Todo alquimista tiene sus ingredientes básicos con los que crear nuevas sustancias maravillosas. En la empresa de ser feliz, es necesario trabajar con mucho ahínco el material con el que desde siempre ha conseguido el ser humano mantenerse unido, fuerte y positivo. ¿Habéis adivinado ya de qué estoy hablando?, correcto de las emociones. Hoy en día sabemos de la importancia de las emociones y que se puede entrenar el controlarlas para ser más libres.Pero ¿ha sido esto siempre así?

La represión de las emociones

Durante mucho tiempo las emociones, (del lat. emotĭo, “movimiento o impulso”, “aquello que te mueve hacia”), no eran consideradas más que impulsos animales que debíamos controlar para evitar que disturbaran a los grandes reyes que debían dictaminar nuestra vida: la lógica y la razón. Las emociones pues no eran más que distorsionadores de la realidad madura y adulta, que tan solo los niños podían permitirse.

La sociedad moderna las retuvo durante mucho tiempo. Las flanqueó a lo más privado y clandestino. “La ropa sucia se lava en casa”, se solía decir. El hombre no puede mostrarse nunca débil, no debería acercarse o parecerse al histerismo de la mujer convencional.

Muchas cosas no se dijeron y el sentir se calló. Dejamos de ser humanos porque veíamos que lo que realmente llevaba hacer avances “relevantes” en nuestra vida era la tecnología más fría y calculada. La percepción propia emocional era considerada como demasiado errónea e impredecible, ya que cambia en cada persona. Aceptar eso, convertía el mundo en un lugar de gran complejidad en el que sería muy difícil establecer patrones fijos o predicciones acertadas. De modo que se consolidó una gran resistencia a hablar de ellas. ¿Cómo te sientes? Tabú.

Una verdad evolutiva que no se contemplaba y que des del punto de vista racional se confirmó, es que sí que es cierto que dejarse llevar por las emociones es malo, pero es mucho peor no tenerlas.

No son buenas, son esenciales

Las investigaciones contemporáneas han demostrado la importancia vital de las emociones. Gracias a nuestra reacción emocional, preparamos nuestro cuerpo para responder de la mejor manera posible ante amenazas reales gracias al miedo o evitamos envenenar nuestro organismo gracias al asco.

Las emociones también están altamente relacionadas con la atención, ya que nos permiten distinguir lo realmente importante de lo irrelevante. Por ejemplo, ante algo que percibimos en nuestro alrededor como peligroso, focalizaremos la atención, detectando de manera más saliente cualquier pequeño cambio que pueda hacer ese posible punto de peligro.

Otra de las múltiples ventajas que nos proporciona el cerebro es la capacidad de dejar una marca emocional que nos ayude a recordar las cosas. De esta manera, ante un episodio de nuestra vida que esté cargado de emoción, no olvidaremos las circunstancias y consecuencias que nos llevaron a vivenciar esa experiencia, sea la emoción positiva o negativa. Cabe mencionar que el cerebro tiene más tendencia a centrarse en lo negativo, ya que evolutivamente, este estilo de aprendizaje buscaba no repetir errores garrafales.

El hecho de dejarse llevar por lo que sentimos por encima de la lógica, puede hacernos ser también más felices. Utilizando la razón podríamos estar mil años preguntándonos qué escoger ante la gran oferta de todo que encontramos actualmente; mientras que si buscamos algo que nos llame la atención emocional nos bastará. Se ha demostrado que seremos más felices al no gastar tanto tiempo sopesando alternativas, y no nos sabotearemos pensando que las otras opciones eran mejores que la que tomamos finalmente.

El atlas de las emociones

Paul Ekman, experto en psicología de las emociones, lleva casi 60 años hablando sobre este tema y sobre cómo las emociones se representan en las microexpresiones y su utilidad para detectar mentiras. De hecho, ha colaborado con los organismos de seguridad nacional americanos ayudando en la detección de mentiras en criminales.

Paul Ekman mantiene una buena relación de cooperación y difusión del mundo de las emociones junto al Dalai Lama. Ellos nos cuentan que  hay un lapso de tiempo en el que podemos ser conscientes de la subida emocional, el nacimiento de la emoción,  y aunque sea en contra del impulso natural, podemos frenar, girar o cortar ese impulso. De hecho, ellos defienden que este lapso de tiempo se puede ampliar consiguiendo más control sobre tus emociones.

De la misma manera, los autores afirman que debemos intentar dirigir la reacción emocional hacia el estímulo concreto que te ha activado, evitando generalizarlo a la situación, persona o circunstancia en que se ha dado. Igualmente, Ekman y el Dalai Lama, dicen que es importante aprender a reconocer las emociones de los demás.

Con este último objetivo, el Dalai Lama pidió a Paul Ekman que crease un mapa de las emociones, esperando que ese mapa capacitara a las personas a tener experiencias emocionales más constructivas. “Cuando estábamos intentando llegar al nuevo mundo, necesitábamos un mapa para llegar allí. Si queremos llegar a un estado de calma mental, necesitamos un mapa de las emociones”. El Dalai Lama pidió a Ekman que basara la creación de ese mapa emocional en el consenso actual sobre emociones que existe en el mundo científico hasta el momento.

Fue así, como conjuntamente, crearon el Atlas de las emociones. Nace de la necesidad de entender nuestras emociones y desarrollar habilidades para poder escoger cuándo dejarse llevar por las ellas o lo que las provoca, y cómo responder, decir y hacer cuando decidimos dejarnos llevar por las ellas.

Estas habilidades no nos vienen dadas por la naturaleza, pero se pueden aprender. Explorando este Atlas de las emociones podemos aumentar nuestra comprensión de lo que son las emociones y el efecto que tienen sobre nosotros, facilitando una consciencia de lo que pasa cuando experimentamos una emoción.

Sin duda aún quedan muchos descubrimientos que hacer en esta materia, aunque debemos alegrarnos del cambio de visión y acercamiento actual que se le está dando. Las emociones inundan nuestro día a día, dando intensidad a nuestra vida. Y tú, ¿eres consciente de lo que sientes, o necesitas un mapa? 😉

Cristian Díaz Gifra. Alquimista de la Felicidad & Psicólogo en Humanas Salud Organizacional

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