Marco Porcio Catón dijo, Numquam se plus aguere quam nihil cum ageretnumquam minus solum esse quam cum solus esset (“Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”).

Leo y releo esta frase de Catón, y a cada momento cobra más sentido para mí. Vivimos en una sociedad hiperactiva, un mundo donde el lema es el “hacer”, donde pararse es prohibitivo, porque enseguida pensamos que nos quedamos fuera del sistema.

Si paras la rueda del hámster el mundo te arroja a la esquina de la jaula (esto debe de ser lo que está en nuestra cabeza) y así, incluso cuando uno hace un retiro o unas vacaciones para “desconectar” y conectar con uno mismo, o simplemente trata de recargar pilas y descansar, resulta que seguimos conectados a otro tipo de trabajo. Las Redes Sociales dan cuenta de lo fantástico de ese momento, o de lo bien que se vive cuando no se hace nada, pero sinceramente, cuando uno no hace nada ¿está pensando en qué va a publicar en las RRSS para que el resto vea que está descansando?

Nos creemos libres, pero…

Considero que estamos llegando a un estado de estupidez soberana, nos creemos libres, pero posiblemente sea el momento histórico donde sin darnos cuenta somos totalmente esclavos de este sistema que hemos construido entre todos.

Un sistema donde cada uno es el mayor tirano de si mismo. No necesitamos de nadie para fiscalizarnos continuamente y buscar siempre más. A fin de cuentas, a esto es a dónde nos lleva el consumo desmesurado, a querer más, aunque no sepamos para qué, porque a diferencia del pasado, ahora los pobres son los que no tienen acceso al consumo, o dicho de otro modo, no eres nadie sino tienes millones de likes en tu perfil social.

Y con toda esta parafernalia, y totalmente imbuidos en este sistema artificial, donde el miedo a lo sólido, al ser, al estar presente que ha quedado catalogado por Bauman como “sociedad líquida”, se pone de moda meditar, mindfulness o retiros espirituales en las empresas como herramienta para permitir a las personas re-conectar y ser más productivas, a fin de cuentas.

¿Terapia eficaz o moda comercial?

Y esto está genial, tener tiempo para uno es maravilloso, pero no olvidemos que cuando algo se pone de moda o se impone, aparece en cierto modo una impotencia en las personas, no deja de ser una castración a la libertad de elegir cómo uno quiere gestionar su tiempo y su vida.

Siendo un poco sensatos, seguro que muchos de nosotros preferimos salir a una hora razonable de la oficina y después dedicar el tiempo a lo que a nosotros nos gusta, o simplemente no hacer nada, conseguir ese espacio real donde uno descansa, se recompone, piensa, reflexiona…porque si en nuestro día a día vamos a mil por hora, y después nos invitan a meditar pero es cuándo el otro quiere, no cuando yo me siento preparado, al final sólo conseguimos aumentar los niveles de estrés, y así es como fracasan muchos de los programas que las empresas proponen para la meditación…porque de poco vale parar 15 minutos si después me van a dar el doble de trabajo, este no es el camino.

En primer lugar, debemos disponer de ese tiempo para poder conciliar el trabajo con la vida personal y familiar, y aquí podemos hablar de los planes de conciliación de las empresas, o del tema de la racionalización horaria que permitiría mejorar mucho la conciliación a todos los niveles, pero después debemos aprender a re-conciliarnos con nosotros mismos.

No sucede nada por parar. Dejemos de ser víctimas del jefe que nos envía emails a deshora, si yo desconecto mi móvil porque estoy dedicando tiempo a mi familia, a mis amigos o a mí ya no me enfado conmigo mismo por no haber tenido el valor de no responder esa llamada, no es que mi jefe sea un irrespetuoso al llamarme fuera del horario de oficina, es que yo también lo soy con mi tiempo y el de los míos.

¿Por qué nos quejamos de que no tenemos tiempo?

A veces creo que nos da miedo enfrentarnos a la soledad de una casa vacía, o a la responsabilidad de una familia, o a la compañía de una pareja o un amigo, y cualquier excusa es buena para desviar la atención hacia otro lado, dígase una llamada de la oficina, un email, un whatsapp…y después nos quejamos de que no tenemos tiempo, y no sólo eso, es que encima el poco tiempo del que disponemos nos encargamos de que no sea de calidad, como decía antes, hemos caído en la trampa, nos puede el hacer y nos hemos olvidado de ser.

Somos personas, somos seres sociales, necesitamos un espacio para nosotros y para compartir con los demás, un tiempo alejados del ruido de las RRSS, un tiempo kairológico, un tiempo para re-conciliarnos con nosotros mismos, para descubrir quienes somos, qué hacemos, hacia dónde vamos, un tiempo que debemos encontrar alejados de los horarios, nos hemos olvidado de los ritmos circadianos que sustituimos por el estrepitoso reloj laboral sincronizado de forma globalizada, ya nos da igual el jet lag o el desfase horario, la cuestión es estar activos como señal de que estamos vivos.

Si queremos cambiar algo debemos parar un segundo a mirar cómo lo puedo hacer, si sigo corriendo en la rueda del hámster nada va a cambiar, y sólo conseguiré agotarme. Perdamos el miedo a parar, a desconectar de verdad, a ser. Reconciliémonos con nuestra esencia, porque volviendo a las palabras de Catón, nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo.

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

¿Te ha parecido interesante este artículo?

Suscríbete para recibirlos directamente en tu mail

¡ME SUSCRIBO!!