En las últimas semanas he compartido una reflexión sobre la visión clásica de los pecados capitales y su repercusión en el ámbito laboral. Pero dejé abierta dicha reflexión porque no tiene sentido exponer solamente los aspectos más negativos sin aportar la forma de mejorarlos. Por eso me comprometí a realizar este breve comentario sobre la forma en que la cultura clásica, creadora de la figura de los Pecados Capitales, introduce la forma de superarlos.

Por cada pecado se presenta una virtud a cultivar y promover. Es una ética, que a mi entender no ha quedado desfasada. Quizá sí en la forma de expresión, ya que los nombres nos sonarán muy anticuados, pero si nos paramos a reflexionar, vemos que son el “mismo perro, pero con distinto collar”. Estas virtudes son las siguientes:

Humildad frente a Soberbia

En nuestra cultura la humildad es algo que parece que debemos promover, pero que en realidad brilla por su ausencia. No nos debemos creer más que nadie. Es cierto, todos somos iguales. Nuestra dignidad como personas nos lleva a esa aparente contradicción que representa nuestra igualdad ontológica frente a la diversidad étnica o cultural. Se habla mucho del valor de la igualdad. Dentro de la empresa se han de promover culturas y acciones de paridad, igualdad de oportunidades, etc. Pero, ¿realmente esto nos hace humildes? En este mundo tan pendiente de la información a veces da la impresión de que hasta en esto competimos.

La verdadera humildad es no creerse más que nadie, pero tampoco menos. Saber reconocer en nosotros mismos nuestros defectos y nuestras cualidades para potenciarlas de cara al trabajo en grupo y ponerlas al servicio del equipo sabiendo realmente hasta dónde podemos dar y darlo sin ocultarlo y sin miedo.

Paciencia frente a Ira

La paciencia es una cosa que se está perdiendo. Estamos en un mundo que se desarrolla y cambia muy rápido. Queremos las cosas y las queremos ya. Así, es necesario cultivar la paciencia. Para que nazca un bebé hay que esperar nueve meses. Si nace antes puede tener problemas. Cada cosa tiene su tiempo de maduración. Por otro lado, la paciencia con nuestros compañeros se transforma en una palabra amable. ¿Sabéis la gran conquista que es decir buenos días con una sonrisa al entrar en la oficina? Eso nos ayuda a que nuestros compañeros devuelvan el saludo de la misma manera. También hay una expresión que abre más puertas que “Ábrete Sésamo”, es “Por favor”.

La paciencia va de la mano de la educación y del respeto a los demás, ya que muchas veces, somos tratados de la misma manera en que tratamos a los demás.

Decir educadamente “Por favor” abre más puertas que “Ábrete Sésamo”

Generosidad frente a Avaricia

La avaricia nos lleva a acumular bienes sin sentido, éxitos efímeros que, muchas veces, se pierden en el olvido del ritmo frenético que llevamos. Frente a esta situación se nos ofrece la generosidad que nos hace compartir lo que tenemos con alegría. En nuestro trabajo nos lleva a no ser tacaños en el esfuerzo dedicado a cada empeño, teniendo en cuenta que el bien común es más importante que los logros personales. Y también, cultivar la generosidad es el reconocimiento por parte de los directivos de dicho esfuerzo y de los logros obtenidos. La generosidad ha de ser un acto recíproco en el que cada uno da lo mejor de sí mismo y es capaz de reconocer ese esfuerzo en los que están a su alrededor.

Caridad frente a Envidia

Esta expresión suena muy anticuada por la connotación religiosa que tiene. Pero caridad no significa otra cosa que “amor fraterno”. Caridad no es lástima. Ese tipo de amor nos sitúa por encima del otro, viéndolo como inferior, como pobre. No, no es eso.

Es hacer las cosas con cariño, con mimo, poniendo en cada cosa que hacemos un poco de nosotros y reconociendo ese poco de los demás en las cosas que hacen. Es mirar a los compañeros de trabajo como iguales, pero, sobre todo, como personas. Todos tenemos que trabajar, nos tenemos que encontrar día a día y relacionarnos entre nosotros, todos tenemos que esforzarnos por sacar adelante nuestros proyectos como empresa y como sociedad. La mejor forma es sintiéndonos importantes en nuestro puesto y haciendo sentir a los que nos rodean que también lo son.

Castidad frente a Lujuria

Esta es otra virtud que parece desfasada. Hoy en día eso de ser casto es como muy antiguo. Quizá así sea en un nivel meramente físico. Pero el concepto de castidad no es no mantener relaciones, sino mantenerlas con la persona que toca. Así es algo más similar al concepto de fidelidad. Relacionándolo con la reflexión sobre la lujuria que hice en el anterior post, la castidad podría ser la fidelidad a los objetivos hasta cumplirlos completamente. Fidelidad con los compañeros a los que no dejamos los problemas que nosotros hemos buscado, es constancia a la hora de trabajar en equipo y no ir por libre de forma caprichosa.

Templanza frente a Gula

La templanza es la virtud de saberse retener cuando algo apetece mucho. El acero o el vidrio templado son mucho más resistentes. Esta virtud a lo que nos lleva es planificar a medio o largo plazo. Templanza en el trabajo es saber esperar y ser racionales. No caer en la tentación del cortoplacismo o del desarrollismo desmesurado. Es contener el ansia desmedida con la razón, la planificación y el esfuerzo diario por la excelencia. Es optar por la calidad frente a la cantidad.

El acero o el vidrio templado son mucho más resistentes. La templanza optar por la calidad frente a la cantidad.

Diligencia frente a Pereza

No, no nos confundamos. Esta diligencia no es el carromato del oeste. Se define como: cuidado, prontitud, agilidad y eficiencia con la que se lleva a cabo una gestión. En definitiva, es hacer bien nuestro trabajo. Es tener en cuenta que lo que tenemos entre manos es importante, seamos cirujanos, administrativos, cocineros o barrenderos. Cada uno en su responsabilidad, porque en una sociedad con reparto de tareas, todas son importantes. Pensar que quien es el fin último de nuestro trabajo es la sociedad no como ente en sí, sino como un conjunto de personas al que cada uno de nosotros pertenecemos. Hacer bien nuestro trabajo beneficia a todos y nos beneficia a nosotros.

Hacer las cosas bien beneficia a todos

Como podemos comprobar, para la mentalidad clásica no solo había pecados, malas acciones, sino que se proponían una serie de actitudes a desarrollar en la vida personal que permitiesen superar esas tendencias. Lo curioso es que la sociedad cambia rápidamente, pero el ser humano no.

En el fondo, nuestra biología y nuestra psicología sigue unos ritmos distintos que la tecnología y aunque cambiemos la forma de comunicarnos, el contenido es el mismo. Nuestra sociedad, nuestras empresas, están formadas por personas individuales, cada una con sus problemas y sus éxitos, con sus cualidades y sus defectos, con sus necesidades y su vitalidad personal. En definitiva, los pecados capitales solo nos sacan a la luz nuestros problemas de convivencia y con las virtudes lo que se pretende es mejorar esos problemas trabajando actitudes que nos permitan ser más humanos en una sociedad tecnificada e individualizada pero que sigue necesitando de las personas y de su “corazón” para seguir desarrollándose.

Las empresas no dejan de ser un reflejo de la sociedad. Ser más educado, diligente, paciente, generoso en nuestro puesto de trabajo es un beneficio para todos, empleados, mandos intermedios y directivos. Sobre todo, porque estando a gusto con uno mismo se puede ser más feliz.

Yo no he perdido la esperanza, a pesar de que, según el mito, Pandora cerró su caja justo en ese momento. Pero esto os lo contaré en otro momento.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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