Cada verano es un buen momento para deshacernos de malas costumbres y para adquirir nuevas. También es un buen momento para aprender algo nuevo, algo que nos vendrá útil a partir de septiembre para la siguiente etapa.

¿Te gustaría aprender a tener control mental? ¿Sabes que es? ¿Lo asocias a algo positivo o negativo? ¿Piensas en los men in black o en algún programa secreto del Pentágono?

Pues nada de teorías de conspiración global o de superpoderes de héroes o villanos de las películas. Y por supuesto, nada de técnicas para controlar la mente de las demás personas.

Con “control mental” me refiero a nuestra capacidad de ser conscientes de nuestros pensamientos y nuestras emociones para que nuestro rol en nuestra vida sea de protagonistas y no de extras. Uno podría preguntarse: ¿Y porque tenemos que controlar nuestra mente?

¿A caso necesitas una respuesta? Entonces te diré un par de cosas nada más.

La mente (y con ella el sistema del Ego) es una herramienta magnífica, impresionante, incluso brutal, considerando su potencial y todo lo que llegamos a percibir, vivir, sentir, pensar, imaginar, et cetera et cetera.. Pero es eso: es una herramienta. Tú no eres tus pensamientos. Tú tienes pensamientos. Tú no eres tus emociones. Tú tienes y sientes emociones. Tú no eres miedo, puedes tener miedo. Entonces tu tienes tu mente, no eres tu mente. De la misma forma te diría que el ciclista tiene la bicicleta, no es la bicicleta. Así que tienes que aprender a manejar bien tu mente, para que haga lo que tú quieras y para que no te dejes llevar según donde elija ella, porque ella solamente es la herramienta.

Tener control mental implica saber en cualquier momento que es lo que está sucediendo en nuestro corazón y en nuestra cabeza (y en nuestro intestino, por supuesto).

Si por ejemplo estoy triste, melancólico, deprimido, tendré la capacidad de adentrarme en la emoción y escucharla. Una vez que la hayamos escuchado, la emoción suele irse, porque ha cumplido con su misión, que es la de informarnos de algún cambio en nuestra realidad.

Por contra, cuando no tenemos control mental es cuando decimos y hacemos las peores cosas que podríamos decir y hacer y luego nos arrepentimos. “Perdona, no es lo que quería decir..” es la típica frase.

Cómo hacer el upgrade a nuestra herramienta, veamos ahora cómo podemos mejorar nuestro control mental. Las 6 claves del control mental:

1-Autochequeo emocional: preguntémonos a menudo cómo estamos y si percibimos que hay una emoción persistente, prestémosle atención y preguntémosle porque ha venido, cual es el mensaje que nos trae. La respuesta no suele tardar, si somos sinceros con nosotros mismos.

Aprendamos también a dar nombre a las emociones. Si sentimos que un comentario de otra persona no nos ha sentado bien, preguntémonos en qué modo no ha sentado bien. ¿Ha provocado rabia? ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Envidia? Si logramos dar un nombre a las emociones, con el tiempo nos saldrá más fácil reconocerlas y hablar con ellas.

2-Vivamos con voluntaria intensidad el Presente: no invirtamos demasiada energía en los recuerdos del pasado y en las expectativas del futuro. El pasado no existe ahora, es el recuerdo de momentos presentes que han pasado. El futuro tampoco existe ahora, es la proyección de momentos futuros que puedan llegar en algún momento. Sant Agustí ya lo escribía hace mil seiscientos años: la conciencia se diluye si pensamos demasiado en pasado y futuro y no nos permite mantener contacto con el presente, con la realidad.

3-Hagamos cosas diferentes: si siempre nos levantamos a las 7, levantémonos un día a las 6,30 y otro día a las 7,05. Si siempre tomamos zumo de manzana y naranja, hagamos probar a nuestro paladar un zumo de mango y uno de papaya. Aprendamos a hacer las cosas de cada día con la mano que menos usamos, juguemos con nuestro cuerpo y con las cosas que nos rodean para estimular la adaptación a algo nuevo, aunque pequeño. Un cerebro que se adapta rápido es un cerebro que no se estanca en la queja, sino que de forma natural busca otras oportunidades y salidas (emocionales).

4-Otorguémonos el poder de elegir que tipo de pensamientos tener: de la misma manera de cuando vamos al mercado a comprar y tenemos más o menos las ideas claras de lo que vamos a comprar, cuando tenemos conciencia de un pensamiento constante negativo, preguntémosno: ¿es este pensamiento útil para mi desarrollo personal? ¿Me ayuda a ser mejor persona? ¿Me ayuda a lograr un estado anímico amoroso y contento? ¿Es importante para el desarrollo de mis habilidades en el trabajo o en las relaciones con los demás?

Si la respuesta es no, entonces le damos las gracias al pensamiento y “lo acompañamos a la salida”. Emociones y pensamiento nunca hay que hecharlos o negarlos o tratarlos mal. Siempre aceptamos su existencia, donde intervenimos es en el momento de elegir quien se queda y quien no.

5-Aprendamos a sonreír más. Al principio puede parecernos forzado e incómodo, pero con el tiempo nos saldrá una sonrisa auténtica y armoniosa. Empecemos por la mañana en el espejo: nos sonreímos y nos hacemos algún cumplido cómo “que hoy te vaya súper bien, chato! Que te lo mereces!!” Seamos irónicos, digamos tonterías de vez en cuando, seamos capaces de tomarnos no tanto en serio. Que la vida es breve y es para amar.

6-Seamos agradecidos. Demos las gracias a todo y a todos. El mundo sonríe a quien sonríe. El mundo da a quien da. Si piensas que podrías pasarte de tanto agradecer, pues te equivocas. Dar las gracias es un acto de amor y de confianza. Nunca es demasiado. Si te parece demasiado es porque tienes miedo al amor. (Los miedos vienen del futuro, así que vuelve al punto 2 y aprende a  concentrarte en el Presente).

Gracias gracias gracias, todo el día, a todos, a los árboles, a los animales, a las gotas de lluvia, al sol y a las estrellas. Y por supuesto a las personas que amamos y a las que no aguantamos, a los que nos faltan el respeto y a los que no nos saludan a propósito.

A caso no sería esto un súper poder?

Lo entiendes ahora? 🙂

 

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones y Resolución de Conflictos

 

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