Dice el adagio popular “el trabajo es salud”, pero ¿es realmente saludable el trabajo?

Antes de responder esta pregunta recordemos lo que actualmente entendemos por salud. Desde 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define, no solo como la ausencia de enfermedad, sino que considera la salud como un bienestar global, tanto a nivel físico, como a los niveles psíquico y social.

Podríamos decir que la salud es un resultado que trasciende la atención exclusiva a lo físico, ampliándola hacia la capacidad de las personas para responder y adaptarse al medio en el que viven, donde trabajan y se relacionan. Contemplado así, nos damos cuenta de que la relación de las personas con su entorno constituye un importante ecosistema del que dependerá su bienestar global y por tanto su salud.

Indicadores de buena salud

Todos tenemos la capacidad natural de percibirnos sanos y manifestar ese estado saludable en todas las áreas de nuestra vida, incluida la relación con los demás. Estos son los indicadores de una buena salud que no precisan de análisis clínicos ni chequeos médicos, sino de una sincera reflexión del bienestar que sentimos física, anímica y socialmente.

Los indicadores de una buena salud son:

  • Abundancia de vitalidad
  • Fortaleza física
  • Niveles altos de energía
  • Equilibrio emocional
  • Una mente aguda
  • Curiosidad e interés por la vida
  • Buena disposición a la relación social
  • Conducta de autocuidado personal
  • Deseo de disfrutar la vida

No somos máquinas ni podemos vivir aislados. Los seres humanos somos seres sociales. Esta es una característica muy significativa de nuestra condición humana, lo cual quiere decir que somos sensibles y que reaccionaremos de un modo o de otro a las emociones que sienten los demás. Nuestro diseño biológico incluye esta capacidad (neuronas espejo) y supone un avance evolutivo muy importante. Tengamos en cuenta que naturalmente los seres humanos nos agrupamos, nos ayudamos y nos relacionamos para poder sobrevivir, tanto desde un punto de vista puramente físico como desde el afectivo.

La importancia de las relaciones en la salud

Para desarrollar la habilidad de establecer relaciones sanas con las personas es imprescindible que, además de tener cubiertas nuestras necesidades básicas (alimento, descanso, vivienda, seguridad), hayamos podido estructurar un buen autoconcepto de nosotros mismos, que desarrollemos el sentimiento de pertenencia al grupo donde estamos y que podamos confiar en él. Solo así es posible dar lo mejor de nosotros mismos, ya sea que hablemos de la vida en general o del entorno laboral en particular.

El trabajo sí puede ser una fuente de salud y contribuir no solo a nuestra autorrealización sino al bienestar de los demás.

Sabemos que en general el entorno nos afecta y que nosotros afectamos al entorno en el que vivimos. Y en el ámbito laboral no es distinto. El bienestar de todas las partes redundará en beneficios compartidos. Podríamos decir que el trabajo es salud cuando la empresa es un entorno saludable, y no nos estamos refiriendo solo a la salubridad de los espacios, sino al conjunto de medidas enfocadas a proporcionar el bienestar de todas las personas que constituyen una empresa.

Sobra decir que cuando todas las partes de una empresa trabajan comprometidas en objetivos comunes de bienestar, el resultado desborda abundancia para todos. Ese es el gran potencial que tenemos como seres humanos.

¿Qué podemos hacer por el bienestar en el entorno laboral?

En Humanas apostamos porque las empresas sean precisamente, más humanas. Hacemos coherente lo que nos define como seres humanos, estimulando el potencial de la buena relación entre todos.

Los líderes que implantan acciones que desarrollan esta visión, están convencidos de que el foco debe ponerse en las personas, cuidándolas y apoyándolas, escuchando sus necesidades y sus aportaciones, empleando su conocimiento y todo su potencial. Esta disposición a optimizar el mejor de los recursos de la empresa (las personas que la conforman), permite orientar los cambios en los procesos y hacer posible la mejora constante de la organización.

Al mismo tiempo, el trabajador tiene también grandes posibilidades de contribuir a su bienestar personal y al bienestar de la organización. Desde el cuidado personal, con hábitos saludables de alimentación, descanso y ejercicio, que están directamente relacionados con el mantenimiento del bienestar físico y anímico, hasta la importantísima gestión de sus emociones, la actitud mental positiva y el desarrollo de buenas relaciones personales.

Debemos ser inteligentes en un amplio abanico de áreas.

  • Atender nuestra inteligencia personal (autocuidado) para ser y estar saludables. Esto supondrá un compromiso por un estilo de vida y hábitos sanos de alimentación, de ejercicio y de descanso.
  • Desarrollar nuestra inteligencia social para establecer interacciones adecuadas con las personas con las que compartimos el espacio de trabajo.
  • Poner especial atención a la comunicación y la manera en que nos comunicamos.
  • Capacitar la inteligencia emocional y asegurar así la autonomía personal tan necesaria en la convivencia y la comunicación.

Desarrollar estas estrategias es la inversión más rentable para que el ecosistema trabajador-empresa sea saludable y permita así obtener las ganancias que para todas las partes se derivan. En Humanas te ayudamos a implementarlas en tu empresa. Si quieres que te acompañemos para ser una empresa saludable, contáctanos.

Lola Noguera – Terapeuta y coach de salud.


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