En este momento que te dispones a leer este artículo, te voy a pedir que te detengas un instante y pongas tu atención en tus mandíbulas… ¿lo estás haciendo? ¿Cómo están? ¿Las estás apretando? Si las has movido o has abierto ligeramente la boca para relajarlas, seguramente estés pensando: ¡Si, las estaba apretando!

Quizás sea la primera vez que te detienes a observar tus mandíbulas. Es muy probable que al igual que en ese detalle, nunca hayas puesto tu atención en el resto de tu cuerpo, ni en tu respiración. Si por el contrario eres de los que te detienes varias veces al día, para respirar conscientemente ¡enhorabuena!, vas por el buen camino.

La mayor parte de nuestro día, lo pasamos con el piloto automático puesto. Nos ponemos en modo “tengo que hacer” y siguiendo nuestra apretada agenda vamos acelerados queriendo cumplir todos los objetivos marcados, lidiando con los imprevistos, las interrupciones y nuestros propios pensamientos y emociones.

En el ámbito laboral esto se acentúa. Cualquier trabajo que tengamos, ya sea en una cadena de montaje realizando movimientos repetitivos a contrarreloj, en oficinas con trabajos administrativos, en departamentos de ingeniería desarrollando proyectos o en puestos de gerencia desbordado de reuniones, informes, llamadas e imprevistos, tendremos partes de nuestro cuerpo que estarán sometidos a mayor presión y que debemos vigilar y cuidar.

Parte de esa presión es debida a las características del propio puesto de trabajo, pero también viene provocada por la falta de autogestión y autoconocimiento de los pensamientos, las emociones y del propio cuerpo. Si no ponemos los medios para liberar esa tensión localizada en nuestro cuerpo acabará traduciéndose en estrés, ansiedad, dolores y enfermedades.

El dolor de cabeza con el que muchas personas terminan el día,  o el de espalda tras más de 8 horas sentado frente al ordenador, o de estómago por soportar un exceso de niveles de estrés o una inadecuada y rápida alimentación, son el resultado de no haberse detenido a lo largo del día para dedicar sólo unos pocos minutos a la realización de sencillos ejercicios, que sin necesidad de interrumpir prácticamente nuestro trabajo e incluso ni siquiera levantarnos de la silla, podrían haber evitado todas esas molestias y dolores que acaban con medicación para paliarlos.

Si eres de los que le duele la cabeza frecuentemente, pregúntate cómo han ido tus pensamientos a lo largo del día.

¿Qué beneficios tiene aprender a relajarse durante el trabajo?

A pesar de que durante la jornada laboral parece imposible sacar un hueco para relajarse, cada vez son más las empresas que están poniendo en práctica estas sabias pautas obteniendo muy buenos resultados entre sus trabajadores. Estos son algunos de los beneficios que tiene aprender a relajarse durante el trabajo:

  • Mejora la concentración y el rendimiento: Cuando estamos relajados, nuestra mente funciona mejor, es algo que todos hemos comprobado. Al contrario que en un estado de estrés continuado donde nuestro cerebro parece bloqueado, relajados nos concentramos mejor favoreciendo nuestro rendimiento.
  • Mejora la creatividad: La relajación y la respiración consciente favorece la conexión entre los dos hemisferios de nuestro cerebro. Es en ese estado de cerebro integrado con ambos hemisferios conectados, cuando surgen las mejores ideas y la creatividad coge fuerza.
  • Mejora la salud tanto física como mental: La ciencia confirma que la relajación, y la respiración consciente mejoran el sistema inmunológico, el cardiovascular y la salud en general. Sin olvidarnos que es una gran herramienta para gestionar las emociones, que en momentos de conflicto puede ser muy útil.

Para trabajar bien relájate primero

Algunos ejercicios sencillos que se pueden realizar en cualquier momento del día. Sólo se necesita la voluntad de querer hacerlo.

  • Respira profunda y conscientemente varias veces al día. La respiración es un acto reflejo inconsciente. Vivimos gracias a que respiramos, y sin embargo pocas veces al día ponemos atención a lo que nos da la vida: La respiración
  • Relaja tu cuerpo. Haz un repaso mental de tu cuerpo relajando todos tus músculos, incluyendo los de la cara. Lo puedes hacer sentado en tu oficina.
  • Relaja tu mente. Si eres de los que no paran de pensar, y tu puesto de trabajo además requiere de gran concentración y responsabilidad, es probable que tu mente eche humo al final del día. Además de las actividades como el deporte, pasear, escuchar música relajante, el yoga, la meditación, pintar que te ayudarán a desconectar… hay otras muy sencillas para relajar tu mente en tu trabajo: Entre los más sencillos y conocidos es poner la atención en la respiración, sintiendo cómo el aire entra y sale por la nariz. Otra opción es relajar los hombros y pensar que una cuerda tira de tu cabeza hacia arriba separándola de tus hombros.

Desde Humanas Salud Organizacional ayudamos a empresas a incorporar sencillas técnicas de relajación para mejorar la salud y el bienestar de los trabajadores, y con ello su rendimiento.

Y tú ¿Trabajas o te relajas?

Ana Madrazo. Transhumanist Consultant en Humanas Salud Organizacional

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