En la actualidad, la velocidad de la información hace que una noticia de esta mañana, por la tarde ya sea historia. Vivimos en un mundo que “corre mucho”. Y la información corre mucho más. Nuestra memoria es frágil. Tenemos tanta información que olvidamos con facilidad los sucesos y las novedades de ayer, porque hoy ya se han producido otras nuevas que reclaman y ocupan nuestra atención.

El mundo se mueve muy rápido… tan rápido, que yo, en muchas ocasiones pienso que no se mueve nada. Las motivaciones que tenemos en el siglo XXI no son muy distintas de las que tenían las personas del siglo XVIII -en la época de la Ilustración y la Revolución Francesa- o en los tiempos clásicos de los romanos y los griegos.

Para reflexionar sobre esto voy a contar una breve historia, resumida y quizá un poco novelada para que sea más atractiva.

Mitología y actualidad

“Hubo una época en que los dioses griegos, inmortales, vivían en el monte Olimpo. En la tierra vivíamos los pobres seres mortales: plantas, animales y humanos. Los dioses se divertían entre ellos allá arriba y los humanos sobrevivíamos como podíamos aquí abajo. Un día, Zeus decidió repartir dones o virtudes entre las especies pobladoras de la tierra y se lo encargó a dos hermanos de su corte: Prometeo y Epimeteo. Éste último quiso ser el que se encargase de ello y sin contar con su hermano, empezó a hacerlo. Al león le dio la valentía, al caballo la velocidad, al zorro la sagacidad, etc. Así hasta que acabó con todos los dones que le había entregado Zeus y volvió contento a casa a decirle a su hermano lo bien que había hecho el trabajo.

Al llegar y hablar con Prometeo, se dieron cuenta que al ser humano no le habían dado nada. Y ya no tenían dones… ¿Qué podían hacer? Prometeo, entonces, robó el fuego de la fragua de Hefesto y las artes de Atenea y se las entregó a los humanos. Por eso, las personas, sin ser rápidas o fuertes como otros animales, podemos “dominar” a la naturaleza, ya que poseemos la ciencia y la técnica.

Zeus, enfadado, condenó a Prometeo a estar amarrado a una roca en el Cáucaso y que un águila le comiese el hígado. Con la gran tragedia de que, al ser un titán, era inmortal y todos los días se le volvía a regenerar el hígado y el águila se lo volvía a devorar de nuevo. De esta manera Prometeo, con su sacrificio, se convierte en el gran defensor del ser humano ante los dioses, que solo son un grupo de libertinos, más preocupados por vivir bien y divertirse que desarrollar una creación pacífica”.

Es curioso que, en una cultura como la griega, la “madre” de nuestra filosofía, no se preocupasen por el origen del ser humano. Hay una breve descripción del origen de la tierra y del cielo en la Teogonía de Hesíodo, pero no hay un gran relato sobre la creación humana. En cambio, en su filosofía, buscaron el Arjé, el origen de todas las cosas, que hoy en día, con razonamientos más científicos llamaríamos el Bosón de Higgs. Aun así, coincidimos. La persona posee una cualidad importante: la inteligencia y la capacidad de crear nuevas estructuras a su alrededor. No somos los reyes y señores de la creación (como nos presenta la cultura judeo-cristiana), pero tenemos la capacidad de adaptarla a nuestras necesidades. El ser humano, gracias a su esfuerzo y trabajo ha creado grandes empresas y ha realizado grandes avances, que hacen que, en muchas ocasiones, pueda incluso, completar a la naturaleza y mejorar sus condiciones de vida.

Con el desarrollo de la ciencia hemos sido cada vez más prácticos, pero muchas veces, este pragmatismo ha sido en detrimento de nuestro humanismo

El fuego de Hefesto y Atenea

El desarrollo científico ha permitido controlar enfermedades, mejorar sistemas de alimentación, reducir plagas, facilitar la comunicación y la distribución de la cultura. Con todos estos avances hemos ido siendo cada vez más pragmáticos, pero en muchos casos este pragmatismo ha ido en detrimento de nuestro humanismo.

Nos hemos ido haciendo más esclavos de las cosas y de los logros. En nuestro mundo en movimiento, conseguir una meta no es más que el punto de partida para alcanzar la siguiente. Y esto es muy positivo, ya que como “seres insatisfechos” que somos siempre queremos ir más allá. Y un logro se ha de transformar en un trampolín para lanzarnos a alcanzar el siguiente. Pero, tan importante como tener siempre proyectos, es reflexionar y disfrutar de lo realizado. Asegurarse de que lo que obtenemos es realmente lo que queremos y necesitamos, porque si no, nuestro trabajo será eterno, como el castigo de Prometeo. O quizá esté mejor representado en Sísifo que todos los días empujaba una piedra para subirlo a una montaña y cada noche, la piedra caía y tenía que volver a comenzar desde el principio.

Tan importante como tener siempre nuevos proyectos es reflexionar y disfrutar los logros alcanzados

Los seres humanos hemos logrado adaptar el mundo a nuestras necesidades. Prometeo solo nos entregó una herramienta, el esfuerzo ha sido todo de la humanidad. Gracias a nuestro trabajo y tesón se han logrado unas cotas de bienestar satisfactorias para una buena parte de la población mundial. Otra, por desgracia necesita de nuestra ayuda para conseguirlo. Se puede lograr. Todos los que compartimos una visión humanista de la historia y la sociedad estamos convencidos de ello.

Aprender de Prometeo… y de Dionisio

Debemos aprender de Prometeo, ya que se arriesgó a enemistarse con Zeus por defender a los que consideraba más débiles, la humanidad. Aparentemente perdió, ya que fue castigado por toda la eternidad, pero al final lo liberó Heracles, el Hércules romano. Y no perdió porque su nombre se ha transformado, a lo largo de la historia, en un ser benefactor de las personas. Nombrar a Prometeo es hablar de un ser valiente y bueno. Nosotros, al igual que el titán, debemos arriesgarnos por defender nuestras ideas, nuestros principios y valores y ayudar a los que están en otra posición más desfavorecida a alcanzarlos.

Y también debemos aprender de Dionisio, el dios del vino y de la fiesta. Un dios bonachón, amigo de sus amigos que sabía disfrutar del momento y de lo que tenía. Nosotros debemos disfrutar nuestros logros, saber compartir nuestras alegrías tomar nota de que, a diferencia de las mitologías con dioses inmortales, todo lo nuestro es temporal.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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