En nuestras páginas del blog le dedicamos muchas entradas y mucho tiempo al asunto de la felicidad.

Evidentemente, lo hacemos desde nuestro campo, que es el de la perspectiva laboral. Nos hacemos muchas preguntas: ¿Podemos ser felices en el trabajo?; ¿Qué tenemos que hacer para trabajar y gestionar unas empresas felices?

Lo curioso es que éste es un reflejo de la sociedad en la que vivimos, que busca una situación, un estado en la vida que pudiera considerarse de tranquilidad, paz y armonía. La gente busca la felicidad en su vida, aunque en muchas ocasiones no sepa, en realidad, qué es lo que quiere.

¿Qué es la felicidad? Es tan difícil de definir, que no lo voy a hacer. Ni siquiera, como en otras ocasiones, me voy a remitir al diccionario de la Real Academia. Su definición se queda corta por ser muy técnica y concisa. Pero, para un filósofo, la felicidad es importante. Es un motor de la vida humana. De la misma forma que las emociones nos impulsan, la felicidad es un objetivo que todos tenemos, aunque no sepamos cómo alcanzarlo. Y mucho menos en un ambiente tan estereotipadamente hostil como es el laboral. ¡Si es difícil ser feliz en la vida, cómo no lo va ser en el trabajo! ¿De verdad? Yo creo que no.

La felicidad en la vida y en el trabajo

Se puede ser feliz en la vida y se puede ser feliz en el trabajo. Solo es una cuestión de actitud y de comportamiento. Pero el ser humano vive en sociedad, por tanto, el tema de la felicidad ya no es solamente una actitud y un comportamiento personal. Se convierte un anhelo de la persona en relación con otras personas. La felicidad, como meta individual se convierte en social al buscar: “una pareja con quien ser feliz”, el desarrollo de la propia personalidad en un ámbito familiar agradable, un ambiente laboral que permita el avance profesional. En definitiva: la felicidad es una meta personal que se adquiere en la relación con los demás.

En general, no podemos ser felices solos. Los demás nos ayudan a serlo. Pero también nos ayudan a no serlo. Cuántas veces nuestros familiares, amigos y compañeros son causa de nuestros disgustos y depresiones. Sus actitudes y hechos, intencionados o no, nos han causado dolor en inquietud. Por ello, el comportamiento personal es esencial para generar buen ambiente. Así que, podría añadir que la ética tiene mucha importancia en el camino hacia la felicidad.

La ética no es una ciencia unívoca

El primer aspecto que nos encontramos a la hora de hablar de ética es que según la propia persona que vive y se relaciona puede ser de dos tipos:

  • Ética Heterónoma. Es una ética que viene desde fuera. Los modelos de culturales son los que marcan los patrones de comportamiento de la persona sin juzgarlos.
  • Ética Autónoma. Es una ética en la que la persona asume los valores razonando su porqué y asumiendo sus principios.

Si las analizamos bien, son solo fases de desarrollo de la persona. Cuando somos niños nuestros padres nos dicen las cosas y la manera en que tenemos que comportarnos. Es más adelante cuando, nuestra madurez es mayor, que vamos comprendiendo lo que se nos dijo en su momento y lo vamos asumiendo e interiorizando. El peligro está en no pasar de una moral de los dogmas a una moral reflexionada y asumida por la persona.

La finalidad de la ética y su vinculo con la felicidad

Desde el punto de vista de la finalidad de la ética hay varios tipos, pero yo solamente me voy a quedar con tres, aunque alguien podría opinar que los que indico son solamente dos, ya que el hedonismo podría estar dentro del Edemonismo:

⇒ Ética Hedonista: los miembros de la escuela hedonista de la antigua Grecia buscaban el placer como fin de la vida. No hay que plantearse el placer como juerga y desmadre. Ese es el concepto que actualmente hemos dado al hedonismo.

El pensamiento de Epicuro iba más encaminado hacia la consecución de un estado de vida placentero, sin dolor (ataraxia) y sin miedo (autarquía), en el cuál el principio del placer fuese el que rigiese el comportamiento. Por ello podría estar englobada en el apartado siguiente, en una ética que busca la felicidad, pero yo lo he separado porque su búsqueda es individual. Se basa en conseguir el placer, el bien, la felicidad de forma individual.

⇒ Ética Eudemonística: precisamente ésta es una ética que busca la felicidad, pero se diferencia de la anterior en que procura hacerlo de forma social. El principal autor de esta ética es Aristóteles, que marca sus principios en su libro Ética a Nicómaco.

El comportamiento virtuoso de la persona ha de encaminarse a la consecución del bien y de la felicidad. Trata de temas tan importantes como la templanza, la justicia, la prudencia, la generosidad, etc. La amistad es importante para la consecución de la felicidad, ya que nos relaciona con los demás en la base del bien recíproco. Este pensamiento se convirtió en la principal fundamentación de los valores en la antigüedad.

⇒ Ética del deber (deontológica): Es la ética que nos propone Kant. Es una ética que nos lleva a comportarnos como “debemos hacerlo en cada momento”. No es totalmente una ética heterónoma como he expuesto anteriormente ya que se rige por el principio del “Imperativo Categórico” y, aunque pueda sonar muy extremo, es muy actual.

En su segunda formulación dice más o menos así: “actúa siempre de modo que el Ser Humano sea un Fin y solamente un medio”. De esta manera no se necesitan muchas normas. Solo hay que tener en cuenta el valor de la Persona y actuar en cada momento reconociendo al otro como Sujeto y como Semejante. Evidentemente, esta ética pone por delante el valor del Ser Humano ante la felicidad individual.

La amistad es importante para la consecución de la felicidad, ya que nos relaciona con los demás en la base del bien recíproco.

Ahora que tenemos un poquito más de información, ¿podemos ser felices en nuestra vida? Yo creo que es posible, pero es una responsabilidad de todos.

Y adentrándonos más en el campo de Humanas, ¿podemos ser felices en el trabajo? Os dejo una historia que espero os haga reflexionar. Me encantaría que me dierais vuestra opinión a continuación en la zona de comentarios del blog.

Un hombre habló con el Señor acerca del cielo y el infierno. El Señor le dijo a ese hombre:
– Ven, te mostraré el infierno.

Entraron en una habitación en donde un grupo de personas se encontraba sentado alrededor de una enorme olla de guisado. Todos estaban desesperados y muertos de hambre.

Cada persona sostenía una cuchara que tocaba la olla, pero cada cuchara tenía un mango mucho más largo que su propio brazo, de tal manera que no podía utilizarse para llevar el guisado a sus bocas. El sufrimiento era terrible.

– Ven, ahora te mostraré el cielo, – dijo el Señor – después de un tiempo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera, la olla de guisado, el grupo de personas, las mismas cucharas con mango largo. Sin embargo, allí todos estaban felices y bien alimentados.

– No comprendo, dijo el hombre.

– ¿Porque están felices aquí, si en la otra habitación se sienten miserables y todo es igual?

El Señor sonrió.

– Ah, es sencillo, respondió. Aquí aprendieron a alimentarse mutuamente. Es decir, mientras que en el infierno cada uno quiere comer con su cuchara y no es capaz de compartir con los demás, en el cielo cada uno piensa primero en el hermano y con su propia cuchara lo alimenta al otro.

¿Qué os ha parecido?  Espero vuestros comentarios.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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