en un reto personal cuya superación ayude a contemplar el trabajo como un desafío permanente y motivador.
  • Aportar nuevos proyectos. A menudo, la desmotivación llega cuando se considera que el trabajo que se realiza no se corresponde con las posibilidades reales. Hay varias opciones: hacer las cosas mejor, ampliar las tareas, tener más iniciativas e, incluso, tomar decisiones.
  • Rodearse de un buen entorno. Algo tan simple como elegir una luz determinada, ajustar la temperatura y procurar que el lugar de trabajo sea lo más cómodo y estimulante posible influye mucho en el estado anímico.
  • Genera optimismo a tu alrededor. La buena disposición se contagia así que, rodéate de personas positivas, vitales y entusiastas. Y al mismo tiempo sé tú una de ellas.

¿Qué puede hacer la empresa para generar un ambiente motivador?

  • Dar autonomía al trabajador es la clave para potenciar su motivación. Si dejamos a los empleados desarrollar sus funciones con independencia, sin un control excesivo, y otorgando valor a su visión como responsable de un área concreta, por pequeña que sea, la motivación está asegurada.
  • Hallar los puntos fuertes de cada empleado. Todos tenemos habilidades y somos talentosos en algo, es tarea de los responsables localizarlos y potenciarlos.
  • Reconocer los logros. Cuando un empleado logra conseguir hitos, es justo y necesario reconocerlos.
  • Flexibilidad en el horario. Ser flexibles a la hora de dejar al empleado conciliar su vida familiar y laboral con cierto orden, es básico para aumentar su productividad y felicidad.
  • Sentirse parte de la empresa. El sentimiento de pertenencia se consigue haciendo partícipe a cada uno de los integrantes de una empresa de la importancia de su labor en la compañía.
  • Buen ambiente de trabajo. La empresa puede hacer mucho para contribuir a un buen clima laboral, generar un entorno de confianza, donde la comunicación sea fluida será la clave para conseguirlo.

Como queda patente la motivación personal es algo bueno para uno mismo, y obedece a causas intrínsecas. La empresa puede incentivarnos, recompensarnos, inspirarnos, ayudarnos en suma a reconocer nuestras motivaciones, pero debemos ser conscientes de que nadie puede mover a quien no quiere andar! Haz renacer la motivación que te ha traído hasta aquí, y si has descubierto que este no es tu lugar, muévete! no eres un árbol.

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

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