Cuando hablamos del concepto de rentabilidad automáticamente concebimos una propuesta económica. Es un beneficio, que, expresado en términos relativos o porcentuales, nos demuestra que en nuestra inversión se ha producido una mejora que la ha incrementado. (Diccionario Económico Expansión). Así que una inversión es rentable cuando produce un beneficio, que normalmente reconocemos por un incremento del valor económico o, quizá mejor expresado, monetario, de la cantidad invertida. Si aportamos un valor de 100, esperamos recibir al menos 101.

Cuantificamos la rentabilidad de forma numérica, con datos positivistas, porque es la forma objetiva de comprobar que lo que se ha realizado ha funcionado de forma correcta. Por ello, muchas veces valoramos nuestros esfuerzos en función de la cantidad económica que nos reportan. Parece muy racional, pero no siempre nos movemos con estos conceptos tan matemáticos. Cuando jugamos a la lotería, por ejemplo, jugamos con la posibilidad, o mejor dicho la ilusión de conseguir un premio, sin tener en cuenta que las posibilidades de perder son evidentes. En mero cálculo de probabilidades, cuando jugamos a la lotería tenemos que perder un 45% de la inversión, ya que solo se destina el 55% a premios. Pero seguimos haciéndolo. Jugamos con la emoción en vez de con la razón.

Al menos tenemos salud

Curiosamente, cuando no nos toca la lotería, recurrimos a la manida frase de que al menos tenemos salud. Cuando la inversión que no es rentable por su escasa probabilidad nos falla, nos acordamos de la más segura, la salud. ¡¡Pobrecilla salud!!, que la tenemos olvidada porque no es un premio, sino un estado en el que somáticamente nos encontramos. La salud, según el diccionario de la RAE es el Estado en que el ser orgánico ejerce todas sus funciones. Es decir, el estado natural de la persona.

Como es nuestro estado habitual no lo damos demasiada importancia. Nos acordamos de él cuando nos falta. Aun así, todos sabemos que es nuestra mejor inversión. Como animales superiores sabemos que mantener nuestro cuerpo en buen estado nos permitirá vivir mejor, con mayor calidad y más tiempo. También podremos reservar fuerzas para momentos de debilidad o en que se necesite un sobre esfuerzo.

Por ello muchas veces invertimos en nuestra salud a nivel de alimentación buscando alimentos orgánicos o también superalimentos que nos ayudan a prevenir enfermedades o el envejecimiento, nos apuntamos al gimnasio o hacemos meditación.

¿Es compatible la vida laboral y la salud?

Es curioso, pero todo lo que he indicado afecta a la vida privada. Pero… ¿en nuestra vida laboral no tiene sentido cuidar nuestra salud? El ser humano es un ser unitario. Aunque tiene diversas facetas, tiene una única vida que ha de desarrollarse en todos los ambientes. Es importante cuidar la salud tanto en la vida privada como en la pública o en la laboral. Porque, como ya se ha indicado, la salud es un estado óptimo para el desarrollo de todas las funciones. No debemos olvidar que el trabajo es una función esencial del ser humano, tanto a nivel de supervivencia como a nivel de desarrollo y contribución a la sociedad. Estar sano a nivel personal también implica mantenerse sano a nivel laboral. Por ello es importante cuidar la salud en el ejercicio de nuestra profesión. Es una inversión que se realiza en el potencial humano que mueve a las empresas. Invertir en salud laboral es invertir en el “mantenimiento” de los equipos de trabajo más importantes de las empresas, las personas.

Volviendo al aspecto de la rentabilidad económica y comparándola con el ejemplo propuesto de la inversión en lotería, invertir en salud es rentable porque es invertir sobre seguro ya que es invertir en las personas, los trabajadores y los miembros de la organización, y que los permite realizar sus funciones de forma adecuada. Hay muchas formas de invertir en salud. Se pueden mejorar los sistemas de seguridad laboral, se puede estudiar la ergonomía de los puestos de trabajo, se puede incentivar la participación de los miembros del equipo en la toma de decisiones, se pueden realizar actividades que desarrollen la colaboración y empatía entre ellos. La imaginación humana es desbordante, así que no debo alargarme más en una lista de acciones, sino recalcar la idea de que una persona integrada social y afectivamente en un grupo y que además se encuentre en un estado de salud óptimo es mucho más productiva para el equipo. Realizando una burda comparación, una máquina que se encuentre en buen estado es más productiva y una persona que se encuentre sana realizará en mejores condiciones su labor.

Salud física y mental, elementos básicos para fluir

Citando a Csikszentmihalyi: “La felicidad es un estado de flujo” podemos decir que en este estado las ideas surgen y se desarrollan con más facilidad. En el trabajo, al tener unos objetivos y unos resultados consecuencia del esfuerzo invertido, es más fácil alcanzar dicho estado. Pero también necesitamos que nuestro ambiente laboral y personal nos lo favorezca. La salud física y mental es un elemento básico para fluir, para contribuir al desarrollo de nuestra labor. Es importante que a nivel de empresa se tenga esto en cuenta. Siempre es más valioso para la organización un trabajador implicado, creativo y apasionado de su trabajo que uno que se encuentre desmotivado, apático y enfermo.

Invertir en salud es invertir en futuro, porque es el “mantenimiento” de los equipos de trabajo más importantes que tienen las empresas: las personas que forman la organización y los equipos de trabajo.

Vidal Garrido. Responsable de Valores en Humanas Salud Organizacional

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