En el post de esta semana vamos a ver cómo podemos crecer formando futuro en nuestra organización.

Seguro que a lo largo de nuestra vida nos hemos encontrado con momentos en los que nos vienen a la cabeza propósitos de mejora personal que luego con el tiempo se quedan solo en eso, simples propósitos. En la mayoría de los casos fracasamos en nuestro intento porque queremos llegar a la meta saltandonos todo el proceso.

Lo anterior se podría extrapolar directamente al día a día de nuestra organización. La mayoría de las compañías buscan grandes cambios, sobre todo a nivel de productividad, a bajo coste y esto es prácticamente imposible.  Como pudimos ver en el post “Liderazgo y Cultura Preventiva” si queremos crecer debemos ser conscientes de que tenemos que hacer que las cosas sucedan.

Proyectando el futuro, ¿oportunidad o trampa?

Una de las características que más nos diferencia del resto de animales, es nuestra fijación por planear el futuro. Tomamos muchas decisiones del presente considerando cómo estas nos pueden afectar en nuestro porvenir.

Es cierto que, como animales sociales, dependemos de nuestras interacciones con los demás para vivir en comunidad, y tener en consideración a las otras personas en un escenario probable, nos es muy útil para la convivencia.

De acuerdo, somos capaces de inhibir impulsos primitivos al valorar sus consecuencias futuras. Pero, ¿esto es una virtud o una trampa de la evolución?

Desde luego nuestra vida sería mucho más tranquila si nos limitásemos a cumplir el tantas veces dicho “Carpe diem”, pero bajo ninguna circunstancia debemos focalizar el sentido de nuestra vida en el futuro. De lo contrario, sería como volver a la edad media, en que la sociedad sacrificaba su presente esperando que el mundo del bienestar llegara después de una vida de sufrimiento y penurias terrenal.

Volviendo a nuestros días, vemos como muchas personas se atormentan continuamente sopesando las consecuencias de sus actos. Indecisas en las pequeñas cosas de la vida, estas personas se bloquean totalmente cuando deben encarar una decisión importante como decidir la profesión que quieren realizar, la creación de una familia o trasladarse y salir de su zona de confort. Son víctimas del planteamiento del mejor futuro posible.

Sin embargo, debemos valorar la libertad que nos deja el hecho de no ser víctimas de nuestro aquí y ahora. Saber que nuestras acciones tienen repercusiones a largo plazo nos hace ser capaces de las más grandes de las hazañas. Nos hace ser Humanos.

La trascendencia de nuestros actos

Ejemplos claros de estas acciones que buscan repercutir en el futuro son las manifestaciones de los trabajadores que salen a la calle a pedir una reforma laboral que les tenga en consideración, o las declaraciones y tratados de las naciones sobre la conveniencia de cuidar el medio ambiente amenazado, las ONGs y asociaciones que buscan mejorar algún aspecto concreto de la sociedad en la que vivimos, la creación de una empresa que confíe en su aportación a un mundo mejor más allá de su propio lucro lícito, o incluso, una huelga de hambre como hizo Mahatma Gandhi, en la que él mismo se privó de una necesidad básica como es el comer, pensando en la repercusión positiva que podía conseguir para todo el pueblo indio.

Esto nos lleva a un punto crucial. La trascendencia de nuestros actos. El identificar que nuestra tarea o cometido puede trascender el momento presente, y conseguir que esto afecte a un gran número de personas, nos hace estar motivados e identificados con nuestra tarea.

La psicología evolutiva nos muestra que, de manera natural, llegamos a un momento en la vida en que nos importa mucho esta trascendencia de la que hablamos. Lo paradójico, es que esta consideración de la trascendencia llega en el atardecer de la vida, en la senectud, cuando el ruido de nuestra vida comienza a cesar y nos escuchamos y sentimos lo que realmente es esencial. Es en ese momento en el que nos centramos en difundir a los que nos importan, nietos, hijos, amigos, vecinos, las enseñanzas aprendidas tras un largo camino. Es en ese momento en el que nos regalamos a los demás pensando en contribuir a un futuro mejor que nosotros mismos no disfrutaremos, en ese momento abandonamos nuestro ego.

Poco a poco, y a partir de poner en amenaza al planeta, nos hemos dado cuenta de la importancia de la trascendencia de nuestros actos y estamos aprendiendo a prevenir y cuidar lo que tenemos, pensando en un futuro sostenible. Esa es la lógica que radica en la política de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), pues además de demostrar la competencia y conciencia estratégica de la empresa, nos muestra un aspecto de identificación y compromiso con el futuro del mundo. No olvidemos que en un mercado tan masificado y dinámico, el aspecto RSE puede ser el punto diferencial respecto a la competencia.

El alineamiento con uno Mismo: una nueva oportunidad para las empresas

La trascendencia se potencia cuando lo que se proyecta se percibe como genuino, cuando estamos actuando con coherencia y cohesionados con los valores que nos resuenan.

Como decimos, en la base se encuentran los valores, alma o esencia que algunos llaman. Esa gasolina interior que al ser genuina no se apaga nunca, es la que nos debe motivar en la dirección de nuestras acciones. Un mensaje emitido desde esta posición es potente, convence y transmite autenticidad a quien lo recibe.

En el mundo empresarial, esto se concreta a partir de la definición de los valores, la misión y la visión del planteamiento de negocio. Las mejores empresas son aquellas alineadas con esto y actúan estratégicamente siguiendo esta brújula.

Humanas Salud Organizacional, está convencida de la necesidad de ayudar a las empresas a escucharse y alinearse con su propia esencia. Sabiendo la dirección, podemos forjar estrategias que nos lleven hasta allí disfrutando el camino a ser andado.

Vemos como fundamental que nuestro trabajo deje un escenario futuro de organizaciones saludables, que en oposición al paradigma que nosotros heredamos, ponga a las personas en el centro de su foco. Que nuestro legado no fuera el mejor, no quiere decir que debamos perpetuarlo. Es más, debemos ser críticos y mejorarlo tanto como podamos, de manera que demos ejemplo a las próximas generaciones de que los avances y visiones críticas sirven para mejorar la situación presente. Tenemos el poder de cambiar las cosas, y ante nosotros el gran privilegio de poner las primeras piedras que sirvan de base a este cambio de visión más Humana.

Cristian Díaz Gifra. Alquimista de la Felicidad & Psicólogo Organizacional

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