Hoy vamos a hablar de la persona como ser incompleto. Las personas, filosóficamente, somos unos seres singulares en este mundo.

Algunos pensadores nos han definido como incompletos, inacabados. No es porque nos falten habilidades, fuerzas u órganos en nuestra corporalidad, sino porque estamos siempre en búsqueda de algo mejor. No solemos encontrarnos satisfechos con lo que tenemos y tratamos de alcanzar algo más en nuestras vidas. El rico siempre quiere ser más rico y el sabio siempre quiere ser más sabio. Todo nos parece poco y siempre anhelamos más. Estamos incompletos psicológicamente y buscamos ese algo más que muchas veces no sabemos definir.

¿te acuerdas de los artículos que dedicamos a las emociones y las motivaciones? Ambas palabras tienen un origen similar. Su raíz es latina, el verbo emotio, emovere, que significa mover, trasladar. Desde lo más íntimo de nuestro ser tenemos esa tendencia a no quedarnos estancados en lo que somos, o peor aún, en lo que hemos sido. En la naturaleza humana está este impulso hacia querer más, SER MÁS. Esta es la definición de ser incompleto o insatisfecho que se realiza desde la filosofía para la persona.

Es más, incluso estando “parados”, estamos en movimiento. Tenemos proyectos, anhelos, ilusiones, planes para nuestra vida, nuestra familia, nuestras vacaciones, nuestro futuro, nuestros hijos, etc. Todas estas cosas son impulsos motivacionales que nos llevan a buscar algo mejor. Y nos empujan porque generan la esperanza de obtener una situación mejor. Aunque no todos tenemos la misma capacidad de reacción o de toma de decisiones, todos tenemos la esperanza de alcanzar un estado de mayor bienestar. Son nuestras aspiraciones particulares. Cuando éstas, en contacto con nuestros valores, se transforman en colectivas las llamamos UTOPÍAS.

La utopía como aspiración colectiva

Antes de nada, ¿qué es una Utopía? Etimológicamente, utopía significa sin lugar. Es decir, que no tiene un referente geográfico localizable. No es una palabra que surgiera porque sí. En realidad, la inventó el filósofo humanista Tomás Moro en el S.XVI para dar nombre a su estado ideal en su tratado de filosofía política llamado así.

Actualmente, ese significado geográfico o topológico se ha quedado corto, pasando a denominar una situación ideal que se propone como objetivo político, social o ambas cosas a la vez por ciertos grupos sociales. Esto nos viene a indicar que la utopía no es un ente unívoco. Cuando hablamos de utopía, no nos referimos a algo en concreto. Nos referimos a ese ideal social, que, aunque compartido con nuestros compañeros, tiene nuestros propios matices individuales.

Cuando hablamos de Utopía nos referimos a ese ideal social compartido con nuestros compañeros, que contiene nuestros propios matices individuales.

En el concepto de utopía enraízan profundamente nuestros valores. Esos valores humanos y sociales ayudan a dar sentido a nuestro devenir por la vida. Y como ellos, es intangible e inalcanzable y a la vez, una aspiración legítima. La utopía no tiene espacio ni lugar, pero sí tiene esperanza y esfuerzo por llegar a ella. Se dice que la felicidad no es el destino, sino que es camino. Y de la utopía se puede decir algo parecido. No sabemos si llegaremos a alcanzarla, pero solo con el hecho de habernos puesto en marcha ya estamos más cerca. Es un camino a “ningún lugar”, pero solo con intentar llegar ya estamos comenzando crearla, porque creemos en ella.

Hace unos meses, me encontré en un muro una pintada que decía: “Nuestra utopía, vuestra desgracia”. Esto me hizo reflexionar sobre las características principales que ha de tener una utopía. Como ya he indicado:

  • ha de ser ideal;
  • tener capacidad de movilización, de emoción y de motivación;
  • ha de tener presente los valores humanos;
  • y la característica más importante, ha de ser universal.

Un trabajo colectivo que nos motiva para mejorar la sociedad

Para que en una utopía algo sea bueno, ha de serlo tanto para mí como para los demás. La utopía es un trabajo colectivo que nos motiva para mejorar la sociedad en la que todos somos miembros. Yo creo en la utopía porque creo que me hace mejor a mí y a mis congéneres. Una utopía que solo valga para unos pocos, no lo es. Se transforma en una nueva forma de privilegio para un grupo.

El camino hacia la utopía nunca termina. Cada paso que damos nos acerca a ella y nos supone un nuevo reto a conseguir

El esfuerzo colectivo es el que nos acercará a ella. Teniendo en cuenta que el camino nunca se acaba. Todos somos seres humanos, y como tal, nos equivocamos, no somos perfectos ni omniscientes. Aprendemos con nuestros errores y con nuestros aciertos. No sabría decir cuál tiene más peso, puesto que un acierto nos muestra el camino del éxito y un error nos muestra precisamente cuál no lo es.

En la ruta de los valores sabemos que nunca llegaremos a la meta, puesto que cada vez que consigamos un logro, veremos que solo es un nuevo punto de partida para conseguir el siguiente. Y ello no nos tiene que desanimar, sino todo lo contrario. Es un trabajo colectivo. Es un trabajo que, al igual que en los versos de Machado, “se hace camino al andar”. A nosotros nos toca recorrer un trecho. Con este avance, las nuevas generaciones ya no tienen que partir de cero, de la misma forma que nosotros no lo hicimos. Gracias a las grandes personas que intentaron cumplir sus ideales en el pasado, nosotros hoy disfrutamos de sus logros. Y desde aquí nos toca tomar el relevo. Aunque parezca que a veces damos un paso hacia adelante y dos hacia atrás.

En Humanas tenemos un sueño. Tenemos una UTOPÍA, que es alcanzar unas relaciones laborales y empresariales más humanizadas y más personales. Trabajamos y nos esforzamos por ello. Porque, aunque tenemos en cuenta la imperfección del mundo en que vivimos y que lo que mejor hace el ser humano es equivocarse, pensamos que alcanzarlo es posible. Porque lo único imposible es lo que no se intenta.

Vidal Garrido. Filósofo y Responsable de RSE

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