Los especialistas en Recursos Humanos o en Gestión de Personas debaten sobre la experiencia del empleado, sobre cómo retener el talento y cómo hacer más compatibles las nuevas necesidades de disponibilidad y de accesibilidad de los empleados a la gestión de sus tareas desde cualquier parte del mundo y a cualquier hora. Todo ello siendo conscientes de que esta disponibilidad de horarios conlleva una intromisión de la vida profesional en la vida personal y se buscan soluciones imaginativas para hacerlo posible.

Analicemos la situación. El desempeño diario de labores profesionales requiere la necesidad de gestión de las labores personales. Es un principio ineludible, esencial para garantizar una estabilidad emocional mínima. Sabemos hacerlo: desarrollamos las funciones y responsabilidades, esas que tenemos muy bien descritas (o no) en las áreas de recursos humanos, con nuestras funciones y responsabilidades en nuestro ámbito personal. Y lo hacemos de forma natural. Pero algo tan sencillo como esto se complica hasta el infinito. ¿Por qué? ¿Por qué apagar el móvil de empresa, o incluso no disponer de él, se está vislumbrando como la única solución que garantice este equilibrio?

Falta de desconexión por problemas laborales

En ningún puesto que conozco, ni siquiera en aquellos que son más industriales con tareas muy concretas, las personas que lo desarrollan (porque son personas) desconectan y se olvidan cuando salen de su puesto de trabajo. Las distintas actividades, las interacciones entre equipos y entre áreas conllevan conflictos de intereses o distintos modos de ver la realidad. Todo ello conduce a la disparidad de opiniones y no hay tiempo para tratar los temas y la jerarquía se impone. Si esta imposición no es entendida ni aceptada, las emociones que se generan no son sanas y nos acompañan por el resto del día e invaden nuestro entorno.

En muchas ocasiones, gracias a realizar una llamada posterior para preguntar por una segunda opinión o poner en común la problemática surgida, se adopta una nueva solución. Puede que sea una llamada fuera de horario pero es la que permite resolver ese conflicto que quedó patente en tu horario laboral.

En otras ocasiones, la solución al problema llega sin pensar en ello. Por ejemplo, viviendo otra circunstancia fuera del ámbito de conflicto se vislumbra la solución. Y ese es el momento de aportar la solución. Ese y no otro.

Líderes transformadores

Mantener la compatibilidad entre la vida personal y profesional en equilibrio, en su justa medida, sin dejar de lado ningún aspecto es la buena solución. Para ello es necesario crear relaciones sanas y de confianza. También disponer de líderes responsables, que diferencian lo esencial de lo que no lo es, que promueven la responsabilidad en el resto de líderes de su entorno, que dan valor a la actividad laboral pero también a la vida personal, que planifican, que cumplen o revisan si es necesario la planificación, que se hacen responsables de los errores, de la necesidad de cambios, que respetan los acuerdos, que predican con el ejemplo, que son coherentes. En definitiva, líderes transformadores. No nos engañemos, son estos los líderes que necesitamos.

En esta situación no es necesario abogar por una desconexión digital. No es necesario apagar el teléfono del trabajo si sabemos que solo se empleará para algo realmente urgente o necesario o para resolver algo que precisa mi opinión. No podemos olvidar que somos una parte más de la organización, somos necesarios, somos importantes. Por ello, solo con coherencia podremos avanzar hacia un bienestar laboral y personal real.

En el mundo digital en que vivimos se incorporan medidas de control para garantizar el uso “sano” de la tecnología. Se miden las horas de utilización del ordenador, las horas en las que se envían y contestan los correos y se detecta quien se está saltando protocolos de desconexión. Pero… ¿estos controles no están promoviendo precisamente la pérdida de flexibilidad?

Construcción de valores

La coherencia, la responsabilidad, la confianza, el valor, el respeto a mi interlocutor, a los equipos, a la familia, a mis amigos… Esos valores no los va a dar ningún control diseñado en una máquina. Esos valores son humanos y son los que debemos promover en las organizaciones para construir una realidad sana.

No busquemos más una solución digital en la gestión de las relaciones. Construyamos buenas relaciones y gestionemos a los equipos desde la coherencia. De esta forma, el compromiso está garantizado y, con él, los resultados. ¿Qué más podemos pedir?

Y tú, ¿eres coherente o necesitas la desconexión digital?

Begoña Sánchez Aguadero – Experta en la integración de la Salud Organizacional en los Procesos de Gestión de las Empresas


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