Al Siglo XVIII, periodo en el que se desarrolló la Ilustración se le denominó el Siglo de las Luces, porque en él hubo un gran avance en el campo de la ciencia, de la filosofía, de la política y de las ciencias sociales. El planteamiento era que la “Diosa Razón” podía crear un mundo más humano.

A esta época le siguió el Siglo de las Revoluciones. En un espacio de tiempo de 128 años (entre la Revolución Francesa de 1789 y la Revolución Rusa de 1917) Europa vivió años convulsos, revoluciones sociales, militares, políticas y… Hasta una Revolución Tecnológica y Social conocida como la Revolución Industrial.

La dialéctica de la historia no se paró allí. El Siglo XX nos presentó una nueva característica. A pesar del gran desarrollo científico y de comunicaciones que se produjo, para algunos autores es el Siglo de las Guerras, de los Conflictos.

En este proceso histórico, ¿qué nos espera en el Siglo XXI? A primera vista parece que debería ser poco alentador, ya que hemos ido pasando de las Luces, a las Revoluciones, para desembocar en los Conflictos.

Re-evolución Laboral: el gran temor a la tecnología

Para un seguidor convencido de las Leyes de Murphy como yo, todo puede ir a peor, y este siglo presente ser recordado como el del desastre climático. Yo no estoy convencido de ello, a este siglo le espera un cambio más importante. El mundo laboral ya no puede ser como hace cien años ni dentro de cien años será como ahora. Estamos a las puertas de una re-evolución laboral.

La presencia masiva de máquinas automáticas se nos hace incómoda en el aspecto laboral. Nos hace sentirnos prescindibles. Pero el ser humano tiene un valor añadido: la creatividad.

En este momento hay un ruido de fondo que rellena muchas conversaciones sobre estos temas en las personas de nuestra edad. ¿Habrá dinero para pagar las pensiones? “Si no hay trabajo para todos, no habrá pensiones para todos…” Y aquí aparece en escena un nuevo temor que parece novedoso, y sin embargo nos ha perseguido casi desde la prehistoria. El temor a la tecnología, a la mecanización del trabajo.

La aparición de los robots y de la Inteligencia Artificial nos ha hecho menos indispensables. Ahora podemos comprar un billete de avión desde casa, sin necesidad de nadie a quién pedírselo. De entre los lectores de este blog, ¿Quién no usa la banca electrónica? El metro de varias ciudades no tiene conductores. Hasta, hay coches que se conducen solos. Todo esto son actividades en las que el Ser Humano ha dejado de ser IMPRESCINDIBLE para ser un elemento disonante.

Por ejemplo: cuando ocurre un incidente o un accidente, si es por error humano, rápidamente nos preguntamos si no había algún sistema para reducir el impacto de este tipo de errores.

La presencia cada día más constante de las máquinas, de los aparatos automáticos, se nos hace incómoda en el aspecto laboral. Cuantas más máquinas menos personas necesarias para la misma labor. Esto nos da miedo y lo sentimos una amenaza. Pero no es un mal moderno. Por ejemplo, durante la revolución de julio de 1848, en París, los obreros destruyeron maquinaria importada de Alemania. Era el sentimiento de que con la máquina la persona ya no era necesaria, ellas lo harían todo y el obrero no tendría futuro. Sin embargo, la historia nos dice que no fue así. Con la mecanización se siguieron necesitando trabajadores. El problema que se nos presentó con la Revolución Industrial es que el propio trabajador pasó a ser una máquina más para producir riqueza que raramente redundaba en su propio beneficio.

*Es muy ilustrativa una escena de la película Tiempos Modernos de Charles Chaplin apretando tornillos en una cadena de producción. El obrero es un engranaje más de la propia cadena.

¿Tenemos que tener miedo de la mecanización de la sociedad?

Por tanto, ¿tenemos que tener miedo de la mecanización de la sociedad? Yo opino que no. La tecnología nos ha acompañado desde que el Ser Humano solo era un cazador-recolector y hacía hachas y cuchillos con piedras de sílex y utilizaba lanzas y arcos con flechas para cazar.

El uso de herramientas y útiles nos ha acompañado siempre y, hasta se nos ha hecho imprescindible. ¿Quién se plantea hoy en día coser a mano con aguja e hilo un pantalón o una chaqueta? Tenemos máquinas de coser. Hasta los cuerpos de seguridad en los aeropuertos tienen carritos Segway para desplazarse. El problema es que al final dependemos más de los aparatos que de nuestras propias habilidades.

Nuestro trabajo es mecanizado y tecnificado, eso le hace competitivo y productivo. Si no, solo basta con pensar en la artesanía. En el día de hoy es un lujo, un valor añadido en forma de etiqueta Hand Made. Por ello no debemos tener miedo de la mecanización. Como todo, solo es una herramienta que actuará de una forma u otra dependiendo de la mano que la maneje.

La tecnología y el desarrollo humano

Es cierto que un ambiente demasiado mecanizado deshumaniza a la propia persona. Ayuda a sentirse extraño y poco útil. La solución a este problema está en nuestras manos. Solamente tenemos que implicarnos en dar color y calor a nuestro espacio de trabajo. Mirar al compañero o compañera como a alguien (no como algo) y sonreír.

Yo, en mi trabajo como coordinador de seguridad y salud suelo hablar de la Tercera Ley de Newton, pero aplicada a las relaciones humanas. Es decir, la ley de Acción-Reacción. A toda fuerza de acción le sigue una fuerza de reacción. Si me presento por la mañana diciendo buenos días, es más fácil que reciba otro “buenos días” de respuesta, que si me presento pegando un grito, que es muy probable que reciba otro como reacción.

Una herramienta, un martillo, por ejemplo, es algo inútil sin la mano que lo mueve.

En definitiva. La tecnología es algo que ha estado unido al desarrollo humano desde sus inicios. No es una amenaza, sino que simplemente lo que la convierte en amenaza es la forma que tenemos de usarla. Estamos al comienzo de una nueva Re-evolución Laboral en la cual las máquinas inteligentes y cuasi autónomas jugarán un papel muy importante, y esta situación nos ha de llevar a plantearnos una evolución en nuestra forma de concebir el trabajo. Desde hace muchos años la fuerza animal no es la característica más importante en la producción de bienes,  eso lo hacen las máquinas. Lo importante es la creatividad y el valor de utilidad que lo damos las personas.

Nosotros, en Humanas creemos en las personas y pensamos que la tecnología, como creación humana es un valor añadido al ser humano. Uno de los aspectos claves de nuestro trabajo consiste en hacer sentirse a la persona como un valor único e imprescindible en el desarrollo de una labor que ha de ser tan útil a la empresa como a la sociedad.

Vidal Garrido. Filósofo y Responsable de RSE

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