Desde el momento en que empieces a leer este post hasta el momento en que acabes, ya no serás el mismo. Las células de nuestro cuerpo mueren y son sustituidas continuamente, nuevas sinapsis se establecen o fortalecen mientras otras se debilitan y desaparecen. Como entidad biológica morimos y renacemos parcialmente cada día muchas veces, a la vez que nos reconfiguramos neuronalmente.

Nunca volveremos a ser la persona que fuimos ayer. ¿Cómo podemos pretender entonces mantener un estado inalterable y no abrazar la secuencia de la vida que es el cambio? Tal y como ya dijo Heraclitus “el cambio es la única constante en la vida” (535 AC- 475 AC), es lo único de lo que podemos estar seguros y que debemos integrar en nuestras vidas.

Diferentes factores nos impulsan a abrazar el  proceso de cambio

Encontramos diferentes fuerzas que impulsan el cambio en el contexto actual. La naturaleza de la fuerza laboral se ha diversificado, consta ahora con una mayor pluralidad cultural, una población envejecida, y muchos nuevos trabajadores con aptitudes que no se adaptan a lo que requiere actualmente el mercado.

Los avances tecnológicos han automatizado y extinguido muchos trabajos en cadena poco cualificados a la vez que han hecho aparecer otros más complejos y dinámicos como el de mantenimiento de redes sociales o diversificaciones aplicadas de la ingeniería. Hemos experimentado altibajos económicos  como el ascenso, auge y caída de las empresas.com, colapso del mercado accionario en 2000-2002, crisis económica mundial del 2008 o el boom de las startups y el emprendedorismo de hoy en día.

Por otro lado, la competencia en el mercado también se ha transformado, ahora hay más competidores globales, fusiones y consolidaciones, así como un gran crecimiento del comercio electrónico y del software. Nuevas tendencias sociales como la jubilación de los baby boomers, la cohabitación en el trabajo de generaciones con visiones diferentes del trabajo, los emprendedores y el nacimiento de la marca personal o la socialización a través de los socialmedias son ejemplos de esto.

Se debe tener también en cuenta la turbulencia política mundial de los últimos 20 años, como la guerra entre Irak y Estados Unidos, la apertura del mercado en China, la guerra contra el terrorismo después del 11 S del 2001 y los diferentes desafíos y frentes que dotan de inestabilidad e incertidumbre sociopolítica el momento actual.

En definitiva, el cambio es un agente presente en nuestra vida.

Entendiendo el cambio para hacerlo nuestro

Analizando los diferentes tipos de cambios que se dan en la vida, Watzlawik los divide en dos tipos. Los cambios tipo I y los cambios tipo II.

Los cambios tipo I, como los llama él, son aquellos cambios que suponen una diferencia de un “momento A” a un “momento B”, pero sin cambiar necesariamente nada del fundamento o esencia del agente cambiante. Estos pequeños cambios o parches son bastante significativos, pero no suponen realmente un cambio sustancial o cualitativo de la situación inicial. Ejemplo de esto podría ser una empresa que decide implantar una formación como respuesta a una problemática detectada a posteriori.

Por otro lado, el cambio tipo II es un cambio de paradigma. Se trata de una transformación revulsiva que suele tener por efecto la conversión total del sistema que realiza el cambio. Este cambio estructural, podría ser el de una organización que cambió por completo sus fundamentos y valores, creando así otro sistema nuevo con diferentes políticas y modos de entender el negocio y a las personas.

Como vemos tenemos muchas razones por las cuales cambiar. Entonces, ¿qué es lo que motivará que un cambio se produzca o no? Según Beckhard podemos entender la intensidad del cambio a partir de la siguiente fórmula (A+B+D) = C, en que:

  • A: representa el nivel de Insatisfacción con la situación actual.​    
  • B: es la significación y el nivel de interés personal hacia la meta o cambio a la que se pretende llegar.
  • D: Factibilidad del primer paso para encarar el cambio.​  

Una vez sumadas estas tres variables, el total ha de ser inferior a C.

C:​ Los costes que supone realizar ese cambio.

A modo de ejemplo podemos pensar en el caso de un empleado que decide no ascender a gerente, ya que ni su nivel de insatisfacción en su puesto actual es tan alto, ni le gustaría desarrollar funciones de coordinación de equipo. De hecho evalúa que para ascender tendría que realizar una formación y muchos cambios en su agenda que no serían sencillos de hacer. En este caso plasmamos como la fuerza de las tres variables no consigue vencer a los costes que supondría el cambio y decide quedarse en su posición actual.

En Humanas te ayudamos a aplicar los principios de la salud organizacional. Tu organización podrá avanzar con una base más sólida basada en el bienestar laboral lo que os ayudará a crear un entorno de trabajo extraordinario y mucho más productivo. Os ayudará a creer en el cambio.

Cristian Díaz Gifra. Alquimista de la Felicidad & Psicólogo en Humanas Salud Organizacional

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