El término alfabetización hace referencia al proceso mediante el cual una persona puede aprender a leer y a escribir, dos actividades o funciones que le permitirán comunicarse con el resto de los seres humanos a un nivel más profundo y abstracto.

Si a este término que todos conocemos añadimos la palabra “emocional” algunos entenderán de que hablo. Las emociones son realmente como las letras de una lengua. Algunas lenguas comparten entre ellas pocas o muchas letras. Otras no tienen letras, tienen ideogramas, pictogramas, sonidos, etc.

Dependiendo no solamente de la persona, sino también de la cultura, cambia la forma en la cual entendemos y expresamos las diferentes emociones que sentimos a lo largo del día. Si somos capaces de entendernos y de entender a los demás, viviremos las relaciones humanas con más serenidad, más calidad, más paz.

Las empresas son un lugar espectacular para hacer alfabetización emocional porque en poco tiempo se pueden alfabetizar todas las personas que trabajan allí y esta alfabetización equivale a un nuevo idioma compartido que hace que el clima laboral sea mucho más armonioso y baja drásticamente la probabilidad que se formen conflictos de difícil solución.

Un caso real de alfabetización emocional

Veamos cómo cambió el clima en una mediana empresa (poco más de 100 trabajadores) de Barcelona después que se implementaran buenas prácticas de educación emocional.

Amadeu es el gerente. Hace 22 años que trabaja en la empresa, los últimos de los cuales estuvo como vicedirector general. El mes de diciembre del 2017 fue oficialmente nombrado director general. Amadeu tiene unos 45 años de edad. Es una persona cordial, sensible, reflexiva, muy discreta.

Gemma es la directora administrativa. Ella también hace mucho tiempo que trabaja allí, unos 12 años, desde que tenía 30 años. Gemma es viuda desde hace un par de años. Tiene un hijo de 14 años. Ella es bastante seria. Cordial, sí, pero llega por la mañana, hace su trabajo y a las 18h se va. Comparte poco de su vida privada y lo poco que comparte es con las cuatro colaboradoras de su departamento.

Xavi es el director del personal desde hace un par de años. Es una persona de casi 50 años, muy cercana y cálida. Sabe escuchar y sabe llegar al corazón con las palabras y con las miradas. Él es la persona que llamó a Humanas Salud Organizacional para armonizar el clima en la empresa.

¿Por qué nos llamó Xavi? Porque a pesar de que la empresa fuese bien y de que no hubiese problemas ni conflictos activos, esos tres “pilares” en el organigrama no lograban tejer una relación de empatía entre ellos. Y como bien sabemos todos, los malhumores de arriba siempre caen sobre los de abajo. Así que el resultado final era un clima laboral atónico, flojo, sin entusiasmo, sin energía.

Desde afuera parecía que Xavi fuera el  frustrado pacificador de un malentendido antiguo (de los que dejan mal sabor y nada más) entre Amadeu y Gemma, algo que, en realidad, pude comprobar que nunca se había dado. Entonces, ¿qué es lo que faltaba en el engranaje para que todo el mecanismo funcionase a la perfección? Después de hablar con los tres, mi sensación fue que simplemente faltaba un poco de calidez humana, de calidez real.

Resultados entre los trabajadores

Desde Humanas propusimos entregar a todos los trabajadores una Alfabetización Emocional y, justo después, una prueba piloto de círculo de emociones. Este círculo de emociones (desarrollado sobre la base de los grupos de ayuda mutua) consiste en dedicar un tiempo y un espacio a la expresión y escucha activa de las emociones de los demás. Xavi preparó un mail para explicar el proyecto y se ofreció la posibilidad de participar a las primeras 17 personas voluntarias que contestaran al mail (el grupo era para 20 y 3 estaban ya apuntadas: Amadeu, Gemma y Xavi, por supuesto). Yo estaba de facilitador.

Salieron muchas emociones que buscaban un espacio para ser compartidas. Nada más, nada menos.

Amadeu soltó que a menudo se encerraba porque estaba tenso por temas de la empresa y tenía miedo a expresar esta tensión para no afectar a los demás.

Gemma habló de su marido, de lo duro que es continuar adelante, de sus proyectos familiares rotos, del hijo adolescente, de cuánto extrañaba un abrazo y unas palabras de confortación, siendo consciente de que no las recibía porque no compartía su dolor.

Xavi compartió su alegría y entusiasmo por verlos allí dando nombres a silencios que hacen daño. Compartió también su tristeza de estos dos años por no sentirse un buen profesional en la gestión de este tema pendiente.

Cada uno de los demás compañeros compartió algo. A pesar de ser la primera sesión, fue realmente emocionante ver cuántas ganas tenían los participantes de compartir su humanidad, no su profesionalidad.

Cada vez estoy más convencido de que ahora es el momento adecuado para hablar de temas humanos en las empresas que quieren ser más humanas. Hablar de amor, de miedo, de rabia, de sueños, de abrazos, de lágrimas y risas.

Alberto Simoncini – Gestión de las Emociones


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