¿Te cuesta tomar decisiones? Aunque no lo creas, constantemente estamos tomando decisiones, algunas las tenemos tan automatizadas que ni somos conscientes de que en un momento dado hemos tomado una decisión y seguimos fiel a ella. Imaginaros, hacer siempre la misma ruta de casa al trabajo, comer a la misma hora, levantarse siempre por el mismo lado de la cama, ducharse con agua caliente…

Este modo inconsciente y automático es lo que conocemos como hábitos, un día tomamos una decisión, nos va bien, y a partir de ahí siempre hacemos lo mismo, para el cerebro es cómodo, y a nuestro cerebro le gusta ahorrar energía, por eso ante una cuestión nueva, en la que debemos tomar una decisión nos comienza a doler la cabeza, ¿qué hago? ¿qué decisión tomo si no sé lo que va a suceder?

Miedo, ansiedad, agobio… son emociones que pueden surgir porque nos enfrentamos a algo nuevo, y cuando no estamos seguros de que el resultado sea positivo o beneficioso para nosotros somos capaces de posponer esa decisión hasta que el hecho ocurre por si solo, y después aparece la frustración e impotencia por no haber actuado antes. Yo siempre digo que no tomar una decisión, o posponer una decisión, en sí, ya es una decisión.

En nuestra cultura los errores y fracasos son aspectos negativos, y por eso nuestro cerebro ha aprendido a asociar el dolor con las decisiones equivocadas. El estigma social existe, y por ello, nos volvemos temerosos al tomar cualquier decisión, a menos que estemos seguros de que vayamos a tener éxito.

Nuestra obsesión por no errar o evitar al máximo las consecuencias negativas, hace que nos convenzamos de que si tenemos todas las piezas del puzle podremos montar la estrategia perfecta y evitar el dolor/fracaso. Así que seguimos recopilando datos, analizando, preguntando a otras personas su opinión, esperando el momento perfecto para pasar a la acción.

Y como nos dice la física cuántica, hasta que no colapsamos una posibilidad tomando una decisión, todas coexisten al mismo tiempo. Todo es posible, lo bueno y lo que imaginamos malo también. Nunca habrá un plan perfecto. Pero la ironía, es que la tensión y el estrés que soportamos al no tomar la decisión, son los mismos que tratamos de evitar al escoger la opción equivocada.

En las empresas ya es una norma la demora en la toma de decisiones, desde que se tiene un problema/reto/proyecto, se recopila información, se buscan proveedores, se piden presupuestos, se analizan las propuestas, etc… hasta que se pasa a la acción pueden pasar meses e incluso años. No se dan cuenta que la falta de acción es ese espacio donde desaparecen las oportunidades, tanto de rectificar como de progresar, porque la competencia ya nos habrá adelantado, no seremos innovadores, pasaremos a ser seguidores del que tomó primero la decisión.

Las empresas necesitan tomar decisiones constantemente, además deben ser rápidas para poder avanzar y posicionarse mejor que la competencia, por eso es un peligro buscar la perfección a expensas de la decisión, aprendemos tomando decisiones, aunque sean malas. Demasiado análisis nos lleva a la parálisis, así que, aunque sea necesario y muy recomendable tomarse un tiempo para evaluar la mejor opción, después debemos pasar a la acción, porque la ciencia de la implementación es más importante que la ciencia de la decisión.

Yo os puedo decir que he aprendido más cosas desde que comencé mi aventura en Humanas que en cualquier MBA que haya en el mercado. Y sí, soy humana, me pasé años con la idea hasta que la saqué de la cabeza al papel “plan de empresa”, después estudié para saber cómo crear una empresa, y cuando quería comenzar apareció el vértigo, ¿y si esto sale mal?

Me lanzo o no me lanzo, ¡no tengo red de seguridad!, así que no me quedaba otra que confiar en que me saliesen “alas” para volar. Y sucedió, os podría contar miles de fracasos en este tiempo, pero tendría que cobraros, porque ese es mi éxito, sé dónde están los “baches y piedras” del emprendimiento, y una persona que no lo haya intentado sólo puede divagar sobre cómo será el camino, pero no conoce ni su potencial ni ha demostrado la valentía para andarlo, así que para mí tendrá poco valor todo su argumentario.

Por todo esto, es más importante hacer las cosas correctas en el momento oportuno y lo suficientemente bien, que hacer las cosas incorrectas bien, o las cosas correctas demasiado tarde. ¡Hay que atreverse a actuar!. Tenemos demasiado miedo al coste, tanto en tiempo como en recursos a la hora de tomar decisiones que no estamos seguros de que funcionen, y más en los proyectos nuevos.

Lo que no nos hemos planteado es el coste de no hacer las cosas, o las cosas correctas, es el llamado “coste oscuro”, y se llama así porque no se mide, y para que una empresa sea sostenible debemos minimizar este coste, cuando no tomamos decisiones estamos incrementando este coste, cuando no damos respuesta a los problemas que surgen en nuestra organización también lo incrementamos.

No temamos a equivocarnos, reformulemos lo que es el éxito, porque el fracaso simplemente es no intentarlo, y el camino recorrido se llama experiencia. Cuantas más decisiones ejecutes, aunque no tengas éxito, al menos te abrirán nuevos caminos. Sino recordad como respondió Edison a un periodista que le recriminó que había cosechado casi mil intentos fallidos antes de dar con el filamento de tungsteno: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”

Así que vuelvo a plantear la pregunta inicial, ¿te cuesta tomar decisiones? ¿Te cuesta apostar por las empresas saludables? No tengas miedo, en Humanas te ayudamos a disipar tus dudas y a liberar de obstáculos el camino, confía en nuestra experiencia, la de los éxitos y la de los fracasos.

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

 

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