Por fin ha llegado el momento, las mujeres hemos empezado realmente a empoderarnos. Sí, las redes tejidas durante décadas en la sociedad y en las empresas están creando un buen soporte para potenciar la unión entre el sector femenino para colaborar, para compartir, para apoyarse… En definitiva, para crecer juntas.

Te cuento una situación personal. Fue en una de tantas reuniones de coordinación de la dirección en las que, aunque fuéramos más mujeres que hombres, no teníamos el mismo foco de atención y, por tanto, no había una base de entendimiento. Se repetía como un déjà-vu la misma situación: cada uno defendía su visión del trabajo y no había confluencia ni sinergias.

En esa situación mi jefe me dijo: “te falta empoderamiento”. En aquel momento yo no sabía a qué se refería, la verdad. Tenía muy claro lo que había que hacer en mi trabajo, cuál era mi visión y misión, y únicamente trataba de materializarla. Pero, efectivamente, mis propuestas no se valoraban.

En busca del empoderamiento

Desde entonces, en mis relaciones profesionales y personales he estado estudiando los comportamientos para buscar referentes. Ejemplos de empoderamiento femenino. Me he encontrado con mujeres maravillosas, empoderadas y no empoderadas.

Y me pregunto, ¿esta característica personal se hereda? ¿La adquieres? ¿Te la dan los demás? ¿Cómo es posible no tener empoderamiento si has llegado a puestos altos de responsabilidad?

Desde el punto de vista teórico, el empoderamiento es un proceso (por tanto, hay entradas y salidas, junto con un procesamiento intermedio) por el que las mujeres, en un contexto de desventaja por barreras estructurales de género, adquieren o refuerzan sus capacidades. Las mujeres adquieren protagonismo tanto en el plano individual como colectivo, para participar de forma autónoma en la toma de decisiones en todas las esferas de la vida personal y social.

Simplificando el proceso, en el empoderamiento entran capacidades en un medio colmado de diferencias y se genera autoconfianza. Llego a la conclusión de que si las entradas están garantizadas, es decir, en cargos medios y altos las mujeres han llegado porque ya han demostrado sus capacidades y estrategias. Si además dichas estrategias están alineadas con las requeridas por sus organizaciones, debe ser el medio intermedio el que afecta a las mujeres y reduce su autoconfianza. Pero aún así, el medio intermedio es muy semejante en todas las organizaciones. Y, sin embargo, sigo encontrando mujeres empoderadas y otras no.

Empoderamiento femenino y autoexigencia

Creo llegar a la causa. La clave está en nuestro interior. Como en casi todo, tan diferente entre cada una de las personas. Siempre crecí con la creencia de que la mujer tiene que demostrar más que el hombre. No obstante, yo no veía que los hombres a mi alrededor me exigieran más, era yo la única que me lo exigía. Este es el error que de forma natural, hasta ahora, hemos estado repitiendo.

Si analizamos el origen de esa autoexigencia nos damos cuenta de que es únicamente nuestra, no está afuera, está dentro de nosotros. «Si no tienes al enemigo dentro, los enemigos de fuera no podrán herirte», dice un proverbio africano.

¡Qué cierto es! Los juicios, las exigencias, los reproches… están en nuestro interior, no están fuera. Cuando entiendes esto estás empoderada, así de fácil.

Este descubrimiento nos permite, por fin, confiar, perdonar, creer en definitiva en nuestro entorno, ya sea hombre o mujer. Y lo más importante, apoyarnos entre nuestro entorno femenino. Pues, por fin, nos sentimos comprendidas y liberadas.

Es ahora cuando se valora el enfoque en femenino de los negocios, no de mujeres representando papeles masculinos, sino siendo ellas mismas, con toda su amplitud. Y, para mí, lo más importante, en red, en red de confianza y estima.

Hace ya doce años, en 2007, que se aprobó la Ley de Igualdad de Género, ahora Ley de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres. No se había avanzado tan rápido como en estos dos últimos años, en los que la representación femenina en las empresas comienza a hacerse patente. No en cuanto a número, sino en una presencia femenina más pública, más activa, más participativa. Lo hace de forma conjunta, buscando organizarse de forma sistémica.

Planes de igualdad

Un paso definitivo en este avance hacia la armonía real, será la concienciación y puesta en marcha de los Planes de Igualdad en las empresas.

Hay que comenzar por hacernos conscientes de la verdadera realidad realizando estudios de diagnóstico de la situación. Es realmente importante para concienciar al tejido empresarial del estado actual y objetivo de las empresas.

Estos estudios que son la base de Planes de Acción o de Comunicación permitirán un impulso exponencial hacia un equilibrio entre lo femenino y lo masculino. Un equilibrio basado en una confianza, en un reconocimiento, en un apoyo, en un respeto y en un aprovechamiento máximo de la diversidad.

El objetivo en un futuro cercano es normalizar este equilibrio y que desaparezcan estas medidas. Garantizar la adecuada implantación de estas políticas de igualdad requerirá, sin embargo, de un tiempo de maduración, un tiempo de medir, de analizar, de corregir, de mejorar… Un tiempo en el que será necesario evidenciar ante terceros el cumplimiento real, no ficticio, de la ley de igualdad.

Planes realizados para y por hombres y mujeres de las empresas, que transformarán las empresas para hacerlas más humanas, conscientes y sostenibles. Empresas que generarán cambios en la sociedad. Eso es el futuro.

En Humanas te ayudamos en tu camino para hacer las cosas bien, desde el principio, con valores de honestidad y respeto. Diseñamos tus Planes de Igualdad. Recuerda que son obligatorios para empresas de más de 50 trabajadores. Con nuestra experiencia, conseguirás efectos positivos en toda la organización tras la implantación de la nueva estrategia. ¿Hablamos?

Begoña Sánchez Aguadero – Experta en la integración de la Salud Organizacional en los Procesos de Gestión de las Empresas


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