¿Es trabajar un castigo divino?. Hace unos días celebrábamos el día del trabajador, y nos preguntamos si consideramos, aún a día de hoy, trabajar como un castigo divino.

Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por comer del árbol del conocimiento. Vivían de fábula en el jardín del Edén sin tener que trabajar, pero esa manzana provocó el castigo de Dios, con la muerte, el dolor, la vergüenza y el trabajo. De ahí viene la frase ¡Ganarás el pan con el sudor de tu frente!…y desde ese día, para poder sobrevivir estamos castigados a trabajar…

Esta mentalidad que tenemos tan arraigada desde el principio de los tiempos no nos hace ningún bien. Si sentimos el trabajo como un castigo, los lugares de trabajo serán como una cárcel, las empresas ambientes opresivos y los compañeros de trabajo serán alguien a quién tenemos que soportar pero de los que no nos fiamos y menos “en las duchas”. Con esta visión del trabajo no llegamos a ninguna parte. Solo podemos conseguir vivir amargados ansiando la llegada de la jubilación, que no sabremos disfrutar, en primer lugar, porque no hemos aprendido a disfrutar de la vida anteriormente.

El trabajo no puede ser o sentirse como un castigo, porque no lo es. El trabajo es un bien personal y social. Tenemos que cambiar la mentalidad de origen judeo-cristiano que nos lleva a anhelar una vida que equipara ociosidad con felicidad, porque esa vida es simplemente una quimera.

El trabajo es una necesidad. Hasta las tribus de cazadores-recolectores tenían que salir a buscarse su alimento. A su manera tenían que trabajar. Hoy en día ya no hay que buscar la comida. Hay una gran especialización del trabajo, pero seguimos en la necesidad de conseguir los medios que nos permitan subsistir.

Hablamos de que existe el trabajo vocacional, el que se hace porque gusta, atrae y se siente que es un bien para toda la sociedad. Y es así como debemos sentir el trabajo. En el reparto de tareas siempre hay puestos más agradecidos y otros que aparentemente lo son menos, pero no por eso pierden importancia. Imagino que a nadie le gusta limpiar inodoros, pero es un trabajo necesario.

Realizar las tareas propias bien hechas es una satisfacción personal un orgullo por el trabajo bien hecho y que redunda en el conjunto. Las cosas bien hechas mejoran la sociedad. Desde un médico a un operario del aseo urbano. Desde un bombero a un mecánico de un taller.

Desde Humanas, Salud Organizacional, trabajamos por la creación de ambientes de trabajo saludables. Un punto primordial para esto es dignificar el trabajo, tanto por parte de los responsables de la empresa como por parte del propio trabajador. Asumir que el trabajo es una necesidad, pero no un castigo, nos permite dignificar a la persona que realiza sus tareas. Que se sienta orgullosa de lo que hace y que lo haga con la sana intención de mejorarse a sí mismo y contribuir a la mejora de sus semejantes.

La salud de la empresa comienza con la salud de las personas que las componen.

Vidal Garrido, Filósofo e ITOP

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