Sabemos bien que tener la moral alta no es lo más fácil del mundo. Nuestro estado de ánimo depende de factores genéticos y de cómo vemos la vida. Y, por supuesto, de las cosas que vivimos, que nos pasan, que nos afectan.

No hay quien sea inmune a los malos días, pero sin duda hay costumbres que ayudan a que tengamos una sonrisa desde el momento en que nos levantamos hasta irnos a dormir. Veamos entonces cinco pautas para vivir con más serenidad.

Pauta 1: Dar las gracias
Aunque parezca como algo forzado, empecemos el día, aún en la cama, dando las gracias. No hace falta explicarnos el porqué. Repitamos varias veces (no te pongas a contar, sino te concentras en la forma y no el contenido) ‘gracias’ con voluntad y alegría. Y si una vocecita interna nos pregunta por qué lo estamos haciendo, respondemos ‘porque sí, gracias por preguntar’. Dar las gracias afloja los sistemas de defensa del ego y nos abre el corazón.

Pauta 2: Atender a las palabras
Prestemos atención a cómo hablamos, a las palabras que utilizamos, al color de las palabras, a la energía que estamos transmitiendo a través de nuestras palabras. ¿Estamos comunicando buenas emociones? ¿Confianza, bondad? ¿O estamos transmitiendo miedo, desconfianza, juicio? ¿Estamos hablando bien o criticando? No solamente nos afecta lo que comemos y lo que escuchamos: también nos afecta lo que decimos, porque lo escuchamos desde adentro.

Pauta 3: Prestar atención a los demás
Prestemos atención a las señales de los demás, a lo que nos entregan a través de sus actos y sus palabras (o silencios). Si nos hacen sentir mal, tengamos consciencia que lo que nos están entregando es lo que tienen, es sufrimiento. No aceptemos este sufrimiento como un ataque, sino simplemente como una ofrenda.

Observemos qué es y cómo pasa a través de nosotros y emitamos un pensamiento positivo y transformador sobre este sufrimiento: que vuelva a la Tierra para ser transformado. Y que la persona que me lo ha entregado (bajo la forma de la ofensa o del maltrato) vuelva a tener amor en su vida, para así ser capaz de entregar amor en lugar de sufrimiento.

Pauta 4: Pensar en la vida
Pensemos un instante en lo que es la vida. La vida es lo que pensamos que sea. No hay una definición objetiva o válida o mejor. La vida es una experiencia. En realidad, lo que yo llamo como ‘mi vida’ es en realidad ‘mi experiencia’ de algo inmenso y que nos abraza a todos.

Entonces mi experiencia tiene que ver con mi postura, con mi actitud, con mis expectativas. Puede ser una total miseria o una total maravilla. O un punto entre las dos. Y este punto lo marcas tú. Y no lo marcas según las cosas te vayan bien o mal, lo marcas según lo quieras o no lo quieras. Y donde quieras. Una frase muy potente para pronunciar cada día: “Podrán matarme, pero no podrán impedir que muera riendo.”

Pauta 5: Aprovechar el tiempo
Presta atención a quien entregas tu tiempo. Tu tiempo no es infinito. Siento decírtelo, pero es limitado. Y mucho más de lo que pensamos. Al pasear por la última planta de un hospital, te darás cuenta de que es casi un milagro poder envejecer en salud. Así que… ¿dónde estás poniendo tu valioso tiempo? ¿En un libro que no te aporta nada? ¿En una relación tóxica? ¿En alcohol, droga o tabaco? ¿En un videojuego? Tú decides. Pero si ves claro que estás tirando a la basura el precioso tiempo de tu maravillosa vida, actúa. No pierdas más tiempo. Actúa antes de que un deseo se transforme en un lamento. Tu tiempo es tuyo y de nadie más.

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones


¿Te ha parecido interesante este artículo?

Suscríbete para recibirlos directamente en tu mail

¡ME SUSCRIBO!