Esta es la definición de gourmet en Wikipedia:

“Un gourmet o gastrónomo es una persona con gusto delicado y exquisito paladar. Un conocedor de los platos de cocina significativamente refinados, que tiene la capacidad de ser catador de talentos de gastronomía al probar el nivel de sabor, fineza y calidad de ciertos alimentos y vinos.”

En mi opinión es también muchas otras cosas. Para ser gourmet en necesario cierta dosis de curiosidad, estar abiertos a nuevas experiencias, ser respetuosos con las diferentes culturas y no subestimar las opiniones de los demás.

Enamorados de la imperfección

La persona gourmet busca la perfección y a la vez entiende y acepta la imperfección. Alguna vez incluso se enamora de la imperfección porque puede dar un toque más de carácter a lo que es absolutamente perfecto. No juzga, sino que aporta comentarios constructivos para que todos tengan la posibilidad de poder crecer. Una persona gourmet aprecia y entiende tanto los platos de un tres estrellas Michelin como de recetas caseras salpicadas de esa dosis “suficiente” de tradición familiar.

Gourmet, además, no significa caro y destinado a un público reducido. Los spaghetti aglio olio e peperoncino que preparo en casa para mis amigos son deliciosos. Cada producto utilizado es de alta calidad y al final me elaboro una gran receta por unos céntimos el plato. ¿Acaso no son un plato gourmet si son tan buenos como para echar unas lágrimas?

Finalmente veo la relación entre gourmet y chef cómo una relación bilateral potencialmente muy enriquecedora. La persona gourmet crece y aprende saboreando y comiendo los platos que prepara el chef (o el cocinero de casa). A la vez el chef crece y aprende a través de los comentarios del gourmet. Finalmente, cada chef que tenga este nombre en su corazón es normalmente un gourmet: porque busca, se reinventa y pone en duda lo que ya sabe para encontrar lo que todavía no puede ver.

Cuando empecé a darle forma a este post pensaba en qué pasaría si extrapolamos la palabra gourmet a otros sectores, transformándola así en una metáfora

¿Todos podemos ser Gourmet?

Si, de verdad lo pienso, creo que todos podemos ser gourmet en algún aspecto de nuestra vida. Tal vez cuando ponemos foco y atención plena en algo, cuando nos entregamos con amor y pasión, cuando tenemos curiosidad hacía lo que todavía nos queda por aprender, cuando entrenamos nuestra fuerza de voluntad y mantenemos esa constancia para mejorar, cuando estamos dispuestos a poner en juego nuestras ideas, tal vez es entonces cuando empezamos a ser gourmet en algo.

Hay personas con un gusto exquisito por el cine, la música, el deporte, las relaciones sociales o el trabajo.

Saber disfrutar de los momentos de la vida, de cualquier momento, del silencio y de la soledad tanto cómo de un abrazo largo y auténtico, así como de una amistad te convierte en una persona gourmet de tu propia vida.

Si fueras el chef de tu propio restaurante, te gustaría que vinieran a cenar unos gourmets curiosos con muchísimas ganas de probar lo que cocinas y de ver cómo lo cocinas ¿no crees? ¿Te gustaría volver a enamorarte de cada pequeño gesto que acompaña tu arte? ¿Volver a escuchar tu música favorita incluso cuando hay silencio? Sentir dentro de ti que -sea cual sea tu trabajo- lo que haces tiene sentido en tu vida. Que puedes decidir en cada momento cuanta pasión, cuanto aliento vital y latidos poner en lo que haces.

Esto es lo que hacemos en Humanas. Somos gourmet de la salud organizacional y nos encantan las Empresas Humanas y Saludables que no tienen miedo a mostrarse por lo que son, sabiendo que -dentro de un marco de búsqueda de mejora- las imperfecciones hablan de algo único e irrepetiblemente humano.

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones

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