Encontrar el deseado equilibrio entre vida personal, familiar y laboral muchas veces no es sencillo. La pregunta es, cuántos intentamos conciliar y cuántos recurrimos a la excusa del trabajo para evitar pensar o hacer cosas que no queremos, porque no nos engañemos, el trabajo también es un buen escudo para evadirnos de nuestra vida cuando no nos gusta, o para sentirnos importantes, “¡tengo mucho trabajo! La empresa se hundiría si yo falto”.

Algunas personas se identifican con su trabajo, tanto que su identidad pasa por ese puesto, y tienen pánico a que esto cambie porque no sabrían quiénes son en realidad. De hecho ¿cuántos suicidios hay cuando uno pierde su puesto de trabajo? No es que asuste perder el trabajo, asusta perder el trabajo cuando el trabajo lo es todo para ti, es tu mundo, tu identidad… Aquí poco vale que la empresa ponga todo de su parte para conciliar, porque no va contigo, tu vida no tiene sentido sin ese puesto, y es uno mismo quien renuncia a vida personal y familiar, con todas las excusas posibles, y porque mimetizarse con un cargo es peligroso.

La cuestión de este asunto es que estamos ante el pez que se muerde la cola. Cuando tienes mucho trabajo no tienes tiempo para pensar hacia dónde vas o qué quieres, y puede que en algún momento de tu vida esta opción te vaya bien. Yo misma, cuando me divorcié, notaba que el trabajo me permitía no pensar, y tampoco tenía tiempo de llorar…lo que no me imaginaba en aquel momento es la velocidad con la que el tiempo pasa. Esa rueda de hámster sólo hace que te canses sin llegar a ningún lado, por lo que muchas veces por no querer afrontar un problema o situación delicada en el minuto uno después se convierte en algo más complicado de resolver, porque nos da aún más miedo parar la rueda y hacernos preguntas.

“Muchas veces por no querer afrontar un problema o situación delicada en el minuto uno después se convierte en algo más complicado de resolver”

Las señales de que eres un workaholic

Os habéis preguntado alguna vez ¿qué es lo más importante para vosotros en vuestra vida?, es muy probable que sí, y que me digáis, la salud, la familia, los amigos, el trabajo…y lo más seguro por ese orden, porque si lo pensáis y queréis poner el trabajo en primer lugar, cuando aparezca la salud os daréis cuenta de que primero necesitáis salud para trabajar, y es cuando la lista pasa a tener lo que se puede llamar un orden “natural”. Ahora la segunda pregunta, ¿cuánto tiempo dedicáis en vuestro día a día a cada uno de esos aspectos importantes para vosotros? Podéis colocar ahora la lista con ese orden de más a menos horas. Asusta ¿verdad? Lo que es más importante para ti queda en último lugar, y por eso no paramos, porque no queremos ver nuestras incongruencias tan de cerca.

El trabajo es necesario, es una dimensión más de nuestra persona, y nos ayuda a crecer y realizarnos en gran parte de los casos. Lo que no debemos perder de vista es que es un medio y no un fin, y aquí no me estoy refiriendo a las personas que no tienen sustento y como tal su finalidad sí es tener un trabajo para poder vivir, porque precisamente estas personas distan mucho de los workaholics, que es a quién dedico estas letras, ya que cuando estas personas no concilian y además, al tener puestos de responsabilidad, hacen que el resto se vea obligado a seguirlas en su adicción, de lo contrario dirán que no están comprometidos con la empresa.

Conciliar vida familiar y laboral

Las empresas tienen la obligación moral (la legal ya existe: Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Y Ley 39/1999, de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras) de facilitar medidas de conciliación a sus trabajadores, flexibilidad horaria, teletrabajo, banco de horas, facilidad para cambio de turnos, reducción de jornada… Ahora bien, el trabajador también debe realizar un ejercicio de autoexamen y preguntarse si realmente le interesa conciliar. Y no sólo eso, ya que, aunque respondas que no te interesa conciliar, la siguiente pregunta es, ¿eres respetuoso con tus compañeros y subordinados que sí eligen hacerlo? Porque si así fuese no nos estaríamos planteando al igual que los franceses desconectar el móvil e email a partir de las seis de la tarde.

El teletrabajo o la flexibilidad laboral mal entendida nos llevan también a no desconectar. Lo que en el primer momento parecía una medida de conciliación acaba convirtiéndose en una condena, condenados a contestar y estar localizables a cualquier hora y en cualquier lugar. Señores, señoras, respeten el tiempo de sus compañeros, de sus trabajadores, de sus jefes…insisto, que uno no quiera conciliar no le da derecho a no dejar conciliar al resto.

“Recuerdo un viernes por la tarde que me quería ir a casa y quedaban un par de horas por delante. Había terminado mi faena, y realmente estaba pensando en que antes de llegar a casa tenía que hacer la compra, después poner una lavadora y preparar la cena para cuando llegase mi querido amado…no estaba pensando en el trabajo, sino en toda la faena que me esperaba en casa, y que me vendría genial salir antes.

Lo que sucedía es que todos mis compañeros, sí, en aquel momento era la única mujer en la oficina, estaban muy ocupados con su ordenador, lo cual también me extrañaba un viernes por la tarde, que se dejen todo el curro para la última hora. Me levanté de mi mesa y fui a cotillear en qué estaban trabajando, a ver si les podía echar una mano y salíamos todos antes, porque desde luego queda feo que una salga antes de la oficina cuando el resto tiene tanto trabajo entre manos. Resultado, estaban jugando en red entre todos, ¡por eso estaban tan concentrados!”

Cuando les pregunté, pero ¿por qué no os vais a casa si ya no tenéis nada que hacer? Sus respuestas me dejaron atónita. Que si la mujer de uno no llegaba hasta las ocho y que si él llegaba antes le tocaba hacer las cosas de casa, el otro que si estaban sus suegros en casa y no quería aguantarlos, el otro que no tenía nada que hacer y así estaba entretenido jugando… En fin, cogí mis cosas y me fui, yo sí tenía cosas que hacer, conciliar. Claro que más adelante me pregunté si mi marido hacía lo mismo, y así eludía las tareas domésticas al estar tan ocupado y después salir tan cansado del trabajo.

Conciliar depende de uno, y acabar con las formas tanto empresariales como personales que acaban limitando conciliar a los demás es una responsabilidad de todos. Aunque no olvidemos, el respeto y saber poner límites comienza por uno mismo, así que ahora vuelvo a formularte la pregunta ¿es el trabajo el que te impide conciliar?

Mónica Seara. CEO Humanas Salud Organizacional

Síguenos en @HumanasSO y Facebook. Participa en nuestro grupo de networking en LinkedIn

¿Te gustó el artículo?

Suscríbete para recibirlos directamente en tu mail

¡ME SUSCRIBO!!