Cada día me levanto nueva, cada mañana es un regalo de la vida, cada vez que abro lo ojos comienza una nueva aventura, no sé lo que va a suceder, aunque sí puedo tener en mi mente lo que deseo que ocurra.

Todos tenemos nuestras rutinas, y cuando nos despertamos, muchas veces estamos en modo tan automático que ni somos conscientes de porqué hacemos las cosas de una forma y no de otra.

Si desayuno siempre con la misma taza, o me tomo la misma marca de cereales, o si primero pongo el café y después me meto en el baño…cada uno de nosotros tendrá sus rutinas, su forma de hacer las cosas “sin pensar”, y esto es bueno, porque ahorramos mucha energía a nuestro cerebro, lo que sucede es que después nos cuesta mucho cambiar de esta forma de hacer las cosas.

Cuando tenemos una costumbre, aunque no seamos conscientes, nos cuesta mucho desapegarnos de ella, por eso, cuando se mira desde fuera, cuando otro ve la forma en la que somos incapaces de cambiar de taza para desayunar, nos suelen etiquetar de “maniáticos”, y es que hasta que no se rompa la taza no la voy a cambiar.

Esta metáfora puede resultar un poco absurda, igual lo pensáis así, y puede ser. Puede ser que nosotros también nos comportemos de forma tan absurda que nos cueste incluso identificarlo, tanto como decir que “yo no voy a cambiar, yo soy así” porque ninguno de nosotros es el mismo que se acostó ayer por la noche, aunque no lo identifiquemos de un día a otro nuestro cuerpo va cambiando.

Las resistencias al cambio

A veces creo que la palabra cambio nos da miedo, sin más, es como si al pronunciarla en nuestro cerebro se produjese un cortocircuito que dijese “peligro” a ver ahora qué pasa, ¡un cambio!. Y bueno, el cambio es la única constante en nuestras vidas, ahora bien, puedo llamarle de otro modo, evolución, crecimiento…y desde luego, ¿por qué no comenzamos a vivir los cambios como positivos? ¿Por qué generamos tantas resistencias al cambio?

Cada día que me levanto soy un día más vieja, son cambios diminutos los que se producen en mi cuerpo, cambios que no puedo evitar, y mejor así, ya que sólo la muerte los detiene, pero que en la rapidez en la que nos movemos ni reparamos en que se producen, nos adaptamos, o eso pensamos, igual porque sabemos que se van a producir y por eso los aceptamos.

“Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” Pablo Neruda.

El otro día me despertaba en la habitación de un hotel, cuando estás en un espacio distinto al tuyo inevitablemente cambias, o te adaptas a esa nueva situación, una cama distinta, un baño distinto, unas luces distintas…y sí, cuando estaba delante del espejo en el baño, esa luz me desveló que en mi pelo de repente había muchas canas, con la luz de mi casa el día anterior no estaban, o eso percibía yo.

Mi pelo cambia de color, es normal al adentrarnos en la madurez ¿no?, ¿por qué algunos cambios los entendemos como naturales y otros nos cuesta tanto aceptarlos? Pues sinceramente creo que lo que nos angustia es la incertidumbre, no el cambio.

Lo que no sabemos gestionar es la incertidumbre asociada a esos cambios que no buscamos, cuando lo que sucede, a nivel externo, nos obliga a comportarnos de otra forma aparecen las resistencias al cambio. Es más fácil hacer las cosas como siempre, o eso pensamos, aunque después nos quejemos de que la rutina mata.

Cuando en una empresa se avecinan cambios las personas se ponen nerviosas, pero como decía antes, no tanto por el cambio, sino por la incertidumbre de lo que va a suceder, será bueno, tendré que trabajar más, conservaré mi puesto y beneficios sociales con este cambio…

Nos hacemos todas esas preguntas y muchas más, y cuando no tenemos las respuestas, cuando en la organización falla la comunicación y no hay transparencia, las personas comienzan a inquietarse, y es normal que aparezcan las resistencias al cambio, porque salir de la zona de confort da mucho miedo, y más si no sabemos hacia dónde vamos a ir, porque para más inri son cambios impuestos, en los que tenemos la sensación de que poco podemos hacer, y la falta de control también nos desorienta.

Desde luego la organización tiene muchas formas de gestionar los cambios, y comunicar y dar seguridad a los trabajadores a veces parece tan obvio que se deja para el final, cuando ya el chismorreo se ha apoderado de las personas y hemos contaminado el ambiente y generado grandes resistencias.

Una empresa que deba afrontar cambios debe trasladar a sus trabajadores todas las ventajas de los mismos, y ayudarles a que el impacto en su trabajo se vea de una forma positiva, al menos de cara el futuro, todos podemos hacer algún esfuerzo si lo que nos espera después nos ayudará a mejorar en nuestro trabajo.

Y como empleados, o más bien como personas, de nuestra actitud dependerá que ese cambio sea bueno o sea malo para nosotros, pues si lo afronto como una oportunidad lo viviré de una manera, y si lo veo como un problema evidentemente lo gestionaré de un modo muy distinto, pero en sí la situación es la misma, el cambio ya es un hecho.

Todos tenemos resistencias a los cambios, pero la vida es un continuo cambio, y vivir es adaptarse a esos cambios. Las empresas también tienen vida, y como tal también deben adaptarse a los cambios, los cambios del mercado, de tendencias, de procesos, de tecnología…y las que no lo hacen acaban desapareciendo.

Así que les invito a todos a gestionar el cambio desde la oportunidad y no desde el miedo, salir de la zona de confort nos abre un mundo de oportunidades, o como suele decirse, la vida comienza donde termina tu zona de confort, vive!

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

 

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