El tema del duelo en las empresas. Aix que feo, aix que duro!

Hace dos años y medio escribí un artículo  sobre el duelo en las empresas. El tiempo pasa y compruebo, por las historias que escucho, que no ha cambiado nada desde entonces.

Haré un poco de repaso, para ponernos en situación.

Muerte no es el contrario de Vida. Es el contrario de Nacimiento.

Nacimiento y Muerte componen lo que definimos Vida.

Pero la Vida no es nuestra vida. La Vida es un evento cósmico enorme y magnífico independiente de nosotros en el cual participamos. ¿Y cómo participamos en este evento? Accedemos a él a través de lo que denominamos Nacimiento, salimos de él a través de lo que denominamos Muerte.

Por lo tanto el evento “muerte” se merecería la misma atención y devoción del evento “nacimiento”. En nuestra cultura no es así. Los nacimientos se celebran con risas y lágrimas. Las muertes se aguantan con lágrimas y posiblemente no se celebran.

Ahora bien, vamos a ver: las empresas son organizaciones, son espacios físicos y mentales donde varios seres humanos se unen para llevar a cabo un proyecto, un trabajo, alrededor de 7/8 horas al día, si no más.

Sacando las horas de sueño -alrededor de 7/8 horas- el tiempo invertido en el “trabajo” resulta ser entonces la mitad de lo que indicamos cómo “vigilia”. O sea que el tiempo invertido en el trabajo es muy importante. Siempre repito que tendría que ser un tiempo que apoye a las personas en su proceso de desarrollo humano, de crecimiento interior, de visión espiritual de la vida. Y sí, esto no tendría que ser una utopía, tendría que ser una realidad, creo que ya hemos salido de los años ‘80 del puro materialismo, o me equivoco? 😉

Entonces, ¿porque es tan complicado pensar de montar un sistema, protocolo, dinámica de respuesta activa humana a todo evento de muerte que se produzca en la empresa?

No estoy hablando de nada del otro mundo.

Estoy hablando de tener listo un protocolo humano, con sentido, de lo que es bueno hacer (o no hacer) cuando un compañero nuestro sufre la perdida de la pareja, de una hija o de un hijo, de uno de los padres, de una hermana o un hermano.

Si te preguntas si de verdad hace falta un protocolo cómo este, te aseguro que hay empresas de grandes dimensiones que no tienen ni idea de eso y que dejan que toda respuesta al evento sea casual, imprevista, a menudo confusa y capaz de crear más daño que orden.

Cómo crees que se puedan sentir unos padres que pierden un hijo cuando, al volver al trabajo, se dan cuenta que nadie, a parte unos pocos íntimos compañeros del mismo departamento, sabe lo sucedido? Te lo digo yo: es cómo si su hijo muriera cada vez que les preguntan si ha pasado algo, si les preguntan si las voces que han oído son verdad, si los evitan en los pasillos porque no tienen idea de cómo hacer, de lo que hay que decir, de cómo hay que mover los ojos y la cabeza…

Estoy hablando de un protocolo humano, donde con un pequeño esquema y una formación sencilla y agradable, se le enseña a las personas a sentir más que a pensar. A decir lo que sienten, más que a decir lo que creen que sería correcto. A sentirse cómodos con el dolor interior, con la empatía, con la vida real.

Hace poco un directivo de una importante empresa se disculpó porque se puso a llorar en mi consulta. “Lo siento” me dijo “es que soy débil, últimamente me emociono mucho.”

“Todo el contrario” le dije. “Fuerte es quien llora. Fuerte es quien sabe sentir el dolor en el corazón. Fuerte es quien se cae y se esfuerza para levantarse. Fuerte es quien acepta. Fuerte es quien se transforma. ¿Débil? Débil es quien esconde el Amor detrás del Miedo. Débil es quien odia mientras podría amar. Débil es quien cree que puede controlarlo todo cuando en realidad no podemos controlar casi nada que tenga a que ver con la vida de verdad.”

Sonrió. “Gracias, de corazón.” me dijo.

Yo apuesto para unas empresas auténticas y sinceras, unas empresas que valoran las personas auténticas y sinceras, capaces de reír y de llorar, de trabajar duro y lograr resultados, a la vez que capaces de abrazar y decir “estoy” con una mirada, capaces de transmitir amor con una sonrisa, capaces de dar valor humano a las organizaciones.

Una organización que tenga el valor de permitirse vivir un duelo es cómo una empresa que tenga una guardería en su interior. Yo apuesto que el presente futuro es de estas empresas, empresas humanas. Empresas donde las personas vienen antes que el producto, antes que el servicio que ofrecen.

 

 

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones

 

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