No sé si recordáis vuestra etapa escolar, bueno, tampoco es que yo tenga unos recuerdos muy precisos de aquella época, han pasado unos cuantos años, pero sí me acuerdo de una asignatura que era “lectura y comprensión”, obligatorio aprobarla para pasar al siguiente curso.

Si la memoria no me falla correspondía a 5º de EGB, es decir, que tendríamos unos diez  u once años, y la maestra Pepita lo dejaba muy claro, si queréis pasar de curso no podéis tener faltas de ortografía, y vuestra lectura y comprensión de los textos que leéis debe ser apta.

En aquella clase había 40 niñas, y ahora me pregunto si hemos sido las únicas que aprendimos a escribir sin faltas de ortografía y entender y poder resumir lo que leíamos, porque hoy en día parece que a nadie le explotan los ojos al ver un texto con faltas de ortografía, hay incluso quién dice que “no es para tanto”, o como dice un amigo mío, “a mí si me echan de menos me da igual que sea o no sin hache” .

Pues señores, no es así, que una cosa es que te digan que te echan de menos, pero a la hora de escribirlo no da igual, de hecho, si la ortografía les parece un disparate, ¡dispárate! ¿A qué no es lo mismo? De tontería pasamos a suicidio, pues eso es lo que estamos haciendo en la actualidad con la comunicación, hemos llegado a la era dónde la asignatura pendiente en cualquier ámbito es la comunicación, escrita, verbal, emocional…bueno, no, la comunicación visual sí ha mejorado, Instagram y Pinterest dan buena prueba de ello.

Lo que sucede es que estamos dando mucho poder a las campañas de marketing con una comunicación visual, nos entra por lo ojos, pero la base de la comunicación pasa por el habla y la escucha, y la escritura nos permite expresar lo que con palabras a veces nos cuesta decir, no por pudor, más bien porque la escritura ordena nuestra cabeza y permite que reflexionemos lo que queremos transmitir.

¿Y por qué me aventuro a hablar del suicidio de la comunicación en la era de la comunicación?, pues porque cada vez nos comunicamos peor. Las nuevas tecnologías nos han llevado a estar conectados en todo momento con todo el mundo, y al mismo tiempo desconectados de nosotros mismos o de las personas que tenemos al lado.

Estamos más pendientes de lo que pasa fuera de lo que ocurre a nuestro alrededor o dentro de nosotros, y no sólo eso, nos ha abducido la idea de que los demás deben vernos siempre felices, comiendo y disfrutando en los lugares más chic del mundo. Llegamos a un punto donde la imagen es más valiosa que la palabra.

Y ¿por qué digo todo esto?, porque en un momento en el que disponemos de todos los medios posibles para comunicarnos, nos hemos olvidado de leer, la escritura no es que haya perdido valor, es que ya no sabemos leer, o sino díganme ¿qué significa leer en diagonal?.

Esta cuestión lleva tiempo rondándome en la cabeza, resulta que tú escribes un email con todo detalle para que la otra persona no tenga dudas y pueda operar según unas instrucciones y cuando te das cuenta de los errores, fallos, malos entendidos que ha originado tal email compruebas que el destinatario se lo ha leído en “diagonal”, la confirmación de lectura ya no significa nada, ahora debemos incluir la opción de leído y comprendido, porque ya asimilado es pedir demasiado.

Pues así vamos, cabreados todo el día porque uno se ha currado con detalle un escrito para que el otro acabe obligando al primero a que se lo explique todo de nuevo porque se lo ha leído en diagonal, y ya no quiero entrar de dónde se leen esos mensajes, si mientras conduces, o cuando estás en un semáforo, o cuando vas caminando, o mientras comes…cualquier momento es bueno para leer, bueno, para leer en diagonal, porque después está la cuestión que cuando hacemos dos cosas al mismo tiempo ninguna sale bien, es fácil tener accidentes, porque nuestra concentración no puede estar al 100% en dos temas distintos, aún no he descubierto ningún cerebro capaz de hacerlo, y me refiero a tareas que requieran concentración, y leer es una de ellas.

Bueno, puede ser que mi evolución a los cambios no sea la adecuada, y deba aprender a leer en diagonal, es probable que me ahorre mucho tiempo, ya se lo robaré al que me ha escrito para que me lo repita de nuevo, como es el tiempo del otro no es valioso para mí.

Sí, creo que si le dedicásemos a cada cosa el tiempo justo y necesario para realizar esa tarea todo funcionaría mejor, en nuestra vida y también en el trabajo, porque a fin de cuentas si alguien lee en diagonal el mensaje que da es que eso no era importante, o que no sabe leer, o que no le interesa lo que lee…¿no?

Si han llegado hasta este punto gracias por dedicarme unos minutos, gracias por su tiempo, confío que esta reflexión nos permita leer de nuevo las cosas con toda su atención. Sé que ustedes son unas personas atípicas, prefieren leer un post, un periódico, tocar el papel, y han leído un texto de casi mil palabras sin dibujos ni emoticonos, confío que también aprecien este grito de cordura y respeto a la palabra escrita, pero no sólo eso, sino al placer de tomarse su tiempo para disfrutar de la lectura. Leer en diagonal suena a obligación, y es mejor disfrutar de las cosas, también de la lectura.

 

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

 

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