Hoy os quiero contar una historia personal muy reciente y muy personal. En esta historia veréis que las coincidencias y la confianza van muy de la mano. Estoy seguro de que mis reflexiones te serán de muchísima utilidad.

Desde hace poco más de un año comparto a través de una plataforma online una habitación del piso donde vivo. Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en los últimos tiempos. Me da la posibilidad de conocer a personas de todo el mundo y de practicar mi inglés todos los días del año.

Desde el principio he visto que todas las personas que he hospedado, por una razón u otra, se encontraban en un punto especial de su vida, en el cual necesitaban sanar, transformar y soltar recuerdos y emociones.

Reflexión y transformación Emocional

Así que mi hogar se ha transformado en un espacio de encuentro, reflexión y transformación emocional para increíbles viajeros solitarios.

Hace menos de un mes esperaba la llegada de un huésped de Estados Unidos para quedarse una semana. A los tres días de estar en mi casa, se encontró con una amiga que se alojaba en un hotel de lujo en el centro de la ciudad. Su amiga la invito a quedarse con ella por lo que mi invitada decidió cancelar la reserva y mudarse al hotel.

En este momento pido al Universo que me envíe otra persona con la cual pueda tener un intercambio más profundo (I acto de confianza). Entre mis objetivos no está transformar mi hogar en un hostal.

Las coincidencias necesarias

El día siguiente (I coincidencia) me escribe un hombre que vive en Italia (a partir de ahora, su nombre de fantasía será Tin). Tin se encuentra ya en Barcelona porque su hijo de 19 años (a partir de ahora, su nombre de fantasía será Doro) que estaba de vacaciones en la ciudad ha tenido un problema de salud y lo han ingresado al hospital Sant Pau. Es domingo.

Tras un par de horas Tin llega a la que será su casa durante unos días. Es un hombre de unos cincuenta años, muy elegante y culto lo percibo de como habla y de cómo se mueve. También percibo que es una persona muy sensible y buena. Estoy feliz de recibirlo en mi casa.

Le cuento que soy terapeuta, que doy charlas motivacionales en empresas, hago cursos y talleres de meditación, de resolución de conflictos y que también acompaño a las personas en duelo y en la fase final de la vida.

Es en este momento cuando Tin me mira con ojos húmedos y me dice “A ver si es una coincidencia el hecho que esté ahora aquí contigo. Mi hijo está muy mal.” (II coincidencia)

El acto de confianza

“¡No, Dios mío, que no! ¡Confiemos en que todo irá bien!” le digo (II acto de confianza). En ese momento fui consciente de que el Universo había escuchado seriamente mi petición del día anterior. Tin y yo nos abrazamos.

Yo soy padre de una hija de seis años. Puedo sentir en el abrazo de Tin el abrazo enorme de un padre que no quiere perder a su hijo. Percibo algo que no puedo describir en palabras. Quienes son o han sido padres saben lo que es.

El lunes llegan desde Italia los demás familiares de Doro: la madre y su nueva pareja, la hermana, la abuela y la nueva pareja del padre. Las condiciones de Doro empeoran de hora en hora y los médicos no dejan espacio para la esperanza.

Pido permiso a la familia para ir a ver al joven, para hacerle una sesión de aquellas que hago cuando me encuentro en frente de casos difíciles por no decir “del todo imposibles”. (III acto de confianza)

Transcurren las horas, pero el tiempo parece haber desaparecido. Todo es muy intenso. Algo raro. Parece que no haya diferencia entre día y noche. Esta sensación extraña no la percibo solo yo, la perciben también Tin, su hija y su esposa.

El martes por la tarde toda la familia entrega el último acto de amor a Doro, dándole el permiso de marcharse.

El desenlace: las coincidencias y la confianza

El miércoles por la tarde Doro deja el cuerpo. (III coincidencia)

El viernes Tin se marcha de vuelta a Italia con el resto de la familia.

En el último de muchos abrazos, se despide de mi con estas palabras: “He venido a Barcelona, donde por desgracia he perdido a mi Hijo. Y por suerte he encontrado a un Amigo.” Nos miramos un rato largo. No había ninguna otra palabra que decir. (IV acto de confianza, IV coincidencia)

En menos de una semana han cambiado para siempre muchas vidas.

Vuelvo a estar en casa, solo, sentado en el sofá, ese lugar en el que siempre reflexiono. Y saco estas conclusiones:

  • Las coincidencias no existen tal como a veces las consideramos: son más sincronías. Y estas sincronías se producen por alguna fuerza que no tiene nombre. Pero esta fuerza está aquí y nosotros estamos en ella.
  • La Vida puede ser muy dura para un ser humano. Por eso tenemos que desarrollar la habilidad de activar y mantener la confianza. La confianza en que la magia de la Vida no consiste en el hecho que las cosas vayan tal como deseamos, sino en el hecho que podamos aceptar que la Naturaleza no contempla errores y que no hace falta que juzguemos siempre lo que percibimos a través de nuestros sentidos (esta es tarea del ego, muy útil en muchos aspectos, pero no en los que están relacionados con la felicidad).
  • El Amor y la Compasión son nuestras emociones estrella, tan potentes que se pueden transmitir y recibir incluso desde larga distancia. Pueden sanar heridas. Nuestros actos y nuestras decisiones tendrían que estar guiadas por estas estrellas, sobre todo en esos momentos en los que nos sentimos atrapados por las tinieblas y la oscuridad.
  • Si estamos tristes y nuestros hijos nos preguntan porque lloramos, no les contestemos que es por la cebolla. Es por Amor. Y puede que sea por tristeza, también. O por ver la Magia de la Vida en todo lo que nos rodea.

Alberto SimonciniGestión Emocional en procesos de Cambio Profundo, Duelo, Fase Final de la Vida

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