El otro día iba en el tren, y sentadas frente a mí había una mujer que hablaba sin parar con su hija. Comentaba lo rápido que pasaría el verano, cuando aún no ha llegado, y saltaba de un tema a otro sin pausa. Su velocidad al hablar era acelerada, su volumen alto, su tono nervioso. Cuando se bajaron tras 30 minutos de trayecto. Tomé conciencia de cómo me sentía yo en ese momento, estaba alterada, nerviosa, incluso mi respiración era algo acelerada. Respiré hondo y conseguí volver a relajarme. El efecto que esa mujer tuvo sobre mí, es el que hemos experimentado todos ya sea consciente o inconscientemente al rodearnos de determinadas personas.

Las emociones se contagian y es nuestra propia responsabilidad aprender a gestionarlas por nuestro bien y el de los demás.

¿Qué nos ocurre desde un punto de vista científico?

Los pensamientos son pulsos eléctricos de información y las emociones son ondas que vibran a una determinada frecuencia, de hecho, el amor se trata de una frecuencia alta y rápida mientras que el miedo es una frecuencia baja y lenta lo que explicaría por qué cuando sentimos amor estamos activos, llenos de energía, mientras que sintiendo miedo tenemos la energía más baja.

Al hablar de ondas y de pulsos eléctricos estamos hablando de partículas subatómicas (electrones, fotones…) por lo que las leyes de la física tradicional que todos experimentamos en nuestro mundo macroscópico, no sirven y tenemos que introducir la Física cuántica o física de las probabilidades.

Una de las particularidades de la Física cuántica es:

Dos partículas en puntos opuestos de una galaxia pueden compartir información instantáneamente. Se conoce como Entrelazamiento o conexión.

¿Significa esto que todos estamos conectados?

Podríamos decir que un electrón originado por un pensamiento mío puede estar modificando instantáneamente a otro electrón de alguien al otro lado del mundo, porque las partículas están conectadas.  Suena a ciencia ficción, pero es física cuántica.

Todos estamos conectados, así pues todos afectamos a nuestra realidad.

Existe una investigación llevada a cabo por Masaru Emoto, que observó como la intención, los pensamientos y sonidos modificaban la cristalización de las moléculas de agua. Tomó varias muestras del mismo agua y las congeló poniendo en algunas de ellas palabras de Amor o paz  y en otras de odio…observando después que la estructura cristalina de las muestras con la palabra Amor mostraban bellas figuras geométricas mientras que las expuestas a palabras de odio eran estructuras amorfas y deformadas.

El ser humano es el 75% agua, nuestros pensamientos están modificando las moléculas de agua de nuestro cuerpo y de las personas que nos rodean.

Y son los niños más pequeños los más permeables al efecto de nuestros pensamientos y emociones.

¿Las emociones se contagian en las empresas?

En una empresa con cientos de personas, cada una con miles de pensamientos diarios de los cuales el 95% son inconscientes, y en época de crisis donde el estrés es continuo en muchos casos, y donde predominan emociones de miedo, rabia o frustración no quiero pensar cómo estarán las moléculas de los trabajadores. Esto es el origen de muchas enfermedades. No es de extrañar que el número de casos de enfermedad profesional, de accidentes laborales y absentismo vaya en aumento. Según datos de la Seguridad Social, en el 2015 hubo un aumento del 10,88% de expedientes por enfermedad profesional, y lo peor aún según el Instituto Nacional de Sanidad e Higiene en el Trabajo (INSHT) el índice de incidencias de accidentes de trabajo mortales sube un 9,1% en el 2015.

No deberíamos esperar a recibir un duro golpe para comenzar a reflexionar y a tomar acciones.

¿Cómo podemos cambiar esto?

Utilicemos otra gran particularidad de la Física cuántica:

Una partícula subatómica puede estar en más de un sitio a la vez. Al observar este fenómeno cuántico se modifica haciendo que la partícula pase a tener una posición concreta. Cuando no miramos hay ondas de posibilidades cuando miramos hay partículas.

También sabemos que la información que procesa nuestro cerebro son 400.000 millones de bits por segundo, pero solo somos conscientes de 2000 bits. Es decir, tenemos millones de posibilidades de crear nuestra realidad,  pero al tener un pensamiento estamos actuando de observador adjudicando a esa partícula una posición concreta es decir creando una realidad. 

Varios estudios indican que más del 90% de nuestros pensamientos son repetitivos día tras día. Si nuestros pensamientos son los que nos conducen a nuestras acciones y éstas a nuestra realidad.

¿Cómo cambiamos nuestros pensamientos?

  1. Tomar consciencia de ellos. Técnicas como el Mindfulness ayudan.
  2. Pensar “fuera de la caja”. Pensar en cosas que jamás hemos pensado va a permitirnos ver posibilidades que ahora no estamos viendo, y así crear nuevas realidades.
  3. Practicar el estar aquí y ahora. Esto nos va a permitir estar receptivos para ver las “casualidades” que nos llevan a nuevas posibilidades.

Ana Madrazo. Transhumanist Consultant en Humanas Salud Organizacional

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