Tener un buen ambiente de trabajo es muy importante para mejorar la productividad de la empresa. Esta idea no necesita ninguna explicación. Todos estamos de acuerdo con ello. Pero ahora llega el aspecto complicado. ¿Cómo lo conseguimos? ¿Qué hay que hacer para que al levantarnos por la mañana tengamos ganas de ir a trabajar?

No tengo la solución, o al menos una solución unívoca que funcione en todos los sitios. Pero en muchas ocasiones me he parado a reflexionar sobre el tema observando mis propias reacciones y las de personas cercanas que nos rodean. Deseamos que al llegar al trabajo tengamos un ambiente amigable, sano, divertido. Poder decir “buenos días” y que se nos responda con otro “buenos días”.

Parecen cosas sencillas, pero no lo es tanto. Cada persona es un mundo. Cada día es una circunstancia distinta. No todos los días tenemos el mismo humor o las mismas preocupaciones. Incluso nuestro estado de salud influye. La relación entre los compañeros del trabajo es algo que en bastantes ocasiones dista mucho de la amistad. ¿Y esto es malo?

Para mí no lo es. Voy a hacer una pequeña confesión. La principal motivación que yo, personalmente, tengo para ir a trabajar me la encuentro al final de mes en forma de retribución económica. Es lo que me permite vivir, comprar comida, pagar el alquiler y la hipoteca, irme de vacaciones, etc. Esto no quita para nada que me guste lo que estoy haciendo y que lo haga con la mejor de las voluntades e intenciones. Sé que de mi trabajo dependen también otras personas y, por ello, deontológicamente lo hago lo mejor que puedo. Pero, he de reconocer que el sueldo motiva mucho. Y sospecho que a muchos de mis compañeros de trabajo también. ¿Entonces, cómo puedo estar hablando del valor intangible de crear un buen ambiente, cuando lo que más nos preocupa es lo económico? Puedo hablar de esto porque una cosa no está reñida con la otra.

Un buen ambiente de trabajo se puede crear de muchas maneras.

La educación al entrar o salir, un café a media mañana, en algunas empresas llegaron a poner salas de juegos en las oficinas… y un punto muy importante. El reconocimiento del otro como compañero, como persona. Ser compañeros en el puesto de trabajo significa ser responsable de mi labor en cuanto afecta a todo el equipo. Significa ayudar a otro porque eso es ayudar a todos. Alegrarme con los éxitos de todos porque también son éxitos míos. Simplemente, trabajar todos en la misma dirección y con el mismo sentido.

¿Esto significa que en el trabajo todos tenemos que ser amigos?

Pienso que no necesariamente. A mis amistades las elijo yo y ellas me eligen a mí. Los compañeros de trabajo somos un grupo que, en muchas ocasiones se ha formado por las necesidades del momento. Puede ser que hubiera que realizar un encargo y se requiriera contratar a varios especialistas distintos. O bien que por motivos de reorganización y reubicación de personal en los departamentos hemos acabado todos juntos. Son circunstancias, pero que nos obligan a realizar nuestras funciones lo mejor posible para que el equipo funcione y el trabajo sea efectivo.

¿Entonces, qué pasa con la amistad?

Simplemente que no es necesaria. Si a mí me preguntas que prefiero en mi trabajo, si compañeros o amigos, yo te digo que compañeros. Alguien con quien poder compartir los esfuerzos, las ideas y también los sinsabores del trabajo. Alguien en quién poder confiar para que todo salga bien. Por poner un ejemplo: en caso de que nos tuviesen que realizar una intervención quirúrgica a corazón abierto y tenemos un amigo cardiólogo, pero que solo uno más del departamento. El gran cirujano es el jefe del departamento, y es una persona un poco huraña. ¿A quién preferiríamos para que realizase la intervención, a nuestro amigo o al mejor del equipo? Yo creo que todos preferimos al mejor, aunque no sea nuestro amigo. Preferimos trabajar con la persona que puede asegurarnos que logramos los objetivos.

Tampoco quiero despreciar el valor de la amistad en el trabajo. Es muy importante crear un ambiente amable y amigable para que nuestro trabajo sea cada día más reconfortante. Pero pienso que es más importante crear un ambiente de respeto por los demás, de colaboración activa y de trabajo en equipo. Porque, en definitiva, si somos buenos compañeros, acabaremos siendo amigos. De aquí el Valor Añadido de la Amistad. Es muy difícil trabajar codo con codo con la misma persona cada día y no interaccionar con ella. Al final nos acabaremos interesando por su vida, su familia, sus preocupaciones y hasta por sus vacaciones.

La amistad surge de la relación, y el cariño que genera esa amistad surge de la confianza en la otra persona. Si yo confío en mi compañero acabaré apreciándolo como amigo.

Vidal Garrido. Filósofo y Responsable de RSE

 

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