¿Cuántas veces nos hemos encontrado con un señor en la carretera con una bandera roja que nos ha indicado que fuésemos con precaución? Muchas. Y muchas veces nos hemos acordado internamente de su familia (eufemismo al canto) o la del señor que se ha decidido a hacer obras en la carretera justo el día en que nos vamos de vacaciones, o que salimos de puente o, vaya usted a saber… Pero que siempre incordia.

¿Nos parará para dejar paso al sentido contrario? ¿Tendremos suerte y pasaremos del tirón? ¡Qué gran incógnita!

Por otro lado, a veces pensamos: “Vaya trabajo más tonto y más esclavo. Estar todo el día con una bandera roja moviéndola para que los coches reduzcan su velocidad”. Banderita arriba y abajo. Y si paso un poco rápido, además me pone mala cara.

Pero, ¿qué le habré hecho yo a este tío?”, es nuestra reacción. Si es él quien me está molestando a mí en el viaje a mis deseadas vacaciones. Total, para estar con una bandera en una carretera no hay que saber mucho. Prácticamente cualquiera vale. Seguro que si yo me pongo en su lugar lo hago mejor que él y además sonrío a los conductores. Solo hay que mover la bandera. Es más, en muchos sitios tienen maniquíes que lo hacen y sirven lo mismo…

¿Todo esto es cierto? ¿Lo hemos pensado alguna vez? Ahora, reflexionando un poco más en serio. Pienso que todos, alguna vez en nuestra vida, víctimas del cansancio y de la monotonía de la carretera hemos sentido esta tentación. No me culpo por haberlo hecho. Soy indulgente conmigo mismo, pero he de pensar que he sido injusto con el trabajo de los demás.

Hay muchas ocupaciones sencillas que tienen una gran importancia. No solo para el buen desarrollo de la actividad de la empresa en general, sino para el resto de los ciudadanos. Retomando el caso del señalista (bandera en lenguaje coloquial), un mal señalista en una carretera puede originar un gran caos en el tráfico. Cuando no, provocar un accidente.

Desde un punto de vista filosófico y utilitarista, todos los empleos son necesarios. Muchas veces nos volcamos en la idea de que hacer lo que nos gusta es un paso en la autorrealización laboral. Por otro lado, es posible que haya trabajos que no gusten a nadie (por poner un ejemplo, ¿quién quiere ser enterrador?), pero es necesario que alguien se dedique a ellos.

Saber valorar el trabajo de los demás se transforma en aprender a valorar nuestro propio trabajo. En muchas ocasiones somos solamente una pieza en el engranaje de una organización que ha de funcionar. Sabemos que muchas veces nuestro trabajo es anónimo y sencillo, pero importante.

La labor de cada una de las etapas en la ejecución de un producto o de un servicio es importante y por ello, no debemos dejar de darle importancia. Ni a nivel organizacional, ni a nivel personal. Un operario con una bandera en una carretera es importante porque cuida que no haya accidentes de tráfico para los usuarios y también cuida que no haya accidentes que afecten a sus propios compañeros.

Cuando lo veamos, no solo debemos ver a alguien que está moviendo un trapo rojo, naranja o amarillo. Es alguien que cuida de nuestro bienestar y de nuestra salud. De que esta persona realice bien su trabajo depende nuestra seguridad en la carretera y también la de sus compañeros. Por tanto, no debemos pensar que para un trabajo tan “sencillo” se puede asignar a una persona sin mucha formación. No. Es un trabajo del que dependen otras personas y, por tanto, hay que poseer una cualidad tan importante como es el sentido común y capacidad de comunicación.

Hay que recordar que el bandera, suele trabajar en conjunción con otro compañero que se encarga de controlar el tráfico en el sentido contrario. En ocasiones, a mucha distancia uno del otro. Su buena coordinación y comunicación permiten que el tráfico sea fluido y seguro. En definitiva, una ocupación aparentemente tan sencilla como la de señalista, encarna una gran responsabilidad.

Este ha sido simplemente un ejemplo, pero podríamos reconocer cientos de ocupaciones sencillas pero importantes, porque no hay trabajo indigno. Todos los trabajos son importantes, necesarios y, con sentido comunitario, igual de útiles a la sociedad.

Lo importante es reconocer la importancia de cada uno de ellos. Tanto a nivel empresarial, social, institucional como personal. Todos somos agentes y perceptores de trabajo de otras personas en este mundo. Nuestro trabajo personal repercute en el bien de la sociedad y, también yo, como miembro de esta sociedad, me beneficio del trabajo de los demás: médicos, policías, agricultores,… y como no señalistas en las carreteras.

Por eso el título de este post: “Papá, yo quiero ser Bandera”, quiero cuidar de la seguridad de mis compañeros de trabajo y quiero evitar accidentes. En definitiva, quiero ser útil desde un trabajo sencillo.

Vidal Garrido. Filósofo y Responsable de RSE

 

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