Donde hay intuición, hay vida.

Intuición: habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervención de la razón.

En más de una ocasión he escrito sobre la importancia de desarrollar cada uno su propia intuición. No debemos confiar excesivamente en la razón, porque la vida real no sucede racionalmente.

Un amigo abogado me dijo “a menudo no hay razón detrás de los delitos, pero siempre hay motivos».

Si vivimos confiando en lo que sentimos y somos capaces de ir al hueso de las cuestiones, ahorraremos tiempo y construiremos relaciones más auténticas y coherentes con nuestro mundo interior.

Según Gerd Gigerenzer, autor del libro «Decisiones instintivas: La inteligencia del inconsciente”, el proceso para tomar decisiones correctas no consiste en amasar una gran cantidad de información, sino en descartar intuitivamente aquella que no necesitamos. Y precisamente sobre esto va mi artículo de hoy: sobre la habilidad de filtrar la enorme cantidad de informaciones que recibimos cada día para dejar entrar solo la que intuimos que es relevante.

La intuición en un caso real

Luisa, 32 años, es una mujer dulce e inteligente, gran trabajadora. Es directora desde hace un par de años en una conocida tienda de ropa, en el centro de Barcelona, donde dirige con alegría y con corazón a casi treinta colaboradoras. Hay buen clima, buen rollo, buenos números. Y valores que la empresa declara con fuerza en la comunicación interna.

Más allá de los buenos resultados económicos, Luisa siente que está en el lugar adecuado porque le encanta estar con las personas y le gusta ayudar a los demás a estar contentos en la vida y en el trabajo. Luisa siente que como jefa puede hacer mucho para las personas que trabajan con ella. Habla con cada una de ellas y aprovecha un café, una comida o una pausa para estar con ellas. Las conoce una a una y ha instaurado una relación de auténtica confianza.

Así hasta enero de este año, cuando el director regional de la empresa le dice que para hacerla avanzar la van a mover de la tienda donde está, de absoluto prestigio, a un local en un gran centro comercial.

A pesar de las palabras, está claro que no es para nada un avance, se parece más a dar un paso atrás. Al cabo de unos días se entera que la nueva directora es sobrina de otro director regional. «Casualidades», me comentaría luego Luisa irónicamente.

Pero… no le queda otra que aceptar.

En la nueva tienda las cosas no empiezan exactamente bien. Luisa acaba de llegar y el equipo no lo ha formado ella. Entre las seis nuevas colaboradoras hay la persona que hasta ayer dirigía el equipo y que de golpe se ha visto arrancada del puesto. A ella le dijeron que el cambio se daba “porque sí».

Luisa confía, sigue adelante con la sonrisa y mordiéndose la lengua en varias ocasiones. Espera ganarse la confianza del equipo y demostrar a la empresa que habrá buenos números allí también. De paso, descubre que está embarazada. Está feliz. Esto le da más fuerza todavía para luchar por sus ideales.

Una mañana de marzo, Luisa sale del bar de siempre con su café americano en la mano, a un par de manzanas de la tienda. Mismo recorrido de siempre. Un hombre de 45 años que acaba de salir de su piso en Sant Gervasi, va despacio y mirando su móvil en vez de la carretera. Literalmente no la ve y la atropella.

Luisa se cae al suelo. Duro golpe a la espalda y a la cadera. Pierde el bebé.
Después de tres meses de baja, quiere volver al trabajo pero tiene que asumir que le cuesta quedarse de pie mucho rato, así que tiene que volver a darse de baja.

El director regional le asegura que la empresa, por su política, no echa a ninguna directora, pero al mismo tiempo le dice que son demasiados meses de baja y que a la vuelta no tendrá el mismo lugar. Hará el trabajo que haga falta hacer. En la empresa el espíritu de sacrificio se valora mucho. O sea, que la preparan amablemente para un buen periodo de mobbing.

Luisa ha pasado ahora cuatro meses en casa. Ha sufrido mucho dolor emocional por la pérdida del bebé. Ha sufrido mucho dolor físico por los golpes recibidos y las secuelas en un par de vértebras. Se ha preguntado quién quiere ser, qué vida quiere vivir, con qué tipo de personas quiere compartir su tiempo y a qué tipo de empresa quiere entregar las horas de su vida.

La razón con el entusiasmo del pasado le dice que tiene que aguantar y volver darlo todo para su empresa.

La razón con el miedo del futuro le dice que lo que gana ahora tal vez no lo vaya a ganar en ningún otro sitio.

La razón con la rabia le dice que ella lo puede todo y va a demostrar a todo el mundo que es fuerte y lo logrará.

Luego respira. Se queda en silencio. Me mira, se emociona y me sonríe.

Acaba de tener una intuición. Clara, límpida, cristalina, fuerte.

Ya puedes imaginar lo que pasa después.

Gestión de personas

Desde Humanas esperamos que esta historia real te pueda ayudar a tomar las decisiones que te indica tu intuición, tanto en tu vida profesional como personal.

Por otra parte, si eres responsable de gestión de personas o de un departamento de Recursos Humanos, replantearte si tratas de manera «humana» y sana a tus empleados y empleadas.

Podemos diseñar tu estrategia de gestión de personas para crear una empresa saludable que incremente su rentabilidad.

¿Hablamos?

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones


¿Te ha parecido interesante este artículo?

Suscríbete para recibirlos directamente en tu mail

¡ME SUSCRIBO!