En ocasiones no tengo claro si no queremos ver los riesgos psicosociales o si lo que no queremos es hacernos conscientes de que nos hemos deshumanizado. Y de que en nuestros puestos de responsabilidad nos hemos convertido en unos ogros y verdugos de nuestros propios compañeros. Y que por eso no asusta meternos de lleno en el análisis y estudio de los mismos. Porque no queremos vernos reflejados en ese cuadro como Dorian Grey.

Siguiendo con la metáfora de Grey, siendo este capaz de pervertir su alma por mantenerse eternamente joven, ¿es posible que nosotros, para conservar nuestro puesto, privilegios o seguir ajustando costes a costa de todo seamos capaces de acabar con quien nos parece una amenaza? Se explicaría así que la evaluación de riesgos psicosociales, esa pintura que nos mostraría nuestra imagen desfigurada por las miserias que hemos cometido, nos asuste tanto.

La verdad es que llevo muchos años pensando qué es lo que sucede en las organizaciones para que no se vea la evaluación de riesgos psicosociales como una oportunidad de mejorar la organización. Más bien parece una amenaza que pondrá todo es status quo patas arriba.

La obligación de la empresa y del empresario, según la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales es investigar la existencia de los riesgos psicosociales e implantar medidas para su detección, eliminación y prevención dentro de su ámbito de actuación, pero…

¿realmente se evalúan los riesgos de carácter psicosocial?

Según Comisiones Obreras, en la mayor parte de las empresas los riesgos psicosociales no son evaluados y, por lo tanto, no se planifica ningún tipo de acción preventiva. El problema es que muchas empresas, empresarios, mandos, siguen pensando que este tipo de riesgos son inherentes al trabajo y que, por lo tanto, no tienen solución.

Y claro, aquí está el error, ¿no tienen solución o no queremos ponerle solución? Porque los factores psicosociales están directamente relacionados con la organización del trabajo, el contenido del trabajo y la realización de la tarea. Cuando la organización falla, el resto ya poco se puede acomodar, y ¿a quién corresponde esta parte sino a los mandos y responsables?

¿Cuándo hacemos la evaluación de riesgos psicosociales?

Pues siento decirlo, pero la mayor parte de las empresas cuando se deciden a hacerlo es porque lo ha solicitado el comité de empresa, porque tienen algún problema grave o porque han tenido alguna denuncia. Es entonces cuando se lo exige la inspección de trabajo.

Nuestra cultura preventiva sigue siendo poca. Solo reaccionamos, aún nos falta ver el valor de ser proactivos en esta materia.

Sin ir más lejos, recordaréis el reciente suicidio de una trabajadora tras la propagación de un vídeo con contenido sexual en el ámbito de la empresa donde trabajaba. La trabajadora lo comunicó a la empresa y no hizo nada, amparándose en que era algo personal. Hay mucha deficiencia y falta de buen asesoramiento en materia de prevención de riesgos laborales (PRL). La empresa tendría que haber investigado este acoso pues sucede en el lugar de trabajo y el vídeo se difunde entre los trabajadores.

Al no evaluar el riesgo ni tomar medidas preventivas, se incumple la ley Ley 31/95 de PRL. Pero no solo eso, también se incumple la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, donde todas las empresas están obligadas a tener un protocolo de acoso sexual.

Creo que todos sabemos que el desconocimiento de las leyes no nos exime del cumplimiento de las mismas. En cambio, cuando nos referimos a la Ley 31/95 de PRL, debemos pensar que las reglas del juego cambian. De lo contrario, no entiendo por qué no se evalúa el riesgo psicosocial. O por qué no se atienden convenientemente las demandas de mobbing, acoso, etc. Y acaban pasando cosas tan trágicas como que una mujer se quite la vida porque no soporta más la humillación, presión e impotencia de lo que está sucediendo.

Consecuencias de no gestionar los riesgos psicosociales

El problema de los riesgos psicosociales es que acaban degenerando en otras patologías, como el burnout, también conocido como trabajador quemado. Un estado donde la persona ha sufrido un desgaste profesional tal que acaba minando su ánimo y salud. Recomponerse de una situación como esta no es sencillo. Muchas personas acaban haciendo baja, y es más fácil que busquen otro trabajo para olvidarse de todo lo que han soportado que acabar volviendo al mismo cuando tienen que reincorporarse.

El estrés también es otra consecuencia de un riesgo psicosocial mal gestionado. Sabemos que es la segunda causa más común de bajas laborales. Pero ahí seguimos. Es más fácil medicarse para la ansiedad o depresión que genera el estrés que incidir en el origen del mismo, ¿no?

¡Y qué decir del mobbing! Que a muchas empresas le es más fácil aplicar la técnica del acoso laboral para deshacerse de sus trabajadores que pagar la indemnización que les corresponde si ya no quieren a esa persona con ellos.

Me parece miserable, la persona que hace esto es un Grey en toda regla. Pero que no se escude en que son órdenes de la empresa. Él puede ser el siguiente candidato en cualquier momento, pues cuando trabajamos en una empresa así, poco puede esperarse. Sin embargo, parece que todo es legal y por el bien de la economía empresarial. Por eso digo que nos hemos deshumanizado.

No nos engañemos, es obligatorio estudiar el riesgo psicosocial y se puede gestionar adecuadamente si la empresa pone los medios para hacerlo. Eso sí, la empresa debe estar dispuesta a ver su retrato, como lo mostró Oscar Wilde en Grey. Hay muchas probabilidades de que la visión que tienen sus empleados de la empresa no sea la misma que los empresarios y mandos ven. Pero eso no les quita valor. Enfrentaros a vuestros miedos, es la única forma de solucionarlos.

Si quieres realizar una evaluación de riesgos psicosociales y caminar hacia una empresa humana puedes consultarlo con nosotros.

Mónica Seara – CEO Humanas Salud Organizacional


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