Las relaciones interpersonales se pueden analizar desde diversas ciencias. Veamos cuales son las más corrientes:

La más habitual es la sociología, que estudia cómo nos relacionamos unos con otros. Otra es la psicología, que desde un punto de vista más de la propia persona individual estudia su relación consigo misma y con los demás. Si queremos tomar una visión más desde la propia estructura del ser humano podemos utilizar la antropología e intentar imbuirnos en lo que es el homo sapiens y su creación más propia, la Cultura.

Ahora bien, sin olvidar el valor pragmático que tienen todas ellas, a mí, en este momento, me interesa más acercarme a ellas desde el punto de vista del saber que generó todas estas ciencias: la Filosofía. Y más concretamente desde su rama ética.

Hace unas dos semanas pudimos disfrutar del encuentro Healthy Humans celebrado en Barcelona. Healthy Humans fue una jornada práctica sobre Bienestar y Productividad que tenia por objetivo mostrar a las organizaciones la rentabilidad de los valores a la hora de hacer negocios.

En Healthy Humans pudimos compartir los esfuerzos que hacen los responsables de diversas empresas para dotar de “humanidad” a sus estructuras. Es decir, hacer que los miembros de sus empresas, tanto obreros como directivos, se sintiesen miembros importantes y reconocidos en las mismas, cada uno desde su responsabilidad.

Se habló de las relaciones laborales desde el punto de vista de las relaciones interpersonales. Somos personas las que formamos y damos vida a las empresas. Se trataron los temas de productividad, conciliación, compromiso (engagement), flexibilidad y también de corresponsabilidad en los momentos duros.

Bienestar y Productividad

Este encuentro me sugirió muchas ideas. La primera de ellas fue la centralidad de la persona en el ambiente laboral. Tanto a nivel de receptor de la propuesta: el bienestar del trabajador, como a nivel de agente dinamizador de la misma: el liderazgo de los equipos directivos y mandos intermedios. Pero lo más importante eran las relaciones entre las personas que componían los equipos para llegar a un punto común: la felicidad en el trabajo.

En Healthy Humans quedó claro que la felicidad laboral la tenemos que construir entre todos

Hace ya unos días reflexionamos sobre el tema de la felicidad laboral desde el punto de vista de la ética y este encuentro me ha dado pie a poder continuar con la reflexión.

Por un lado, parece que el tema del bienestar sería un aspecto que cae dentro del campo de las éticas eudemonísticas, aquellas que buscaban la felicidad, pero desde el punto de vista de la responsabilidad, caería dentro del campo de las éticas deontológicas, aquellas que se basan en el valor del cumplir cada uno con su deber.

La ética toma la palabra

Como todo tema relacionado con el Ser Humano no puede ser abordado desde un único punto de vista. Evidentemente, cuando hablamos de la felicidad, del bienestar o del sentimiento de estar a gusto, no podemos olvidarnos de las éticas que lo promueven, que se basan en un equilibrio entre las pasiones y la racionalidad pura y dura.

Los filósofos clásicos rechazaban los vicios porque nos convierten en elementos demasiado individuales con objetivos muy concretos que había que satisfacer a cualquier precio. Lo mismo ocurre con el exceso de racionalidad, que deshumaniza nuestro entorno convirtiéndolo en mero medio para alcanzar nuestra meta. Por eso, Aristóteles afirmó, “en el medio está la virtud”. Que en realidad es una búsqueda de equilibrio.

A nivel laboral es el equilibrio entre “lo que me pide el cuerpo” y las necesidades organizativas empresariales para su buen funcionamiento. En este aspecto, virtud significa “lo bueno”. Lo que es mejor para todos, yo como individuo y la empresa como colectividad de individuos (compañeros que compartimos el mismo objetivo).

Por otro lado, tenemos las éticas deontológicas, las de los valores y los “deberes”. ¡Qué difícil es hablar de deber en una sociedad dónde solo se habla de derechos! Pero hay que recordar que todo derecho lleva consigo un deber que, o bien he de cumplir yo, o bien, ha de cumplir mi prójimo. Por ejemplo: el derecho que tengo yo a pasar por un paso de peatones implica el deber del conductor a detenerse. Y así con todos los derechos.

Dicotomía entre Eudemonismo y Deontología

El problema está en cómo se fundamentan estos deberes. El deber que tiene el conductor de detenerse en semáforo es por organizar el tráfico dando preferencia al más débil. Es, en definitiva, en búsqueda del bien común. La deontología nos obliga a pensar y respetar a los demás, porque de esta forma todos (yo incluido) nos beneficiamos. Nos recuerda el valor del esfuerzo y del sacrificio para alcanzar las metas.

¿Dónde está lo correcto? Yo, personalmente soy más Aristotélico, pero sin olvidarme de Kant. En las relaciones laborales debemos procurar nuestra felicidad sabiendo que la felicidad compartida es más gratificante. Eso no significa olvidarnos del sentido del deber. Cumplir cada día con nuestros deberes nos ayuda a tener la “conciencia tranquila”. Además, el sentido del deber puede ser una motivación para la realización de nuestras tareas cuando por otras razones no las encontremos sentido.

Para terminar, la felicidad laboral esta compuesta por un poquito de emociones, un poquito de pasión, un poquito racionalidad lógica y un poquito de sentido del deber.

¿Dónde está el equilibrio? Pienso que depende de cada momento, en una cena de empresa habrá más emoción y en la toma de decisiones importantes y dolorosas más racionalidad, pero nunca se han de presentar cada una de estas facetas en estado puro, porque entonces nos olvidaremos de que una organización la formamos personas.

Y tú ¿Crees que la Felicidad en el trabajo es una quimera?

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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