En las últimas semanas están apareciendo en los distintos medios de comunicación los datos del absentismo de 2018. Igual a alguno le sorprende que siga incrementándose. A mí digamos que me llamaría más la atención que la tendencia fuese a la inversa cuando en realidad se está haciendo muy poco para que la situación mejore.

Hay pocas empresas en España que tengan entre sus valores la salud de sus trabajadores. De hecho, la salud solo aparece en el 11% de las empresas del Ibex 35. Así que el resultado del incremento del absentismo es acorde a la implicación de las empresas con el tema. No prestamos atención a lo importante: la salud. Solo miramos el EBDITA.

Las empresas se preocupan el 90% del tiempo en crear procesos específicos para el trabajo diario. Todo lo que sea producir más y vender más le dedicamos el tiempo que haga falta. Es el objetivo de toda empresa, claro. Pero rara vez las empresas se enfocan en crear procesos para generar culturas laborales saludables.

Toxicidad y absentismo: círculo vicioso

Una empresa saludable lo es a todos los niveles. Cuando tienes trabajadores sanos y comprometidos es imposible que tu organización vaya mal. Pues el resultado del bienestar de tu plantilla es la sostenibilidad de tu empresa en el tiempo.

Ahora bien, cuando tu empresa no es saludable, el binomio absentismo y empresa tóxica nunca falla. Podrás tener una cuenta de resultados acorde con los objetivos planteados. Eso sí, a costa de la salud de tus trabajadores, no gracias al compromiso de tus trabajadores y su bienestar. Por eso los índices de absentismo, rotación y siniestralidad se disparan.

Llegados a este punto entramos en un círculo vicioso del que es difícil salir. Una empresa tóxica con altos niveles de absentismo no es competitiva. El absentismo conlleva un impacto directo sobre la productividad y los costes empresariales. Por lo tanto, deja de ser sostenible en el tiempo y mientras se puede convertir en una empresa más tóxica. E incluso acabar desapareciendo.

Dar un giro de timón e invertir en una cultura saludable requiere otra visión, solo para valientes. Y es así porque trabajaremos en el corto plazo para tener resultados en el largo plazo. Y, claro, esto a cualquiera que presente resultados mensuales, trimestrales, anuales… ¡le parece una locura! Así que seguimos con lo que conocemos: apretar un poco más.

El coste del absentismo

La inmediatez nos mata. Pensar en salvar la cuenta de resultados despidiendo a gente y machacando a los que quedan es la clave del fracaso. Pero no solo eso, sino que es sinónimo de sumar gente tóxica a la sociedad. Dicho de otro modo, incrementar el gasto sanitario debido a las bajas por depresión y ansiedad. Por cierto, este coste ascendió en 2017 a 23.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, el 2,2 % PIB nacional.

Por otro lado, el informe de Ranstad Research revela que las bajas laborales costaron 14.400 millones de euros en salarios y prestaciones en 2018. El pasado año se produjeron 5,2 millones de procesos de bajas médicas de trabajadores por padecer una enfermedad común, lo que supone un aumento del 12,7%.

Además, según AMAT, las prestaciones por incapacidad temporal pagadas por la Seguridad Social a los trabajadores que estuvieron de baja el pasado año ascendieron a casi 7.500 millones de euros, lo que supuso también casi un 13% más. Y a esto hay que sumar otros 6.900 millones de euros que pagaron directamente las empresas en salarios de los trabajadores durante los primeros 15 días de baja, un 9,7% más que el año anterior.

Pero no acaba aquí el coste del absentismo. También repercute en el coste de oportunidad, es decir, el coste en términos de producción de bienes y servicios que se dejaron de realizar. ¡El coste que nos cuesta tanto calcular a las empresas! Pues bien, según AMAT, se elevó hasta los 70.741,4 millones de euros.

Sumando los tres costes (prestaciones de la Seguridad Social, bajas cubiertas por empresas y el coste de oportunidad), el importe ascendió el año pasado hasta los 85.140 millones de euros, un 10% más que en 2017.

Ni en mis mejores estimaciones, cuando comencé con Humanas en el 2013, habría predicho que el absentismo aumentaría un 56,6% en estos años. Sabía que seguiría aumentando y de ahí nace Humanas. Mi propósito es ayudar a otras empresas a frenar la tendencia del aumento del absentismo. Sin embargo, todos estos años me ha costado trasladar que se necesita una transformación cultural en la empresa para poner solución a esto. Eso sí, con los datos que acabamos de ofrecer tenemos las pruebas para todos los escépticos que no apuestan por crear empresas más humanas.

Consecuencias del absentismo

Lo que sí sabemos son las consecuencias de este elevado absentismo. Entre ellas, la merma de la competitividad empresarial, el encarecimiento de los costes para el propio sistema de la Seguridad Social y la ralentización de la evolución de la economía española. Y todo por no disponer de una cultura saludable y más humana en las empresas.

Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de plantear posibles medidas estructurales a nivel de gobierno. No obstante, mientras no tengamos una estabilidad política que permita plantear soluciones a largo plazo sin interferencias de los partidos contrarios (la salud de la sociedad debería ser un valor en cualquier ideología política), las empresas han de poner en marcha planes de mejora de absentismo.

Desde Humanas podemos ayudarte a promover un cambio cultural en tu organización. Se trata de gestionar el absentismo de una forma novedosa hasta ahora. Apostamos por reeducar a toda la plantilla en el concepto de salud y te acompañamos en todo el proceso de transformación cultural. Nuestro objetivo es reducir tus niveles de absentismo y aumentar tu competitividad gracias al bienestar que se genera en la organización.

La parte positiva de todos estos datos que te ofrecimos hoy es que el cambio siempre es posible. Nuestra experiencia y casos de éxito con otras empresas avalan nuestro modelo de trabajo. Cuando quieras comenzar, aquí estamos.

Mónica Seara – CEO Humanas Salud Organizacional


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