Seguro que conoces el siguiente dicho popular:

¡Ojos que no ven, corazón que no siente!

¿Y cuánto de esto hemos practicado? Sí, puedes pensar en las relaciones personales, igual así es más fácil que entiendas a dónde quiero llegar. Da igual que seas un novi@, un amig@, un soci@. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en esta situación y mirado para otro lado para no hacernos daño? ¿O en cuantas ocasiones no hemos reparado en esos detalles tan evidentes a la vista de todos, pero en los que cada uno de nosotros encontraba siempre alguna justificación?

El momento del desengaño

¿Te pones ya en situación? Si, me refiero a ese momento del desengaño, en el que uno mismo es consciente de que ha estado eludiendo las señales, esas señales que estaban ahí, y que seguro, que alguno de nuestros amigos más cercanos y queridos mencionaron en algún momento, con la grave consecuencia de quedar repudiado por hacer una gran ofensa a nuestro “excelente” criterio. Sí, somos así de injustos, cuando alguien nos pone el espejo en frente nos enfadamos, no queremos verlo, y seguimos mirando para otro lado.

Todo tiene un tiempo, y al final la verdad termina por aflorar. Llega el día que nos la encontramos de frente. Ese día quieres desaparecer, toca reconocer que te has equivocado, y no sólo eso, te das cuenta de que has perdido un tiempo muy valioso y al mismo tiempo has podido hacer un daño difícil de reparar a personas que intentaban ayudarte.

No hay vuelta atrás, las señales en el camino son claras llamadas de atención y en todas se podía leer, ¡alerta al precipicio! Pero nosotros seguimos afanados en no hacernos daño, justificándonos con algo tan banal como si el ojos que no ven fuese la solución para eludir el tortazo final.

Ojos que no ven en la empresa

Ahora cambio de escenario, aprovechando esta pequeña introducción me acercaré al ejemplo de las empresas. Las organizaciones también comparten y aplican continuamente esta teoría de ojos que no ven al igual que nosotros. A fin de cuentas, hoy en día siguen gobernándolas personas. Es probable que cuando los que están al mando sean los robots todo esto de lo que te estoy hablando deja de ser de utilidad, aunque mientras me gustaría seguir sigo con la historia.

En la empresa hay muchos indicadores que nos muestran que algo va mal. Donde es más fácil verlo es en la cuenta de resultados, este sí es el indicador que mira todo el mundo. Cualquier empresa debe ser rentable, de lo contrario el negocio no puede sobrevivir a no ser que alguien inyecte el capital suficiente, y esta opción igual no es la más práctica. Ahora bien, ese resultado en el balance no deja de ser una alarma para indagar qué áreas o aspectos de la organización no están funcionando como debieran dentro de la organización. La parte positiva de esta catástrofe en los resultados es que la compañía enseguida se pone manos a la obra para atajar las pérdidas. Todos sabemos que estas desviaciones no son admisibles.

¿Pero qué sucede cuando la empresa gana dinero? Hay otros indicadores que nos alertan de que la organización está, en cierta forma, contaminada, o que podría funcionar mejor y ser un lugar más saludable para trabajar. Hablo de los niveles de absentismo, siniestralidad, rotación, demandas, quejas, conflictos…y todos conocemos empresas que desde el primer día (sí, sí, esas que están tan de moda y que parece que las tenemos en un pedestal), te dicen que si aguantas un año y ocho meses en la misma eres un genio, esa es su tasa de rotación, asumida y vitoreada, pero no es un indicador de salud organizacional, todo lo contrario, es un claro indicador de una empresa tóxica. Claro, ¿para qué vamos a escuchar esto? a fin de cuentas, yo me enzarzo en la relación que quiera, aunque acabe en el hospital con un infarto a los 1,9 meses de trabajo, ¡he superado la media!

Una palabra prohibida en la empresa: riesgo psicosocial

Como os decía, las señales están, los avisos que tienen las empresas de que algo no van bien están a la vista de todos, los conflictos, las quejas, el absentismo, la rotación…no queremos verlos, y las herramientas que tenemos para poder gestionarlos, la evaluación de riesgos psicosociales, si lo mencionas, parece que no estás hablando con ellos. Riesgo psicosocial es una palabra tabú en la empresa, es pronunciarla y automáticamente la respuesta es que aquí está todo bien, es decir, ¿todas las señales no son suficientes para entender que hay algo que se está gestionando mal? “ojos que no ven” también es válido en las organizaciones.

Llegados a este punto a mí todavía me cuesta entender qué inhibidor de pensamiento actúa en este momento en la cabeza de personas con tanta responsabilidad en una empresa, personas a las que presupongo valiosas y profesionales por ocupar dichas posiciones, pero que ante la palabra riesgo psicosocial se desencajan.

Y bueno, esto no es lo grave, lo que me resulta más gracioso es si haces de espejo. Si les muestras esa parte que no quieren ver, esa en la que habla de la gestión que a fin de cuentas es la que desencadena el riesgo psicosocial, pues al igual que sucedía con ese amigo que te abría los ojos con esa mítica frase “tu novi@ te está poniendo los cuernos” que dejaba de formar parte de tu circulo de confianza sin antes comprobar si era cierto o no, en la empresa sucede algo similar, y acabamos cuestionando antes la opinión del “especialista” antes que la de uno mismo. Asumir esa responsabilidad es duro, pero ¿queremos seguir mirando hacia otro lado?

Confío que la experiencia de la vida nos vaya ayudando a cada uno de nosotros cuando atravesemos por un momento difícil. Ante una dificultad, antes de mirar para otro lado es mejor coger el toro por los cuernos, no creamos que nos vamos a librar del precipicio si no hacemos caso a las señales.

El absentismo, la tasa de rotación, los conflictos…son indicadores de que algo no funciona en la empresa, y hay herramientas para gestionarlos y reconducir la situación, no esperes a que sea demasiado tarde, abre los ojos!

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

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