El tema que vamos a abordar hoy es de estas cuestiones de las que cuesta un poco hablar, ya que según como se viva o las experiencias que tengamos diremos una cosa u otra, para mí lograr el equilibrio entre vida y trabajo ha sido y sigue siendo todo un reto, de hecho, uno de los objetivos que me planteo al crear Humanas es demostrar que conciliar es posible, eso sí, posible y fácil muchas veces no van de la mano.

Durante muchos años trabajé para grandes empresas dedicadas a la ingeniería civil, en distintos puestos de trabajo, pero siempre “a pie de obra”, este dato es importante, porque aquí comenzaban las limitaciones a la hora de conciliar. Dentro de la misma empresa no es lo mismo estar en una oficina, que tiene un horario pautado, a estar en obra, que sabes cuando entras, pero no cuando sales…y bueno, lo que te dicen es que va con el puesto y la responsabilidad, siempre aparece alguna coletilla para decirte que ¡vas a hacer más horas que un tonto!

La realidad de la conciliación

La cuestión es que todos los años que me he pasado trabajando en obra civil nunca he podido conciliar, ni sé lo que son 3 semanas seguidas de vacaciones, los plazos de entrega siempre van por delante de la vida privada, de hecho, esto lo aprendí el primer año de obra.

Tuve la brillante idea de pedir vacaciones en verano, encajando dos semanas con las vacaciones de por aquellas mi marido. Las vacaciones se pedían meses antes, pero cuando se acercaba la fecha había mucho trabajo, y yo como pude adelanté todo lo que estaba en mi mano, pero a mi jefe no le pareció suficiente, me fui de vacaciones y a la vuelta tenía la carta de despido en la mesa.

Aquí comprendí lo poco que valoran toda tu implicación, trabajo, dedicación…y cómo somos capaces de “fastidiar” al otro cuando no sabemos gestionar nuestro tiempo y trabajo simplemente por esa cosa de que si yo tengo que “pringar” el otro también. Esta fue mi primera experiencia con la conciliación, las otras tampoco fueron mejores, acepté que las vacaciones serían cuando mi jefe quisiera, esa era la realidad y punto.

 

¿Eres eficaz o eres presentista?

Hubo un momento en mi vida que todo cambió, seguía trabajando a pie de obra, pero decidí hacer ese horario que tenía firmado en mi contrato, eso sí, sin eludir ninguna de mis responsabilidades. Cuando unes una obra y el trabajo de prevención, el hecho de tener responsabilidad penal hace que seas siempre muy profesional, pero esta vez lo gestioné de otro modo.

Tuve que soportar moobing, comentarios despectivos cada vez que llegaba la hora y me iba para poder conciliar, soportaba situaciones muy desagradables simplemente por hacer mi horario.

Ahora bien, esta vez la motivación no era ser la mejor en mi trabajo, o demostrar que era buena en lo que hacía, tenía suficiente confianza en mí misma y en mi profesionalidad que sabía que no podían llamarme la atención en este sentido, y de hecho los comentarios simplemente indicaban que las otras personas estaban fastidiadas porque no se atrevían a hacer su horario.

No digo que trabajasen más que yo por pasar más horas en el trabajo, yo promovía la eficiencia y ellos el presentismo, son modos de trabajar distintos, y evidentemente crean fricciones en el trabajo cuando no se comparten. La motivación que me llevó a ser más sensata con mi vida, y romper de una vez esa creencia de que no se puede conciliar vida personal y profesional era muy sencilla, ¡Mi salud es más importante!

¡Concilia, tu salud es más importante!

En ese momento me habían diagnosticado células precancerígenas, debía operarme, y cuando estaba en el hospital para hacerme las pruebas de quirófano me explicaron que estaban haciendo un estudio sobre unos linfocitos, NK, que sospechaban que algunas personas desarrollaban y se “comían” las células cancerígenas…primero miraban si tus características eran aptas para el estudio, y después al comprobar que así era me explicaron que si quería participar del estudio no me operaban y me revisaban cada 3 meses para ver si me curaba sola, si las células mutaban o crecían pasaba directamente a quirófano.

La verdad es que a mí el tema de quirófano no me agrada nada, así que acepté ser su “cobaya” para el estudio, eso sí, asustaba porque no sabes lo que va a suceder, e igual lo que en el minuto uno es pequeño y operable después se convierte en mortal.

Estaba convencida de que me iba a curar, ahora bien, para eso debía trabajar, tenía que estar sana, feliz, para que mi sistema inmune ganara la batalla…así que hice lo que hasta ese momento no me había atrevido, ¡Conciliar!

Así aprendí a conciliar yo

Me daba igual que me echaran de la empresa, mi salud era más importante, y con esa fuerza y motivación ideé un plan. Cumpliría con mi trabajo y con mi horario, en el trabajo debía reírme, disfrutar, y conseguir que los demás también estuvieran bien…al salir de trabajar iba al gimnasio, quedaba con mis amigos con los que me sentía bien, con los que reía, los amigos que secuestran la energía no los necesitaba en ese momento, prefería estar sola a compartir malos rollos…

Me armé de valor para alejar todo lo que no me aportaba nada positivo en mi vida, y me empecé a rodear de lo que sí lo hacía…y creé ese escenario en el que la armonía impera en tu vida, no digo que sea sencillo, sólo que hay que proponérselo y trabajar en ello.

Cada uno de nosotros tendrá su motivación, la mía era muy de peso, curarme era mi objetivo, y así ¡Aprendí a conciliar! Y no sólo eso, empecé a ser consciente de que con voluntad, paciencia, trabajo y confianza puedes conseguir todo lo que te propongas…el día que salí del hospital con el alta médica confirmaba esta idea, había establecido prioridades y tuve la oportunidad de experimentar por primera vez lo que era la conciliación.

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

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