Ayer, 28 de abril, además de las elecciones generales, celebramos el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el trabajo. Es un día instituido, tanto por la Organización de las Naciones Unidas como la OIT (Organización Internacional del Trabajo), para concienciar a la sociedad de que trabajamos para ganarnos la vida. No para perderla en algo tan «absurdo» como un accidente o una enfermedad laboral.

Un siglo de vida

El Día de la Seguridad y Salud en el Trabajo se celebra desde 2003, aunque la OIT cumple este año un siglo de existencia. Fue entonces cuando, a consecuencia de la Primera Guerra Mundial y del Tratado de Versalles, se creó una organización para el estudio, la organización y la defensa de los derechos laborales con intención de universalizarse.

Esta organización se concibió con una estructura tripartita. Forman parte de ella, por un lado, los gobiernos. Por otro, los sindicatos y, finalmente, las patronales de cada estado miembro. Así, en 1919 se creó la OIT como ente independiente. Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial fue asumida como una estructura más de la Organización de las Naciones Unidas.

Su punto de mira ha estado en la consecución de una justicia social y laboral a la vez que unos entornos de trabajo más seguros y respetuosos con las personas. Por eso, a lo largo de todo este siglo de historia, ha impulsado convenios, ha promovido políticas y ha alentado a todas las fuerzas sociales a unirse para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores.

25 años de ley de prevención de riesgos

Desde mi perspectiva, con muchos años de experiencia como técnico de seguridad en la construcción, he de afirmar que la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales marcó un antes y un después en la Prevención de Riesgos Laborales. Esta dio un marco normativo a las obligaciones y derechos de cada uno de los miembros de este complejo mundo laboral. Desde entonces hasta ahora han pasado casi 25 años.

La siniestralidad laboral, al menos en mi sector, ha descendido. Quizá no tanto como sea deseable, ya que una simple vida perdida en el trabajo es mucho como para banalizarlo y reducirlo a un simple número o a una estadística. Sin embargo, se ha conseguido reducir los índices de siniestralidad de forma considerable.

También hay que reconocer un pequeño detalle coyuntural. Hace diez o doce años, la construcción en España era uno de los grandes motores de la economía. Absorbía una gran cantidad de población laboral que, sin una gran formación, se sentía atraída por la posibilidad de ganar dinero fácil. La crisis generó que muchas de estas personas acabasen fuera del sector. También, con el tiempo, se ha podido invertir más en la formación y, sobre todo, en la concienciación de los trabajadores.

¿Cómo es el trabajo en prevención?

Yo digo muchas veces que mi misión no es trabajar con hormigón, sino con personas. Mi función en una obra es que podamos celebrar la inauguración de la misma todos los que asistimos a la colocación de la primera piedra. Es decir, que no falte nadie porque a causa de un accidente se haya quedado por el camino. Por eso afirmo que mi trabajo, más que técnico, es pedagógico. Es explicar los procedimientos de trabajo, razonar el porqué de las leyes, coordinar empresas y trabajos y, en algunos casos, poner paz entre distintos grupos de “intereses enfrentados”.

El trabajo en prevención tiene sus alegrías y sus desencuentros. Muchas veces se nos ve desde los equipos directivos como los frenos a la producción que “da de comer a la empresa”. Desde los trabajadores como «los policías que los persiguen para que se pongan sus equipos de protección”.

Pero también nos da la oportunidad de conocer a todos los trabajadores (y trabajadores son tanto el personal técnico como los obreros) por su nombre. Nos permite interesarnos por su situación personal y por sus necesidades. Necesitamos el feedback de los trabajadores para mejorar en las medidas preventivas y procedimientos de trabajo. También necesitamos conocer la planificación que hay prevista desde los equipos directivos para adelantarnos a las necesidades del trabajo.

Prevención de riesgos: una carrera de fondo

El trabajo en prevención es creativo y motivador en su lado más positivo. En su lado más negativo, tiene el hándicap de que, cuando ocurre un accidente, todo el esfuerzo se ve eclipsado por ello. La responsabilidad del técnico es tal que parece que no ha hecho nada en todo el tiempo y es el único culpable, tanto moral como civil y penalmente.

Y esto abruma mucho. Hasta el punto de que el trabajo en prevención no suele ser muy duradero. Hay que tener vocación para continuar porque llega un momento en que se sopesa que lo que se está jugando es mucho: puesto de trabajo, vida familiar, responsabilidad penal (con prisión incluida).

En estos 100 años de existencia de la OIT hemos avanzado mucho: jornada laboral de 8 horas, regulación del trabajo nocturno, regulación del trabajo de menores, etc. También en estos casi 25 de entrada en vigor de la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales. Pero todavía nos queda mucho por hacer.

Otra frase que suelo decir yo es que la prevención es «una carrera en la que cuanto más corres, más lejos está la meta». Pues cada logro conseguido, cada mejora introducida, solo es un paso más en el camino de adquirir una justicia social que acoja a todos.

En Humanas trabajamos en la prevención de riesgos laborales con un método de evaluación de riesgos psicosociales propio y exclusivo que combina técnicas cualitativas y cuantitativas. Con él sabemos cómo influyen los factores de riesgo en la salud de los trabajadores y en los resultados económicos de la empresa. Solo así, podremos comenzar a tomar las medidas oportunas.

¿Hablamos?

Vidal Garrido del Castillo – Filósofo e ingeniero. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales.


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