La idea de que las emociones y el humor tienen una estrecha relación está muy extendida. Popularmente asociamos el buen humor a la alegría y el mal humor a la ira: “hoy tengo un humor de perros”.  En la literatura o el cine también indicamos que el género de Humor es la comedia porque es la que nos hacer reír y si es algo serio o triste lo etiquetamos como drama.

En definitiva, el humor está emparentado con las emociones. Pero, ¿de dónde procede esta relación tan estrecha?

El Humor y su origen

La palabra humor proviene de líquido, que en latín se decía precisamente así: humor. Y también de aquí se deriva la palabra humedad. Todavía nos quedan recuerdos de esto en medicina, al llamar de esta manera a ciertos líquidos o secreciones corporales. Por ejemplo, dentro de la estructura del ojo se encuentran el Humor vítreo y el Humor Acuoso.

Ahora bien, ¿cómo llegamos a la relación entre los líquidos corporales y el estado de ánimo? Para ello primero hay que hacer un poco de historia de la medicina. El médico más importante de la antigüedad fue Hipócrates, que parece ser que redactó una gran enciclopedia médica. También, en su nombre, es en que los médicos hacen su famosa promesa, el Juramento Hipocrático.

Pues bien, este buen hombre tenía una teoría sobre la salud y la enfermedad. Propuso la hipótesis de los cuatro humores del cuerpo humano: la sangre, la bilis negra, la bilis amarilla y la flema. Cada líquido era segregado por un órgano del cuerpo y tenía un efecto sobre el mismo.

Así, la sangre era el líquido propio del corazón, un líquido caliente y portador de vida, y de aquí viene la denominada personalidad sanguínea para una persona vital, valiente y esperanzada. La Bilis amarilla se consideraba propia del hígado y la vesícula biliar y provocaba en la persona el enfado y de aquí viene la personalidad colérica.

La bilis negra era propia del bazo y era la causante de la melancolía y, por fin, la flema era propia del cerebro y los pulmones. Se consideraba un líquido frío y húmedo que daba toques de tranquilidad y racionalidad, así que la personalidad que generaba era la flemática.

El equilibrio entre los humores

El hecho de relacionar cada humor con una personalidad no indicaba que esa persona tuviese solo ese líquido. No, estaban presentes en todos los seres humanos y variaban con las circunstancias.

Por ejemplo, cuando me enfado, el nivel de bilis amarilla estaba alto con respecto al resto y cuando me entristezco, el líquido más abundante en mi cuerpo es la bilis negra.

Eso sí, se creía que había personas con mayor cantidad de un humor u otro y eso generaba el temperamento característico de cada uno. Y el propio temperamento y el humor también generaban una serie de rasgos físicos propios de cada persona.

Así, la enfermedad se consideraba que se podía tratar, simplemente intentando mantener un equilibrio entre todos los humores. Y para mantener este equilibrio era muy importante la alimentación, ya que se consideraba que los nutrientes presentes en los alimentos influían en la producción de los humores y, por tanto, influían en el estado de la persona.

Como vemos, esta idea es bastante actual, en la cual, una dieta equilibrada ayuda a mantener el cuerpo en buen estado.

Las emociones están relacionadas con el humor

Por tanto, una persona sana era una persona que tenía equilibrio entre sus humores, y, en definitiva, entre sus emociones. Una persona de buen humor era una persona sana, equilibrada, alegre y sociable.

Vemos que, desde la antigüedad, la salud se consideraba como un estado de equilibrio. Actualmente podemos afirmar algo parecido: la salud consiste en conjugar de forma adecuada los distintos aspectos o facetas que conforman al ser humano para que en equilibrio entre ellas le permitan desarrollarse íntegramente como persona.

La persona no es una realidad simple. Hay muchos matices que considerar tanto a nivel corporal como psicológico y espiritual. Todos están interrelacionados y todos nos proporcionan una única persona, pero diferente en cada momento.

Un buen estado de salud nos proporciona un buen humor y viceversa.

¿Están relacionadas las Emociones, el humor y la salud?

Este buen estado lo podemos comunicar a los demás mediante nuestras emociones y crear también un buen estado entre los que nos rodean. Las emociones son contagiosas como los humores y, por tanto, nuestro estado de equilibrio, de salud lo comunicamos a los que nos rodean.

Tenemos que empezar a ser conscientes de que nuestro equilibrio influye en nuestro alrededor y así, podremos fomentar un ambiente saludable en nuestra familia, con nuestros amigos, y como no, en nuestro trabajo.

A este último, el trabajo, le dedicamos gran parte de nuestro tiempo. Si somos personas equilibradas y con “buen humor” podremos fomentar que a nuestro alrededor también haya personas con buen humor.

Como vemos las emociones están relacionadas con el humor y, éste, a su vez, con la salud.

Trabajemos nuestro equilibrio para mejorar nuestra salud y la de quienes nos rodean.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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