Las emociones están de moda. Se habla mucho de ellas. Incluso se ha hecho una película de dibujos animados sobre ellas. Pero… ¿qué sabemos de las emociones? Hombre… por lo menos las podemos poner nombre. ¿A todas? Es difícil porque, incluso a la hora de indicar las emociones básicas, ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo. Unos dicen que son seis: Alegría, Ira, Tristeza, Asco, Miedo y Sorpresa. Otros introducen el Amor entre ellas. Otros sacan la sorpresa porque es muy breve y rápidamente deja paso a otra emoción como pueden ser la alegría, la ira o el miedo. Total, que ya estamos dentro de una controversia.

Y, ¿qué mejor que una controversia para comenzar a “filosofar”? Y eso voy a empezar a hacer con la alegría de compartir mis reflexiones. Un poco de miedo, porque no sé si a todo el mundo le gustará lo que digo. Esperando causar un poco de sorpresa en vuestra existencia. Imaginado con tristeza a aquellos que se lo perderán. Sintiendo un poco de ira cuando no me salen las palabras y cierto “repelús” (asco en pequeñito) por si tengo que utilizar expresiones complicadas.

Filosofía de las Emociones

Para comenzar de forma filosófica, es importante definir el concepto. Emoción, según la RAE tiene dos acepciones:

  1. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de una cierta conmoción somática.
  2. Interés, generalmente expectante, con se participa en algo que está ocurriendo.

Son definiciones sencillas y válidas para dar una explicación simple de todo el sentimiento que acarrea una emoción. Pero lo más interesante de esta entrada es la aportación etimológica. Esta palabra proviene del latín Emotio, Emitionis, que viene a significar algo así como movernos desde un sitio, salir, o quizá… ¿ir hacia adelante? Lo importante es que los antiguos romanos ya sentían que las emociones nos movían. Nos sacaban de nuestro estado de confort y nos hacen reaccionar de una determinada manera.

He encontrado otra definición que nos puede aportar cierto valor a la reflexión:

Una emoción es un proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibro con el fin de poner en marcha los recursos a su alcance para controlar la situación.

Esta es una definición que también concibe las emociones como algo que nos mueve, pero de una forma defensiva. Para sobrevivir. Porque las emociones son herramientas que nos permiten adaptarnos mejor a la existencia. En realidad, para crecer y desarrollarnos como seres humanos dentro de una sociedad que también está compuesta por personas como nosotros, con sus sentimientos, necesidades y emociones.

Pero, ¿conocemos estas herramientas con las que ya venimos dotados de fábrica? En principio, todos sabemos lo que es cada una de las emociones, hasta el momento en que nos toca definirla. Intentar explicar a alguien lo que es el asco, por ejemplo, puede acabar siendo una buena colección de circunloquios. Porque los sentimientos, valga la redundancia, son fáciles de sentir, pero difíciles de expresar con palabras.

Emociones buenas Vs Emociones Malas

Tradicionalmente, hemos tratado las emociones como buenas y malas. Dentro de las primeras hemos puesto la alegría, el miedo, la sorpresa, porque da la impresión que ayudan proporcionar seguridad dentro del núcleo social. Mientras que hay otras consideradas como negativas: la ira, el asco, y sobre todo la tristeza, en contraposición con la alegría. Ésta última se ha considerado como un valor a potenciar, incluso desde la pedagogía, y el resto de las emociones, como aspectos del carácter a controlar y dominar con “templanza”.

Este tratamiento de las emociones es emitir un juicio moral sobre algo que está dentro de nosotros y que da forma y consolida nuestro carácter. Moralmente no hay emociones buenas ni malas, ya que todas tienen una función importante en el desarrollo del ser humano como PERSONA.

Alguien podrá pensar en cuál es el valor de la tristeza. Los momentos de tristeza son algo que tenemos que “sufrir” todos alguna vez en la vida. La sentimos en los momentos de pérdida (material, espiritual o emocional) para reflexionar y obtener energías que nos “catapulten” en pos de siguientes objetivos. También nos permite reconocer el valor de lo que poseemos, promover sentimientos de empatía social y recordar lo positivo de las personas.

Puede ser que con la tristeza os haya convencido, pero ¿y la ira?, ¿el enfado? Pues casi, si me esfuerzo un poco, diría que la emoción con más valor moral de todas es la ira.

Voy a explicarlo. No quiero decir que estar siempre enfadado sea bueno. NADA DE ESO. Estar en permanente enfado es muy malo para la salud propia y ajena, de los que nos rodean, a los que convertimos en “mártires” sin pretenderlo. Pero este es un extremo.

Vamos a hacer un poco de introspección (mirarnos a nuestro interior). Nosotros, ¿nos enfadamos mucho? Espero que no, pero cuando nos enfadamos, ¿por qué es? Generalmente porque alguien ha transgredido nuestras normas, nuestras reglas. Y el enfado es la respuesta natural para avisar a la otra persona: “te estás pasando de la raya”. O sea, cuando nos enfadamos es porque alguien no respeta nuestros valores, nuestros derechos, nuestros principios. Si queremos determinar dónde situamos nuestros valores morales, analicemos nuestros enfados.

En conclusión. Las emociones nos relacionan con los demás al ser una forma de comunicación interpersonal, nos introducen en el mundo. Pero, sobre todo, nos relacionan con nosotros mismos. Una relación de nuestro YO con nuestras emociones (que siguen siendo parte de ese yo), nos hace crecer como personas, querernos un poco más a nosotros mismos, comprendernos un poco más y ser más válidos de cara a una sociedad a la que pertenecemos y que pretendemos mejorar.

Para terminar os dejo dos enlaces interesantes para que podáis continuar con vuestra indagación sobre la filosofía de las emociones:

  • Un juego para niños creado por la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) en el que pueden jugar hasta cinco jugadores: El bosque encantado.
  • El segundo tráiler de la película Del Revés (Inside & Out). Desde el primer día en que lo vi me ha parecido una genialidad por cómo cuenta lo que cuenta.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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