Yo soy una persona que suele levantarse con la radio. Una radio generalista que desde primera hora de la mañana suele ser de corte informativo.

Siempre decía: “me gusta levantarme sabiendo lo que ha pasado en el mundo”. Pero últimamente no sé si quiero hacerlo. Cada día hay una noticia nueva sobre casos de corrupción, violencia y falta de razón. Tanto que pienso que “la ignorancia es un paso en el camino de la felicidad, o al menos de mi felicidad”.

Se nos comenta que la cosa va a mejor, pero yo veo a mi alrededor que la gente sale del mercado laboral y tarda en volver a entrar o ¡no vuelve! Y mientras tanto hay tarjetas negras en los bancos, alcaldes que tienen buenos amigos y los “cuidan”, sindicalistas que organizan ERE’s para jubilar a sus colegas con menos de 50 años…

Estos días de noticias desesperantes, lo primero que se me vino a la mente fue el manifiesto con título imperativo “¡Indignaos!”. Pero, ¿más todavía? No. YO NO PUEDO INDIGNARME. Ya lo estoy. Ahora, ¿qué me queda por hacer?.

Pudiera parecer que la expresión indignado se parece a indigno, pero esto es un error. Tienen distinta raíz latina. Indignado proviene de Indignari y en castellano viene a ser irritar a alguien, mientras que indigno tiene su origen en Indignus: que no tiene mérito. Como se ve, son de orígenes distintos, pero aún así a mi me viene bien realizar el juego de palabras para indicar mi estado de ánimo.

YO NO PUEDO INDIGNARME, porque yo no puedo, ni quiero, ni me permito a mi mismo ser indigno.

Todo lo que estamos viviendo ahora es proviene de una meritocracia que hemos conseguido porque hemos dado más valor a la acumulación sin sentido, que a mirarnos a nosotros mismos. Y cuando nos hemos mirado nos hemos encontrado tan vacíos, que una enfermedad de las más importantes en el siglo XX y XXI es la depresión.

No, YO NO PUEDO INDIGNARME. Porque si me irrito, me enfado, este enfado no me dejará ver las soluciones.

Stéphane Hessel escribe su manifiesto “¡Indignados!” cuando tiene 93 años. Da la casualidad que cuando yo escribo esto tengo la mitad, 47. Hessel hace un repaso a lo que ha vivido y ha luchado. Es un manifiesto de una persona mayor que mira para atrás y quizás siente que su lucha ha sido en vano porque han ganado los de siempre.

Yo, en mi situación puedo decir que estoy en la mitad. A mi edad pienso que me queda por vivir tanto como lo que he vivido. En el punto en el que estoy puedo mirar tanto para adelante como para atrás en mi vida y decir que no me arrepiento de lo que he hecho y quiero que el resto de mi vida sea igual. No puedo indignarme, mi vida ha de ser DIGNA. Digna de un ser como yo, con mi personalidad, con mi identidad, con mis seres queridos. Y nadie puede quitármelo.

Por eso yo os digo, Dignificaos. Haced de vuestra vida cada día un poco más digna, no vaya a ser que la indignación, el enfado, os transforme en seres oscuros, tristes y sobre todo una réplica de estos seres con los que estamos indignados. Ese es su poder, el que nuestro enfado, nuestra irritación nos paralice y nos haga justificar el refrán que dice “Quien roba a un ladrón, cien años tiene de perdón”. No, porque entonces ambos seremos ladrones. Tenemos que ser dignos porque solo así podremos salir del bache en el que estamos. Y en realidad para salir solo tenemos que cooperar, darnos la mano unos a otros y salir. No hay que tirar piedras como en Gamonal o montar barricadas. Cuando Martin Luther King organizó su movimiento en Montgomery, con toda la dignidad del mundo les dijeron a los blancos, no queremos vuestro autobús. Vamos andando. Sin violencia, sin tomar por asalto los derechos civiles (o el cielo), sino que dejando claro a toda la comunidad y sobre todo a los privilegiados, que sus privilegios eran tales por el trabajo de todos.

Seamos dignos, porque esa es la única manera de prosperar. El ser humano es, ante todo, individual. Pero solo nos reconocemos como humanos cuando nos encontramos cara a cara con “el otro”, en el cual nos vemos reflejados. Somos individuos pero nos hacemos personas en sociedad. En el trato mutuo.

Seamos dignos de ser re-conocidos por quienes tenemos alrededor.

Seamos personas orgullosas de serlo. Hagamos que los demás estén orgullosos de conocernos. Pongamos nuestro granito de arena en un mundo mejor, dignificaos!.

Vidal Garrido, Filósofo.

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