En todos estos años trabajando en Prevención de Riesgos Laborales en un sector como el de la construcción he tenido tiempo a ver muchas cosas. Tanto que considero que el trabajo de prevención está más relacionado con la pedagogía que con la ingeniería y con la técnica. A lo largo del post de hoy os propongo una reflexión sobre “El reto de hacer prevención con pedagogía“.

La prevención tiene más de pedagogía que de tecnología

Es cierto que la tecnología ha evolucionado mucho. Con ella también han evolucionado los procedimientos de trabajo y también han ido apareciendo en el mercado herramientas, medios auxiliares y equipos de protección que hacen el trabajo más seguro. Hay que saber adaptarse. Hay que estar al día con los nuevos avances y con la nueva legislación y también hay que formar los trabajadores en el uso de los equipos.

En esto radica a veces nuestro error. Ponemos todo el interés en la tecnología y en los medios materiales y nos olvidamos de los humanos. Todo ello sin darnos cuenta que el fin de los primeros es precisamente proteger a los segundos. Podemos tener los mejores equipos de protección, pero si quien tiene que usarlos no sabe nos servirán de muy poco.

Formar a trabajadores es una tarea ardua. Porque muchas veces no tenemos tiempo, otras veces porque se lo encargamos a formadores externos que saben mucho de sus equipos, pero poco de la problemática particular de nuestra empresa y otras, porque los trabajadores remolonean y no les resulta atractivo ir a otro cursillo más. Sienten que hay que ir a otra charla de esas de seguridad. Así que la formación es algo que en el fondo no adquiere toda la seriedad que debería. Entonces nuestra labor ha de convertirse en más motivadora y didáctica de lo habitual.

Los cambios generan inseguridad

Tenemos que comprender que todos los seres humanos tenemos una reacción innata al cambio, porque lo que ya conocemos nos da seguridad. Que los trabajadores se sienten bien con lo que ya hacen y con las herramientas que ya utilizan. Pero tenemos que animarlos y convencerlos de que su seguridad y la de sus compañeros dependen de saber utilizar correctamente los medios que tenemos a nuestro alcance. Como prenvecionistas tenemos que ganarnos su confianza y sobre todo su aprecio. Es muy difícil estar persiguiendo todo el día a una persona para que use un casco. Pero si está de nuestro lado se lo pondrá más a menudo, hasta que ya se habitúe a hacerlo.

La “cultura preventiva”

Por eso afirmo que la labor en Prevención tiene más de pedagógico que de técnico. Porque consiste en implantar una “cultura de seguridad” en un ambiente de trabajo que nos lleva a producir. Producir no es malo, porque gracias a que se produce, hay trabajo. Nuestra tarea es compaginar el aspecto productivo y la seguridad en una empresa. Y ésta tiene que cumplir su cometido. La organización ha de llevar a cabo el fin para el que fue creado: fabricar coches, construir edificios, transportar personas en autobuses, etc. Pero ha de hacerlo sin perder de vista a las personas que intervienen en el proceso. Yo muchas veces digo que aunque el trabajo en la construcción sea el de levantar grandes infraestructuras, el prevencionista no trabaja con hormigón, sino con personas. Que tienen sus hábitos, sus manías, sus prejuicios y sus costumbres. Es decir, una cultura que los envuelve socialmente.

Dar el giro y ayudar al desarrollo de un aspecto dentro de esa cultura que nos lleve a reconocer el riesgo y a intentar paliarlo es hacer prevención.

La paciencia de la tortuga

Es un trabajo lento, que hay que realizar con paciencia. Hay que seguir las enseñanzas de la tortuga en la fábula. No hay que correr mucho. Simplemente ir paso a paso porque así es como nuestros esfuerzos podrán calar en las personas.

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Pero es esencial precisamente por eso. Para que nada falle. Y por eso necesitamos que todos estemos concienciados. Tanto personal directivo, como mandos intermedios y trabajadores. Crear cultura preventiva es involucrar a todos, de la misma manera que una cultura social involucra a todos los estratos de una sociedad.

En Humanas Salud Organizacional buscamos crear cultura, que nuestras empresas,  las que crean riqueza en la sociedad tomen conciencia de que su capital más valioso es el humano. Y para ello es necesario hacer pedagogía con el director, pero también con el portero o el vigilante de la noche. Una cultura no es algo de una sola persona. Es algo compartido.

Y la cultura de la prevención tiene sentido desde el equipo humano que forma la empresa y que busca el bien para todos.

Vidal Garrido, Filósofo e ITOP y Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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